Con
este simpático título se lanzaba en el año
1964 uno de los numerosos manuales de correo tan frecuentes en la
época. El texto íntegro que sirve de reclamo en la
cubierta es el siguiente:
"Secretario de los amantes. Novísimo correo de amor.
Cartas irresistibles. Felicitaciones para postales. Dedicatorias
para retratos, etc.…"
Se
trata de la séptima edición - la primera fue
publicada en 1952 – lo que demuestra que la venta de
este tipo de...
Se
trata de la séptima edición - la primera fue publicada
en 1952 – lo que demuestra que la venta de este tipo de
manuales era prolífera y que numerosos enamorados recurrían
a los modelos de cartas de amor.
En este caso se trata de una obra presentada por la editorial
Cisne que, no solo publicó modelos para enamorados, sino
que en su colección de Manuales también los había
"Para dedicatorias en general", "Modelos de esquelas"
o "Tratamientos de cortesía" entre otros.
No era esta la única editorial-librería que seguía
publicando estos manuales que, podríamos decir, se remontan
al siglo XIX. Eran tan frecuentes y variados como las necesidades
sociales: invitaciones a bodas, avisos de nacimientos, felicitaciones,
recomendaciones, pésames, ofertas y demandas, solicitudes
de empleo, peticiones de dinero, agradecimientos, cartas de sociedad,
de despedida… Este tipo de publicaciones tienen un gran
valor histórico ya que nos dicen mucho de la sociedad del
momento, su tipo de vida, relaciones sociales y personales, la
situación del país incluso. El hecho de que se necesitasen
modelos para redactar, por ejemplo, una solicitud de empleo quería
decir que quien la iba redactar no tenía la menor idea
de cómo expresarse por escrito o que pensaba que su forma
de hacerlo no era correcta, en resumen: el nivel cultural de la
sociedad era mucho más bajo del que disfrutamos hoy. No
quiere esto decir que no haya que cubrir necesidades de alfabetización
en nuestro siglo pero el número de personas carente de
una educación básica es mucho menor.
También nos hablan estas obras del
protocolo del momento, de la excesiva cortesía con que
se establecían las relaciones. Ya en plena década
de los 60 el contraste entre España y otros países
europeos o Estados Unidos era bastante acentuado. No parecía
que se tratase del mismo país que dio a luz a la Generación
del 27, o en el que las revistas literarias proliferaban a principios
de siglo constantemente. El peso de la dictadura y la represión
hacía de nuestros mayores monigotes de expresiones arcaicas,
anticuadas.
En el caso de las relaciones amorosas la situación podía
llegar incluso a ser cómica. En el manual se incluían
secciones como: Contestaciones aceptando o negando una invitación,
Rompimiento de relaciones, Celos, Excusas y reconciliación,
Pensamientos para postales, Versos para postales. Todo esto hace
pensar, además de la información que tengamos de
nuestros abuelos o padres, que desde el momento en que dos personas
se sentían atraídas hasta que iniciaban una relación
podían pasar meses e, incluso, años y nada que decir
hasta que se daban el primer beso (esto hablando en general porque
siempre los hubo muy despiertos).
Los
consejos que se dan por su autora, Angelita Cuenca, para redactar
las cartas son, por ejemplo: "La mujer debe escribir con
cuidado tal, que una amiga envidiosa o un pretendiente despechado
no pueda perjudicarla exhibiendo una carta suya" o "¡Tened
cuidado muchachas! Una palabra imprudente puede constituir la
desgracia de una mujer ¡Cuidado con la pluma muchachas!"
Pero lo más importante es: "Nunca deben copiarse
textualmente estas cartas. Conviene alterar una palabra aquí,
una frase allá."
En
el manual se incluían secciones como: Contestaciones
aceptando o negando una invitación, Rompimiento de
relaciones, Celos, Excusas...
A
lo largo del libro modelos de cartas y secciones según
para los que estén destinadas se suceden a lo largo de
64 páginas en las que encabezamientos y contenidos se combinan
según vayan a ser utilizados por un hombre o por una mujer.
En la sección dedicada a los celos:
"Melchor:
Eres un infame, un hipócrita.
He visto dos de tus cartas a Maruja, en las que tan fogoso enamorado
te muestras. Pero no creas que me disgusté al comprobar
que mis sospechas estaban bien fundadas…
Ya se quien eres, por lo tanto, hemos terminado."
En los Consejos Utiles la autora
advertía que los modelos se habían escrito de tal
manera que el orden de los párrafos pudiera ser alterado
y, por supuesto, dependiendo del grado de enfado del enamorado,
hay otras opciones:
"Mi adorable Mercedes:
Soy un cobarde por escribirte después de tu indigno proceder
de anoche. Tus sonrisas provocadoras dirigidas a aquel mamarracho
no te las puedo perdonar.
Eres una coqueta…Adiós para siempre."
Pero las secciones más
delicadas son, sin duda, aquellas que están dedicadas a
relaciones "algo" fuera de lo normal: cartas dirigidas
de un viudo a una jovencita, de un hombre de mediana edad a una
jovencita, de un joven a una viuda o de un viudo a una viuda.
En este caso, nuestra autora utiliza todo el tacto y la delicadeza
que están en sus manos. En este caso es un "pretendiente"
el que se dirige a una joven viuda:
"Adorable Paquita:
A raíz de la dolorosa pérdida que te ha afligido,
las conveniencias sociales me imponían el deber de respetar
tu dolor; pero hoy, pagado a la memoria de tu esposo el debido
tributo, me aventuro a hacer la confesión, diferida hasta
hoy…
Te quiero con toda mi alma y encontrarás en mi un marido
afectuoso y un apoyo en todo momento…
Aguardo con angustia la respuesta que me ha de hacer feliz o infeliz."
Otra es la propuesta para que
un viudo confiese su amor a una viuda:
"Amiga Pilarín:
Quizá te parezca extraña esta declaración
de amor que desde hace tiempo llevo en mi pecho y es causa de
la amargura de muchas de mis horas… El dolor nos ha visitado
a la vez y el dolor nos ha unido también. Tu pesar y el
mío han marcado en nuestro camino una huella análoga…Esperando
que meditarás mis palabras y mi pretensión tendrá
una acogida favorable..."
Parece increíble que textos
tan adorables y entrañables fuesen utilizados, hace a penas
unas décadas, para entablar unas relaciones que podrían
llegar a significar toda una vida juntos. Tan lejos de la forma
natural y espontánea con que hoy se suceden las parejas,
divorcios, reconciliaciones o despedidas. También está
el hecho de que hoy lo hacemos todo con el móvil y, ni
por asombro, recurrimos a una carta de amor y, en muy contados
casos a las postales. También hay en la obra propuestas
para estos casos. Se trata de versos que, como mínimo,
pueden calificarse de cúrsiles:
"Eres la linda flor
que perfuma el sombrío jardín de mi vida. ¿Cuándo
podré aspirar la exquisita fragancia de esa flor?" "¡Ay lucero! yo te vi/resplandecer en mi frente/cuando
palpitar sentí/mi corazón dulcemente/con amante
frenesí"
Estas y otras delicias editoriales
son frecuentes en las librerías de libro viejo.