Victoria
Kent
:: La primera abogada
que ejerció en España ::
En
el siglo XIX la ciudad de Málaga, considerada en esos momentos
la cuna de muchos movimientos liberales, ve nacer a Victoria Kent
Siano. Perteneciente a una familia de clase media y talante tanto
liberal como democrático despunta por su ascendencia inglesa
afincada en Andalucía.
Es curioso como
los inicios profesionales de Kent vienen subordinados al
hecho de...
A pesar del encanto y de la buena
vida llevada en la ciudad andaluza durante su niñez, Madrid sería su lugar de destino. En el año 1917, Victoria
marcha a la capital para seguir los estudios universitarios y
decide hospedarse en una residencia para señoritas donde
se intentaba crear un verdadero núcleo intelectual y cultural
y del que, además, se alardeaba que concentraba los más
selecto de los movimientos intelectuales y las más novedosas
ideas europeas por el Madrid de la época.
La gran dedicación de
Victoria fueron los estudios jurídicos llegándose
a doctorar por la Universidad Complutense en 1924; su ingreso
en el Colegio de Abogados de la Villa y Corte en diciembre
del mismo año la han hecho pasar a la Historia de España
como la primera mujer abogada que ejerció su profesión.
Es curioso como los inicios profesionales de Kent vienen subordinados
al hecho de la supresión de la Constitución y a
la falta de libertades civiles que determinaban la vida política
española. Para entonces era sobradamente conocida su reputación
como persona de talante liberal y demócrata, de avanzadas
ideas republicanas y socialistas. A pesar de vivir en el marco
político de la Dictadura del General Primo de Rivera (1923-1930),
es innegable documentar en el currículo de Victoria una
gran actividad y una exitosa carera profesional compaginada con
otras labores de corte social.
Una de las hazañas más
interesantes en la carrera de Victoria resultó ser la defensa,
ante el Tribunal de Guerra y Marina, del político Álvaro
de Albornoz, por su implicación en la intentona revolucionaria
del 15 de diciembre de 1930. De dicho proceso Victoria y su defendido
salieron, tras una brillante actuación de la letrada, indemnes
y con una sonada absolución que le obsequió con
una enorme popularidad.
La reputación adquirida tras su hazaña jurídica
en la defensa de un personaje tan prestigioso en la época
a la que nos referimos junto al compromiso social del que hacía
gala, además del hecho basado en que su alma era absolutamente
republicana y democrática; estos tres factores al unísono
hicieron que, como militante del Partido Radical Socialista, se
sumergiese en el vasto océano de la política nada
más notificarse la proclamación de la República
en abril de 1931. Tras la caída de Primo Rivera el despertar
de los demócratas y de los republicanos desembocaron en
sublevaciones en distintos puntos de la geografía española.
Con respecto al fervoroso interés
de Victoria por las cuestiones jurídicas femeninas tenemos
que oponernos a la opinión de muchos estudiosos sobre el
talante feminista de la abogada asegurando y, de hecho, apoyando
la teoría de que su postura "feminista" no fue
más que una respuesta completamente lógica ante
las condiciones jurídicas que vivían las mujeres
en dicho periodo histórico.
Debemos recordar que durante la Segunda República el abismo
que existía entre el ordenamiento jurídico y la
realidad social había crecido hasta límites insospechados
y, cada vez más, el sector femenino de la sociedad española
expresaba sus ansias por una modernización en distintos
aspectos paralelos a los sufridos en la sociedad española,
la concesión del derecho al voto a la mujer no sería
una consigna feminista como despectivamente se le atribuía
sino que más bien un reconocimiento de una derecho natural.
La propia Victoria Kent declaró
en multitud de ocasiones su descontento y el hecho de que ellas,
las mujeres españolas, no estaban dispuestas a asumir la
extrema situación jurídica de la mujer en la España de los años treinta. Los lemas se centraban en la necesaria
emancipación de la mujer y la conquista de la igualdad
civil sin discriminaciones de género. Pero este era un
problema entre otros muchos de igual calibre.
La propia Victoria
Kent declaró en multitud de ocasiones su descontento
y el hecho de que ellas, las...
La intensa labor de Victoria Kent
como abogada y como personaje de popularidad se centró
principalmente a través de su labor como diputada en el
Congreso, privilegio del que disfrutaban apenas tres mujeres.
El compromiso político que mantenía era secundado
por la creencia de la necesaria instrucción política
de la mujer antes de ejercer de forma consciente y libre este
derecho.
Con ese telón de fondo
la singladura política y parlamentaria de la señorita
Kent iría ampliándose y orientándose hacia
otros compromisos sociales tales comon la situación de
los presos aceptando el cargo de directora de Prisiones.
El estallido de la Guerra Civil
(1936-1939) truncaría tanto la vida de Victoria Kent como
la trayectoria llevada hasta el momento por los políticos
en pos de una democrática y modernizadora España.
Su nuevo destino sería París cuando, por orden del
gobierno republicano, asume las funciones de Secretaria de la
embajada de nuestro país en Francia. A las puertas del
estallido de la Segunda Guerra Mundial aún latía
en el corazón de Victoria todo el deseo por aquellos más
necesitados y, a pesar de tener la posibilidad de huir de la capital
francesa una vez iniciada la guerra, siguió con su incomparable
labor de acoger a los niños y niñas españolas
que abandonaban el país a medida que los ejércitos
sublevados ocupaban el territorio, y con la inmediata labor de
alojarlos en campos de refugiados.
La ocupación de París
por las tropas alemanas supuso para Victoria Kent el paso a la
clandestinidad al estar su nombre integrado en la famosa lista
negra entregada por la policía franquista al gobierno
colaboracionista de Vichy (la nueva capital de la Francia ocupada).
El exilio sería su vehículo hacia la libertad y
Méjico su refugio.
A pesar de encontrarse lejos de los suyos y de su país
continuaría con su profesión y, en 1949, la ONU
le ofrece la oportunidad de desempeñar un puesto en la
sección de Defensa Social, que estaba relacionado con el
estudio de cárceles de mujeres.
La ciudad de Nueva York sería
el último destino y escenario de su lucha por la justicia
y la igualdad.
El hecho de que, tras la Segunda Guerra Mundial, España
cayese en un estado de Dictadura bajo el pesado brazo del Generalísimo,
la mantuvo en el recuerdo de los españoles pero en 1977
cumplió su deseo de retornar, aunque de visita, a una nueva
España libre y democrática. A pesar de la bella
y tan añorada imagen que Victoria esperaba de esa nueva
España, nada ni nadie le hizo dejar aquel país norteamericano
que tantos amigos le había dado.
El día 25 de septiembre de 1987, a los 89 años de
edad, Victoria Kent nos decía de nuevo adiós.