El
dominio de los mares
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Exploraciones y descubrimientos
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El
dominio de los mares por el hombre ha ido afianzándose
desde la Antigüedad hasta nuestros días ante la constante
y pronunciada necesidad de muchos pueblos por sobrevivir.
Desde un principio, este medio
ha sido una fuente variada y rica en recursos para el ser humano
pero, con el paso del tiempo, el hombre ha aprendido a sacar partido
de ello y ha hecho del mar, además de un foco de producción,
una vía segura y rápida para el acarreo tanto de
mercancías como de gentes.
El inequívoco índice
de desarrollo y de poderío económico y político
que se ha derivado a partir del dominio del mar a lo largo de
la Historia, nos ayuda a reforzar nuestra afirmación sobre
la imperiosa necesidad e
importancia que da el hombre al mar en su propio beneficio.
Este
medio ha sido una fuente variada y rica en recursos para
el ser humano pero, con el paso del tiempo,...
Podemos documentar, fehacientemente,
que hubo una época en la que el control del mar significaba
también el control sobre la tierra; entonces eran tiempos
en que la talasocracia equivalía a la forma suprema del
poder. Pero es al final de la Edad Media cuando se produce el
comienzo de un sinfín de peripecias, de exploraciones,
de personajes asociados al Pacífico, de cambios tecnológicos
íntimamente relacionados con la navegación... cuando
nos encontramos con los primeros relatos sobre la existencia de
exóticas culturas en lugares remotos y también relacionadas
con el Mar.
Las primeras crónicas
nos hablan de centenares de expediciones, de infinidad de famosas
travesías por el limitado marco del Mediterráneo,
el mar del Norte y las zonas costeras del Atlántico (aunque
se conociese vagamente y de forma distorsionada la existencia
de África y el Lejano Oriente). Conscientes de estas deficiencias,
en el siglo XIII se fundan una serie de escuelas de geografía
y cartografía en ciudades como Génova, Venecia, Mallorca, Barcelona y Portugal donde se formarían navegantes
de tal renombre como los hermanos Vivaldi (genoveses) quienes
en 1291 demostraron la necesidad de algo más en esta acertada
instrucción, la de ingeniar los medios técnicos
requeridos para las navegaciones de riesgo que empezaban a sucederse.
Gracias al perfeccionamiento
de la navegación emprendida desde el siglo XII a partir
del empleo de artilugios ingeniados para la navegación
como la brújula y el astrolabio, de la construcción
de barcos más grandes y seguros como es el caso de las
carabelas y de las naos (naves mejor preparadas para las prolongadas
travesías y las condiciones de navegación en el
Atlántico), durante los 58 años transcurridos entre
1492 y 1550 los europeos llegaron a realizar aquella gigantesca
labor de descubrimiento, conquista y colonización del Nuevo
Mundo.
Los principales descubrimientos
tuvieron como foco de reunión la península hispánica
ya que fueron protagonizados por aventureros tanto portugueses
como españoles que, en el siglo XVI, izaron las velas de
sus navíos a través de recónditos y desconocidos
océanos esperando salir de la ignorada tres cuartas partes
de las tierras continentales de nuestro planeta.
Serían los portugueses
los primeros en lanzarse al Océano; tras sufragar el descubrimiento
de las Canarias en 1336, iniciaron una serie de exploraciones
que les permitió hallar las Madeira y Azores, pobladas
a partir de 1418 con gentes del Algarve. Entre otros descubrimientos
portugueses encontramos el del Cabo de Buena Esperanza en 1486
por el navegante Díaz, el de Vasco de Gama de Calicut en
la India en 1498 tras hacer escala en Sofala, Mobasa y Melinde.
Más tarde, bajo el gran virrey Alburquerque, los lusos
llegarían a Malaca y las islas de las Especias (1511).
Lo realmente impresionante es que en menos de 25 años se
constituyó el primer gran imperio colonial de la Europa moderna.
El gobierno de los
Reyes Católicos y la época imperial contextualizaron
los cuatro viajes realizados hacia el Nuevo Mundo
En esa fecha, los españoles
apenas poseían las Antillas pero el aislamiento de América del Viejo Mundo se rompería a fines del siglo XV cuando
el reino de Castilla, una vez conquistada Granada, decide patrocinar
la empresa del único hombre capaz de aunar motivación,
navío, arte de la navegación y entusiasmo de todo
un pueblo y de sus propios gobernantes como era el de Castilla: Cristóbal Colón. Posteriormente, y una vez hallado
el camino, los descubrimientos se irían sucediendo con
asombrosa rapidez con sus mismos navegantes, exploradores y conquistadores
(véase el ejemplo de Balboa); se descubre el mar del Sur
y demuestra la existencia de América, paso previo hacia
el notable viaje de circunnavegación mundial iniciado por
Magallanes y completado por Juan Sebastián Elcano, realizado
entre 1519 y 1522.
El gobierno de los Reyes Católicos
y la época imperial contextualizaron los cuatro viajes
realizados hacia el Nuevo Mundo. En tiempos de Isabel y Fernando
las empresas descubridoras portuguesas navegaban imperiosas por
encontrar el camino hacia la India por el sur y bordeando África;
mientras, el genovés Cristóbal Colón, y a
pesar de las dos premisas falsas sobre las que partió su
empresa (la creencia de que la Tierra era mucho más pequeña
y el desconocimiento de la existencia de un nuevo continente entre
Europa y Asia), dirigía todos sus esfuerzos por encontrar
dicha ruta pero por el oeste, así es como descubría,
sin sospecharlo, un nuevo continente: América.
Cuatro fueron los viajes realizados, en el primero (1492-1493)
Colón solo descubrió islas: las Bahamas, Cuba y
la Española (hoy Santo Domingo); en el segundo (1493-1496)
arribó a varias de las pequeñas Antillas; en el
tercero (1498-1500) vio las bocas del río Orinoco (Venezuela)
y llegó al continente sin saberlo y en el cuarto (1502-1504)
reconoció las costas de Colombia que dan al mar Caribe.
La competitividad entre las dos
naciones más poderosas en el mar (España y Portugal)
creó tratados basados en la repartición y el respeto
de los mismos como el Tratado de Alcaçobas-Toledo (por
el que los castellanos se quedaron con las Canarias y los portugueses
con el resto de África) o, tras la promulgación
por el Papa Alejandro VI de tres Bulas (Inter Caeteras) en 1.493,
el Tratado de Tordesillas por el que se establece que todas las
tierras descubiertas por Colón y las que posteriormente
se descubran de manos de navegantes españoles serán
para Castilla. Una segunda bula (II Inter Caeteras) modificará
el texto fijando una línea a 100 leguas al oeste de las
Azores y Cabo Verde que define el dominio marítimo y terrestre
de Castilla.
La fama alcanzó a los
distintos reinos europeos como franceses e ingleses quienes no
tardarían en sumarse a la empresa presentando al mundo
regiones como Brasil o algunas zonas del sur de la actual EEUU
como Florida.
Como curiosidad queremos destacar
el hecho de que desde muy pequeños y en las escuelas, los
libros de Historia se han empeñado en hacernos ver que
los hallazgos colombinos fueron los más importantes en
este periodo histórico de exploraciones y navegaciones
pero, siguiendo la tendencia revisionista, nos gustaría
comentar el hecho de que en realidad fueron más influyentes
en el curso de la Historia aquellos viajes denominados de "descubrimiento y rescate" , los cuales fueron efectuados a partir del consentimiento
de los propios Reyes Católicos tras abrir las Indias a
los particulares con el fin de descubrir y rescatar, valga la
redundancia, el comercio, los beneficios que auparían a
España al grado de primera potencia mundial. Para ello
fue necesario la concesión de las oportunas capitulaciones
en las que los monarcas indicaban a los comerciantes sus condiciones
para cada empresa.
Se ha dicho también que
estos viajes fueron así una empresa comercial de alto riesgo
y es que aquellos viajes que salieron en 1499 y 1500 y comandados
por famosos navegantes como eran Alonso de Ojeda, Vicente Yánez
Pinzón, Diego de Lepe, Cristóbal Guerra o el mismísimo
Américo Vespucio (siguiendo la ruta del tercer viaje colombino),
tenían como máximo objetivo el de recabar la mayor
cantidad de ganancias y así fue, aquellos descubrimientos
llegaron incluso a eclipsar las hazañas de Colón
negándole la satisfacción de que esas nuevas tierras
llevaran su nombre. Todos estos descubrimientos permitieron a
Juan de la Cosa realizar el primer mapa de América en el
verano del año 1500.