Phishing
:: La nueva moda de las estafas
por Internet ::
El
phishing (pronunciado "fishing", pesca) es la técnica
de moda que últimamente causa furor entre las mentes inquietas
y ávidas de dinero fácil.
Consiste
en enviar un correo (spam) aleatoriamente (en un principio, y
en estafas más elaboradas, a listas de clientes reales
de la empresa a la que se roba la identidad) a miles de usuarios
con la idea de pedirles por favor su nombre de usuario y contraseña
de un servicio concreto de Internet, ya sea bancos, o portales
de subastas. Sencillo, ¿verdad?
Muchos pensarán ¿Qué?
¿Pedir los datos? ¿Así de simple? Pues sí,
prácticamente. Se prepara un correo HTML, con algunas imágenes
"robadas" (botón derecho, salvar como...) de
la web de un banco y se envía un correo con las cabeceras
cambiadas (nada más sencillo... por ejemplo info@banco.es)
explicando que para adaptar los datos de sus clientes y ofrecer
un mejor servicio, se está realizando una confirmación
de la información relativa al usuario almacenada en sus
bases de datos, lo que requiere confirmación expresa del
cliente, que debe pulsar sobre un enlace e introducir en él
su nombre de usuario y contraseña. Opcionalmente su número
de la seguridad social y tarjeta de crédito. Todo esto
con un lenguaje más o menos correcto y unos bonitos colorines.
(Lo que habitualmente se llama, "web spoofing" pero
traducida al correo).
El enlace sobre el que pulsa el
confiado usuario, por supuesto, no es más que un servidor
web de los malvados estafadores, que quizás han alquilado
un dominio relativamente "parecido" a la firma a la
que pretenden suplantar, por ejemplo http://w3.grupobbvanet.com/.
Este ejemplo claro se dio en España durante todo Mayo de
2003, se intentó (y nadie sabe cuántos picarían)
cometer un fraude entre los clientes del banco BBVA. Consistía
en enviar indiscriminadamente correos que simulaban proceder de
BBVA en el que se les pedía introducir sus contraseñas
en el formulario de un servidor, para poder acceder a ciertos
servicios. La web donde introducían las claves resultaba
ser asombrosamente parecida a la original. La página, en
realidad, estaba alojada en uno de los miles de sitios web que
ofrecen espacio gratuito o de pago, y permite la posesión
de un subdominio, que en este caso, habían aprovechado
los estafadores para denominarlo "grupobbvanet", en
un intento de despiste y aparentar pertenecer a uno de los servidores
oficiales de BBVA que, por supuesto, nada tiene que ver con ellos.
En E.E.U.U., los clientes de Ebay, Halyfax, Lloyds, FirstUnion,
PayPal y muchos otros grandes han sido víctimas de este
tipo de engaños. Ya se sabe, la buena fe del Hombre (y
la Mujer), (y en especial los americano/as, pues son los que más
pican en estafas digitales) hacen posible todo este tipo de basura
cibernética. El caso del grupo BBVA ha sido de los pocos
detectados en España, pero se ha podido detectar la insistencia
de sus creadores, (enviaron varias "oleadas" de correos)
imitadores de una moda que en E.E.U.U. lleva ya años practicándose .
¿Y esto es rentable? Que
se lo pregunten a un tal kenneth (sólo un apodo), que con
22 años se jacta de haber estafado, junto a un compañero,
cientos de miles de dólares (decenas de millones de nuestras
-por siempre usadas para grandes cantidades- pesetas). Confesó
haberse "enganchado" a las estafas especializándose
en usuarios de eBay. Enviaba estos correos a unas 1000 personas
un día, afirmando que su cuenta iba a caducar, y necesitaba
confirmar los datos. Al siguiente obtenía unas 200 respuestas,
que se traducían en el nombre y contraseña de 200
usuarios reconocidos de eBay. Una vez podía hacerse pasar
por alguno de ellos, muchos reputados usuarios del servicio de
subastas, elegía a algún otro usuario enzarzado
en alguna interesante apuesta, y se dirigía a él
personalmente a través del sistema de mensajería
privada de eBay ofreciéndole un precio inigualable por
el mismo artículo por el que pujaba, pero sin los riesgos
propios de la subasta. Muchos, revisando los históricos
de la identidad robada que le ofrecía tal chollo, comprobaban
que hasta ahora, había mantenido una actitud irreprochable,
y no constaba que dejara sin pagar ningún artículo
adquirido. De esta manera, el tal kenneth ganaba la confianza
del estafado, e inventaba mil fórmulas para que pagara
por adelantado, a través de una transferencia bancaria
a la que nunca respondía. Si el incauto se resistía
a realizar grandes pagos a través de transferencia, kenneth
argumentaba rápidamente que, si quería más
seguridad, podía realizar el traspaso a través de
una agencia que ofrecía su servicio vía web. Así
engañaba una vez más a los pobres usuarios, que
insertaban su número de tarjeta de crédito en una
página "inventada" y "fabricada"
por el propio kenneth. En realidad, no era tan sencillo, grandes
dosis de ingeniería social eran necesarias para crear algún
tipo de complicidad con sus víctimas y hacerles picar el
anzuelo. Les hablaba del miedo a ser estafado él mismo,
se ofendía ante las acusaciones o sospechas de posible
estafa, trataba de dar la mayor pena posible, mostrándose
necesitado del dinero, desesperado por vender el producto anunciado
en eBay, con el fin de destinarlo a la mejor causa humanitaria
del mundo.
Y es que, cada vez menos, son
necesarias grandes dosis de conocimientos técnicos para
hacerse con una contraseña. Un poco de conocimientos de
HTML para construir un correo que se hace pasar por el de otra
empresa, un programa para enviar correos masivos que cambie las
cabeceras, y sobre todo, mucha jerga fatalista, o en cualquier
otro tono posible pero más que nada, creíble, es
lo único necesario para llevar a cabo este plan. Salir
de "pesca" en Internet, en busca de incautos a los
que no les importe en absoluto rellenar un par de cuadros de diálogo
con su contraseña, algo equivalente a declarar ante cualquier
desconocido nuestra clave personal.
Ya he indicado en muchos artículos
que la desconfianza es la base de la seguridad, y nunca se debe
proporcionar la clave o ningún otro dato confidencial a
nadie, ni por teléfono ni por Internet. Ninguna empresa
seria nos la pedirá, y en el caso de desastre o causa mayor,
nos la modificará y comunicará personalmente, pero
jamás nos pedirá que rellenemos un recuadro con
nuestros datos "para confirmar" o "para asegurar"
nada.
En espera de que a cualquier otro
desaprensivo en España se le ocurra suplantar la personalidad
de otra empresa, pues seguro volverá a ocurrir algo parecido
al caso BBVA, sólo nos queda mantener los ojos bien abiertos,
y no fiarnos de un par de imágenes o palabras técnicas
en un correo, que no garantizan en absoluto la autoría
del mismo.