Un
cortafuegos no da la felicidad
:: Su función en la cadena
de seguridad ::
Internet,
su uso y los programas que lo componen están cambiando.
Ya ningún webmaster puede sentirse
seguro instalando sólo un firewall que aísle sus
servidores del resto del mundo, así lo demuestran los nuevos
tipos de ataque de moda, imparables ante un simple cortafuegos.
Hasta hace no mucho tiempo, un
firewall era sinónimo de seguridad. Bloquear los puertos no usados de una máquina (función principal de los
cortafuegos) suponía un aislamiento capaz de servir para
la Internet aun minúscula y minoritaria. Pero las armas
se sofistican y se hacen más potentes, virus, ataques CGI denegación de servicio... no sólo de puertos vive
la máquina, y aunque muy necesarios, los cortafuegos deben
estar respaldados por otras herramientas que aseguren todos los
enlaces de la cadena de la seguridad. Hagamos un repaso a los
puntos débiles de esta tecnología de bloqueo.
Hace sólo unos meses los
cimientos de la Red se estremecían ante una intensísima
ofensiva perpetrada contra el corazón de Internet, los
principales servidores primarios de dominio se veían desbordados
por un ataque de denegación de servicio. ¿Acaso
ordenadores con una función tan valiosa no estaban suficientemente
protegidos? Sí y no. Los ataques de denegación de
servicio consisten en enviar peticiones TCP (el protocolo estrella
en Internet) de forma masiva hasta saturar a la víctima,
que intenta responder a los millones de peticiones por segundo
(incluso con la propia negación de petición, si
está programado para ello), hasta que acaba por ocupar
todos sus recursos y deja de cumplir su función. Si el
ataque está bien organizado, es casi imposible evitarlo,
pues se unen literalmente miles de máquinas programadas
para la embestida. Pocos programas pueden detener un ataque de
este tipo.
Si la función de un cortafuegos
es bloquear ciertos puertos "peligrosos", también
lo es mantener los necesarios abiertos. El puerto 80 (normalmente
el que aloja el protocolo HTTP) resulta una puerta ampliamente
abierta para todo el que quiera entrar en nuestro servidor web
y visitar nuestra página.
Hoy en día, las páginas sirven para algo más
que mostrar texto o fotos estáticas, somos capaces de interactuar
con ellas, mediante pequeños programas llamados CGI. Gracias
a estas aplicaciones, se pueden actualizar los datos en tiempo
real, personalizar los servicios según la entrada del usuario,
tener un libro de visitas, un foro... en definitiva, facilitar
la vida a todos nuestros visitantes. Desgraciadamente facilitar
puede dar pie el abuso... Se podría decir, que un ataque
a través del puerto 80 es como un pequeño hurto
en un restaurante cualquiera. El ladrón entra por la puerta
como cualquier otro cliente. Pero cuando nos damos cuenta, se
aprovecha de un despiste y se ha llevado algún cubierto,
se ha ido sin pagar, o, peor aún, ha entrado hasta la cocina.
Los ataques CGI no son detectables
por los cortafuegos, que tiene el deber y la obligación
de dejar pasar todo lo que vaya destinado al puerto 80 (HTTP),
sea con el mensaje que sea. De ahí, que en los últimos
años, con el mayor auge en la concienciación social
con respecto a la seguridad, hayan proliferado tanto el uso de
firewalls como los ataques por CGI. Es decir, en la medida que
se evitan ataques de todo tipo con cortafuegos, aumenta el ingenio,
los exploits y las vulnerabilidades capaces de romper un sistema
vía CGI. En absoluto un cortaguegos garantiza la seguridad,
pero en combinación con un buen detector de intrusos, la
capacidad de actuación exitosa ante un ataque puede ser
más que aceptable
Existe otro problema relacionado
con los cortafuegos que pueden inutilizarlos. En cada servicio
que se presta (web, correo, irc...) que necesariamente no bloquea
el firewall, interviene un programa que atiende y entiende las
conexiones remotas que le llegan. Desde el momento que en el que
las aplicaciones están realizadas por programadores, interviene
el factor humano, uno de los eslabones más débiles
en la cadena de seguridad. Muchas veces estos servicios se encuentran
mal configurados, o poseen bugs que los hacen vulnerables a exploits
que circulan por Internet, al alcance de cualquier pirata con
mínimos conocimientos de redes TCP. La inmensa mayoría
de los ataques, son debidos a este tipo de vulnerabilidades. Afortunadamente,
los programadores suelen ofrecer un rápido servicio de
parcheo o nuevas versiones que consiste en publicar la solución
a los problemas de seguridad a los pocos días de hacerse
público el problema. Durante esos días, el riesgo
se multiplica y se hace casi inevitable.
Casi toda persona que posee un
ordenador conoce de la existencia los virus, programas diseñados
para replicarse o provocar el caos del sistema. Seguro que hemos
visto cientos de alertas últimamente sobre virus que se
propagan por correo electrónico. Melissa, Love Letter,
Klez, MiMail, Blaster... son solo unos pocos de virus de correo
que han sido noticia. El correo es otro de los servicios a los
que debe dar vía libre un firewall, y suele ser la puerta
grande por donde les gusta entrar a los virus, ayudándose
de las malas costumbres de los usuarios medios.
Si se quiere mantener un sistema
libre de virus, un firewall no es la solución. Un programa
antivirus a nivel de servidor y cliente es una elección
obvia y básica. El servidor de correo debe comprobar los
correos entrantes y salientes, y, de por sí, supone una
solución más que aceptable. El antivirus en el cliente
(cada estación de trabajo) eliminará la entrada
de virus por otros medios (web, disquetes...) además de
reforzar la acción del servidor de correo. Si ya se tiene
uno, lo que se suele olvidar es la necesidad constante de puesta
al día y de tenerlo absolutamente actualizado con la última
información disponible.
Un firewall es una herramienta
más en la cadena de la seguridad, no debe ser tomada como
única, ni obviarla, forma parte de un todo, donde cada
elemento tiene su función. Por eso, nadie debe conformarse
sólo con ella, pues estaría invitando a los piratas
a conocer más profundamente sus sistemas.