Internet,
su uso y los programas que lo componen están cambiando.
Ya ningún webmaster puede sentirse
seguro instalando sólo un firewall que aísle sus
servidores del resto del mundo, así lo demuestran los nuevos
tipos de ataque de moda, imparables ante un simple cortafuegos.
Sobre
los hackers se ha hablado mucho, y no seré yo quien siga
alimentando lo que, en la mayoría de las ocasiones, no
son más que delirios de grandeza de personas normales (a
los que los medios llaman hackers o incluso ciber-terroristas,
según convenga) o vacíos en los guiones de muchos
programas o páginas sensacionalistas, que necesitan llamar
la atención con algún reportaje, y si no, se inventa
la noticia, que de imaginación no andan escasos.
Pero un verdadero
hacker no es lo que a todos nos han incrustado en la cabeza gracias
a películas y noticias más fantásticas que
reales. Un hacker es una persona que sabe mucho sobre informática
y redes y lleva ese conocimiento al límite. Ya está,
así de sencillo. Y, si se les tiene en cuenta, pueden ser
de gran ayuda para todo entendido en la materia, simplemente porque
saben, y como personas instruidas, con ideas, con ganas de superarse,
se puede aprender mucho de ellos.
Lo ideal sería
que webmasters o administradores de redes en general, colaboraran
mano a mano con los hackers. Unos administrando, que es su trabajo,
y otros investigando, llevando más allá sus conocimientos,
probándose a sí mismos y a los sistemas una y otra
vez hasta encontrar el límite donde una comunicación
deja de ser segura, para convertirse en agujero de seguridad.
Los hackers
pueden considerarse un gremio, pero está demasiado inflado
por los medios de comunicación. Y es que en el gremio no
se deben incluir los script-kiddies, que son niñatos sin
demasiados conocimientos, que se introducen en el tema de la seguridad
y piensan que copiando un código encontrado en cualquier
página mediocre y aplicándolo contra un servidor,
ya saben lo que están haciendo. Pocos saben que los códigos
que se hacen públicos en la mayoría de las ocasiones
han sido modificados para que sólo los verdaderos expertos
puedan hacer uso de él, y en el caso de que funcionen,
estos chicos no habrán aprendido nada de nada, pues mimetizando
comportamientos no se aporta nada nuevo para la comunidad. También
se suele incluir a los lammers, que creen saber mucho, pero en
realidad sus "víctimas" no son más que
simples usuarios de sistemas domésticos, a los que resulta
demasiado fácil engañar, y no tiene sentido, sino
es para darles una lección y hacerles actualizar sus sistemas.
Los hackers de sombrero negro (blackhat) también se suelen
meter en el saco, pero estos sí se asemejan más
a la imagen de hacker, sólo que usan sus conocimientos
para "hacer el mal".
La realidad
del hacker está muy alejada de las fantasías populares.
El New hacker's Dictionary (Nuevo diccionario del hacker, una
compilación de las palabras usadas por ellos, a cargo de
Eric Raymond) los describe como inteligentes, intensos, abstraídos
e intelectualmente abiertos. Se interesan en cualquier sujeto
que les pueda proporcionar estimulación mental y es común
que tengan una afición extrema al hacking, en lo que se
desenvuelven con soltura. Les encanta el control pero no en forma
autoritaria sino sobre cosas complicadas, como los ordenadores
o las telecomunicaciones. Se apasionan por lograr que esas máquinas
sean instrumentos de lo interesante, siempre y cuando se trate
de sus propias ideas y no de una orden de alguien. No les gustan
las pequeñas tareas diarias que llevan a mantener una existencia
normal; por ello, si bien son ordenados en sus vidas intelectuales,
son caóticos en el resto. Prefieren el desafío del
conocimiento a una recompensa monetaria por un trabajo. Al final,
los más inteligentes deciden montar sus propias empresas
o son contratados por otras que pretenden aprovechar sus conocimientos.
Y no digo "reeducarlos" por el buen camino, pues los
mejores, repito, no tienen por qué haber dedicado sus conocimientos
a hacer el mal.
El hacker
ideal debe colaborar con los administradores. Si estos últimos
ya se ven lo suficientemente agobiados por las tareas diarias
de mantenimiento, pocos pueden disfrutar de unos minutos de reflexión
sobre las políticas de seguridad que aplica a sus herramientas
de trabajo, por lo que , muy probablemente, esté poniendo
en riesgo la información privada de la empresa u organización
a su cargo. Los hackers que investigan, deben ponerse en contacto
con la empresa afectada del problema si logran descubrir algún
fallo, de forma anónima, y avisar de la gravedad del conflicto
manteniéndolo en secreto hasta que no se haya dado un comunicado
oficial de la propia empresa que indique se ha solucionado, y
el propio hacker sea capaz de comprobarlo. Como premisa imprescindible,
aclarar que cualquier prueba sobre cualquier sistema debe realizarse
con el consentimiento expreso del dueño o responsable de
la misma, porque si no, se puede considerar delito.
Bajo ningún
concepto se debe ir "por ahí" intentando explotar
vulnerabilidades ni aprovechándose de datos obtenidos de
forma fraudulenta. Esta no es la actitud del verdadero hacker.
Si se quiere experimentar, se hace con sistemas propios, siempre,
no hay excusa. Lo ideal es montar una pequeña red en casa
que se puede usar de banco de pruebas, en el que se instale el
software que se quiere probar y se acceda a él a través
de otro ordenador. Así se debe trabajar, de manera que
por un lado se aprenda a descubrir fallos de seguridad y por otro
a configurar y resolverlos de forma eficaz y rápida. Cuando
se conozca el terreno, si se tiene el consentimiento, se puede
intentar descubrir los fallos en los servidores corporativos,
siempre, repito, bajo el consentimiento de los responsables.
Son
muchos los motivos por los que la palabra hacker ha ido desvirtuando
su significado hasta convertirse en lo que hoy en día la
gran masa tiene en mente cuando oye tal término. Desde
el grasiento e inofensivo adolescente obsesionado por los ordenadores,
monotemático en su trato, asocial y retraído, que
pasa horas mirando una pantalla en la que incomprensiblemente
sólo salen caracteres ASCII (nada de gráficos) a
través de gruesas gafas de pasta negra, debidamente parcheadas
hasta el renovado y peligroso "terrorista cibernético",
la palabra ha sido adoptada de mil maneras por cada persona que
la ha querido usar. Pero, su definición primigenia está
ahí, para todo el que mantenga una pizca de curiosidad
y no le guste etiquetar a las personas sin saber de qué
está hablando realmente.