Los
riesgos de la banca online
:: ¿Está preparada
para su despegue final? ::
Durante
el año 2003, hasta 60 millones de europeos usaron la banca
online para gestionar sus ahorros, en contraste con los 23 millones
que hacían uso de este servicio en el año 2000.
Y, según Datamonitor, al ritmo actual de incremento de
más o menos el 37% anual, se alcanzarán los 84 millones
de usuarios hacia el 2007. ¿Se pueden sentir seguros? ¿Por
qué no termina de cuajar en España?
La
posibilidad de acceder al banco las 24 horas del día, desde
cualquier lugar, sumada a unas atractivas rentabilidades para
el abultamiento de nuestros ahorros, a cambio de lo que las entidades
"dejaban de gastar" en sucursales, parecía motivo
suficiente para que la banca online captara millones de clientes
y fuera un rotundo éxito en muy poco tiempo. Pero todo
ha ido más despacio de lo que se esperaba. Algunos datos,
sin embargo, se muestran prometedores. Durante 2002 prácticamente
uno de cada tres euros que se han confiado a una entidad bancaria
ha ido a parar a un banco virtual. En 1999 y después de
algunos meses de estudiar sus ventajas y desventajas, la Agencia
Tributaria introdujo como novedad la posibilidad de presentar
la declaración del IRPF a través de Internet. Ese
año, sólo 21.559 contribuyentes se embarcaron en
una aventura desconocida. El año pasado, con 1.151.697
declaraciones presentadas a través de la Red, el hecho
comienza a ser algo de lo más habitual. Esto es un síntoma
de buena salud, pero la teoría de que es más seguro
bajar al banco y hablar con el señor tras la ventanilla
que teclear los números de la VISA en un formulario web,
sigue arraigada en la mente de los españoles. Veamos algunos
de sus problemas:
Alguien
que mire por encima de nuestro hombro en un ciber-café
puede saber qué teclas estamos pulsando.
Una simple palabra o número
separa nuestro dinero de los demás, aunque suene un poco
extraño. Para tener acceso al manejo de nuestra cuenta,
normalmente tan sólo es necesario introducir un nombre
y una contraseña. Creo que todos sabemos lo débil
que resulta esta forma de proteger la información. Un ordenador
suficientemente potente, alcanza a probar millones de claves por
segundo hasta dar con la válida. Alguien que mire por encima
de nuestro hombro en un ciber-café puede saber qué
teclas estamos pulsando. Si hemos sido infectados por algún
virus con capacidad de registro de teclas, puede que todo lo que
escribamos en nuestro sistema se envíe remotamente a alguien
con no muy buenas intenciones.
Por sólo poner un ejemplo
de entre los cientos perpetrados en España, me centraré
en el timo que se ha cometido recientemente contra la entidad
bancaria BBVA. Durante todo Mayo de 2003, se intentó (y
nadie sabe cuántos picarían) cometer un fraude entre
los clientes del banco BBVA. Consistía en enviar indiscriminadamente
correos que simulaban proceder de BBVA en el que se les pedía
introducir sus contraseñas en el formulario de un servidor,
para poder acceder a ciertos servicios. La web donde introducían
las claves resultaba ser asombrosamente parecida a la original.
Aunque la técnica es bien sencilla, existen muchos clientes
que confían ciegamente en este tipo de avisos, y no les
supone ningún problema entregar sus datos personales a
cualquiera que declare pertenecer a cierta empresa de renombre.
En el correo que se enviaba, en una jerga formal, se instaba a
los usuarios a introducir sus datos en el servidor http://w3.grupobbvanet.com/
con el fin de poder disfrutar de los servicios de BBVAnet. La
página, en realidad, estaba alojada en uno de los miles
de sitios web que ofrecen espacio gratuito o de pago, y permite
la posesión de un subdominio, que en este caso, habían
aprovechado los estafadores para denominarlo "grupobbvanet",
en un intento de despiste y aparentar pertenecer a uno de los
servidores oficiales de BBVA que, por supuesto, nada tiene que
ver con ellos.
¿Y cómo asegurar
que hemos sido nosotros mismos los que hemos dado la orden al
banco? La firma electrónica es lo que puede acercarse más
a la solución ideal. El proyecto de ley de firma Electrónica
ya está, desde Junio de 2003 en el Parlamento. El texto,
impulsado por el Ministerio de Ciencia y Tecnología con
la colaboración de Administraciones Públicas, Economía,
Interior y Justicia, pretende la creación del DNI electrónico
y la firma digital para empresas de forma que gocen de la misma
validez que en el mundo real. El mundo digital plantea tantos
problemas, que la ley ha tenido que ser sometida a un concienzudo
estudio, y ha pasado por numerosos borradores. La firma electrónica
ya está funcionando en algunos ámbitos económicos,
como en la entrega de la declaración de la renta a través
de Internet.
Cuando
se navega con un modesto módem de 56k, visitar
páginas cifradas puede resultar un verdadero
suplicio, y la implantación generalizada de
banda ancha en España avanza con pasos cortos.
SSL (Secure Socket Layer) es el
estándar de comunicación web cifrada. Se basa en
criptografía de clave pública y para que sea efectivo
el servidor debe poseer un certificado en el que tu navegador
confíe. De ahí que te avise cada vez que accedes
por primera vez a una dirección con el protocolo https.
La "S" indica que está haciendo uso del SSL y
toda la comunicación viaja cifrada. Por ejemplo, hotmail
utiliza del protocolo durante la autenticación (cuando
nos pide contraseña y nombre) para que estos datos no viajen
en texto plano a través de la red. Pero esta comunicación
no es perfecta ni mucho menos: el ataque de "man in the middle"
(hombre en el medio) es una práctica común entre
los expertos ladrones de "teclado blanco". Consiste
en hacer creer a los ordenadores que deben comunicarse con el
suyo, en vez de con el sistema legítimo. Normalmente consiguen
hacerse con una máquina por la que pasan los datos, o simular
direcciones IP... etc. Una vez absorbido el tráfico hacen
uso de distintas técnicas para poder descifrarlo y conseguir
los datos.
Cuando se navega con un modesto
módem de 56k, visitar páginas cifradas puede resultar
un verdadero suplicio, y la implantación generalizada de
banda ancha en España avanza con pasos cortos. El
ADSL tiene un precio prohibitivo para muchos en estos momentos, y el
gobierno nunca aplica las rebajas que lleva prometiendo desde
hace meses. Muchos pueblos en las provincias ni siquiera tienen
la posibilidad de acceder a la tecnología asíncrona,
y la calidad de los proveedores deja mucho que desear. En la mayoría
de los casos, la instalación se demora durante meses, las
instrucciones son pobres, la velocidad que consiguen es irrisoria,
mientras prometen otras utópicas, marginan descaradamente
a las plataformas distintas a Windows....
Con este panorama... ¿quién
se atreve a confiar su dinero a los bits detrás de la pantalla?