Pequeña
historia de los virus
:: Llevan 20 años molestando
::
Hace
ahora veinte años, en Noviembre de 1983, Fred Cohen demostró
empíricamente lo que todos temían e intuían:
efectivamente, como muchos habían estudiado teóricamente,
se podía crear código que atacara a otros programas
modificándolos, y a la vez fuese capaz de auto-replicarse.
Cohen
presentó el código del experimento en su doctorado
para la Universidad del Sur de California y demostró al
mundo que este comportamiento era posible en un programa implementándolo
en una de las míticas máquinas Vax. El programa
creado podía hacerse con los derechos de los archivos del
sistema en menos de una hora, con un tiempo récord de cinco
minutos.
El hecho causó
tanto miedo que se prohibieron este tipo de prácticas,
pero la curiosidad y fascinación crecía en los nuevos
informáticos, que comenzaron a experimentar con nuevos
"programas" y los recién estrenados sistemas.
Nacían los primeros virus.
El primer virus que atacaba a
un PC (de IBM) fue Brain, y se transmitía, como no, en
disquetes de cinco cuartos. La finalidad en este caso no era la
de destruir nada, sino que la idea por la que nació este
primer virus masivo fue para espiar el posible software pirata
que sus creadores también comercializaban y pudiese permanecer
instalado en estos PC. Su popularidad y utilidad animó
a otros programadores, y estar infectado pasó a ser algo
relativamente normal.
La reciente popularidad del sistema
operativo MS-DOS y los primeros Windows impulsaron a los creadores
de virus a decantarse por esta plataforma como caldo de cultivo
para sus pequeñas criaturas. La facilidad para alojarse
en discos flexibles y ejecutarse silenciosamente en el entorno
DOS hizo que a principios de los noventa el número de virus
creciera considerablemente. Mientras, los medios de comunicación
se frotaban las manos, pensando que habían encontrado una
excusa perfecta para una de sus actividades favoritas: alarmar
a la población con verdades a medias. Eso ocurrió
con virus como Michelangelo o Viernes13, que llegaron a ser tremendamente
populares, entre los avisos catastróficos de los medios,
que los calificaban de poco menos que inteligencia artificial.
A mediados y finales de los noventa,
la Red se hacía popular, y la propia fama de virus anteriores
alentaba a muchos programadores a crear su propio virus que consiguiera
quince minutos de fama. Encontraron la oportunidad en los virus
de macro, que convivían aún con los de disquete
de toda la vida. Los virus de macro se aprovechaban de la inclusión
de código ejecutable en el omnipresente Office de Microsoft,
y la costumbre de compartir ficheros con otros usuarios hizo el
resto. En esa época, comenzaban a ser habituales los sistemas
antivirus, cuyas empresas crecían a pasos agigantados al
igual que la imaginación de sus enemigos.
En 1999, cuando Internet estalló
en el mundo entero, a alguien se le ocurrió Melissa, un
virus de macro que tenía la capacidad de tomar las direcciones
de correo del sistema y auto-reenviarse. Este simple sistema le
proporcionó una capacidad de propagación masiva,
y fue mimetizada a partir de entonces por todos y cada uno de
los virus posteriores. No contentos con esto, comenzaron a convertir
los sistemas infectados en proxies, ordenadores zombies para atacar
a otras web o a desactivar ciertos programas para pasar desapercibidos.
Lejos quedaban esas pequeñas bromas cuyo escenario eran
pantallas negras con brillantes caracteres, en las que una pelota
botaba, o las letras caían ante la sorpresa del infectado.
A principios de esta década,
ya hemos aprendido a convivir con ellos, y no falta el año
en el que al menos dos virus campan a sus anchas por todos los
sistemas Windows. I Love You (con el que también se cebaron
los medios), Slammer (de los más rápidos de la historia),
Klez (el más persistente de la historia, con casi un año
en el "top ten"), Blaster (el virus que demostró
la utilidad de los cortafuegos personales)... y así hasta
unos 65.000 que detecta hoy en día cualquier programa antivirus,
que se enfrentan cada vez a criaturas más rápidas
y potentes, con capacidades inimaginables hace tan sólo
tres años.
A modo ejemplo, el pasado año
2003 ha sido un año especialmente negro en lo que a infecciones
víricas se refiere. Según la casa anti-virus Kaspersky,
en 2003 se recogieron 9 incidencias graves de virus y 26 de menor
consideración. Este número es menor que en 2002,
donde hubo 12 incidencias mayores y 34 menores. Pero, aunque el
número de incidencias graves haya disminuido, su impacto
ha aumentado significativamente, los virus son más persistentes
y rápidos, lo que agrava ostensiblemente el coste de su
erradicación. Por ejemplo, 2 de las 9 incidencias de 2003,
han sido las mayores de la historia de Internet, y su éxito
radica en su nueva capacidad de expansión.
Estas dos "catástrofes",
producidas por Slammer en Enero y Blaster en Agosto, no utilizaban
el clásico sistema de propagación por correo electrónico.
Estos gusanos se esparcían a sí mismos a través
de paquetes por la redes, aprovechando vulnerabilidades en los
servicios de puertos de los sistemas Windows. Se instalaban en
uno de los servicios y comenzaba a reproducirse sin necesidad
de aprovechar problemas de seguridad del cliente de correo ni
que ninguna persona previsualizara o abriera nada. No requerían
de intervención humana, tan sólo de sistemas con
un puerto determinado en el que escuchara un servidor vulnerable.
Tampoco necesitaba instalarse en el disco duro infectado, tan
solo permanecía en memoria. Todo esto permitió su
rápida y endémica expansión por todo Internet.
De ahí que las clásicas medidas de prevención
fueran insuficientes o inútiles ante estos especímines,
con los que la única medida de prevención o antídoto
consiste en un cortafuegos personal que niegue el acceso a los
puertos problemáticos.
Los más activos del pasado
2003 han sido, por orden de porcentaje de infección de
correo electrónico: Sobig (18,25%), Klez (16,84%), Swen
(11,01%), Lentin (8,46%), Tanatos (2,72%), Avron (2,14%), Macro.Word97
(2,02%), Mimail (1,45%), Hybris (1,12%), Roron (1,01%)
Las tendencias futuras apuntan
hacia virus más sofisticados, que no necesiten de intervención
del usuario. Además, se observa la aparición de
virus que explotan las vulnerabilidades en tiempos cada vez más
cortos desde que se hacen públicos los fallos, y también
una mayor presencia de los llamados TrojanProxies, sistemas de
virus creados para enviar correo basura o redirigir peticiones
a servidores web.
En todo caso, y creo que al menos
durante veinte años más, los virus siempre nos reservarán
sorpresas inesperadas.