Jorge
Luis Borges
::
y la exhumación de su voluntad ::
La
obra del genial e inolvidable Borges es motivo de análisis,
y lo será por mucho tiempo, debido a su originalidad, relevancia
literaria e histórica, vasta extensión y complejidad,
su genialidad. Cuando todo analista o crítico que se precie
estudia en profundidad a un autor suele escarbar en sus raíces
para llegar a la cima.
En el caso de Borges nos encontramos
con un obstáculo tan sencillo como insalvable: Borges detestaba
sus primeros ensayos y prohibió encarecidamente que fuesen
reeditados. Inquisiciones (1925), El
tamaño de mi esperanza (1926) y El
idioma de los argentinos (1929).
Entre 1993 y 1994 estos textos salieron de nuevo a la luz pública
de la mano de Emecé a modo de homenaje con motivo del aniversario
de la muerte del autor. ¿Homenaje?
Un año después, su íntimo amigo y colaborador,
Adolfo Bioy Casares era entrevistado para Lateral y la respuesta
ante la inevitable pregunta sobre su opinión al respecto
fue tan radicalista como sincera: lo único que se iba a
conseguir es que los lectores forjasen una idea errónea
de Borges, al menos aquellos lectores que conocían poco
su obra. Si alguien decidiese iniciarse con la lectura de Inquisiciones absorbería las ideas de
un escritor joven, inmaduro. La concepción literaria y
la estética de un Borges ya maduro nada tenía que
ver con esta exaltación nacionalista de los primeros años.
Y añadía:
Borges detestaba sus primeros ensayos
y prohibió encarecidamente que fuesen reeditados.
"Me dicen que es un homenaje
a Borges, pero no se que clase de homenaje puede ser editar un
libro que él siempre detestó y que siempre prohibió
publicar por considerarlo mala literatura".
Lo que, quizá, detestaba más Bioy de estos textos
es que son deliberadamente literarios y esto es, precisamente,
de lo que Borges siempre trató de huir. Puede tomarse esta
como una de las claves para entender que un autor de la maestría
y genialidad de Borges no quisiera que sus primeros acercamientos
al ensayo y las letras fuesen tomados en serio ni tenidos en cuenta
(no actúa sin embargo del mismo modo con sus obras de poesía
de estos años). En estos ensayos no nos encontramos con
aquel genio capaz de reunir en un solo relato ideas tan difíciles
de conceptuar como el tiempo, el destino, la muerte o los sueños
y, no sólo reunirlos, sino más bien ensayarlos.
Esto se llevaba a cabo con un lenguaje tan personalista como accesible,
tan suavemente literario como sentencioso.
Ese Borges no está en Inquisiciones. Aquellos textos estaban
impregnados de un nacionalismo dado en llamar "criollista"
que surgió en Borges y otros autores como respuesta al
relativo fracaso del proyecto liberal. El joven autor, acabado
de llegar de Europa, embutido de las Vanguardias, debe enfrentarse
a una Argentina algo decepcionada, cansada de las exportaciones
extranjeras y necesitada de un regreso a las raíces más
profundas. Rojas, Lugones o Galves aceptan el reto de devolver
a la nación aquella identidad perdida y lo encuentran en
la Pampa, en la expresión puramente argentina.
En el ensayo El idioma de los argentinos se
defiende la expresión propia de aquella tierra, no el coloquialismo
de argot ni la importación europea sino "el idioma
de nuestra pasión, el de la conversada amistad".
En El tamaño de mi esperanza define
lo criollo no como una herencia racial sino como una actitud personal.
Con Inquisiciones - el más odiado
por su autor- se ofrecen lecturas inquisitorias españolas
(Quevedo, Cansinos-Assens, Unamuno), reseñas sobre sus
contemporáneos, un primer acercamiento a Joyce y reflexiones
metafísicas. Pero, hay un apartado criollista que, para
algunos críticos como Carlos Dámaso Martínez,
pudo ser el desdeñado. Aquí se exalta la obra de
autores contemporáneos de aquel momento como Ipuche y Silva
Valdés, los más representativos del llamado "nativismo"
americanista que se desarrolló en aquellos años
en el continente. Desde el punto de vista crítico estos
textos son de una gran importancia porque ofrecen un material
decisivo para el estudio de aquel período. Desde el punto
de vista literario habla un Borges exaltado en exceso, pasional,
fervoroso.
Críticos
defienden la idea de que para entender ese concepto universalista,
ese modo de expresión tan propiamente borgeano hay
que descubrir su primera obra.
Otro tipo de lectura, y la que ha llevado Inquisiciones a toda clase
o conferencia sobre literatura borgeana, es aquella que considera este
libro como fundamental en la obra del río platense. Para
analizar en profundidad la obra, la progresión y trayectoria
de un autor hay que adentrarse en sus raíces, conocer sus
orígenes para así tener una visión global.
Ana Gargatagli y otros críticos
defienden la idea de que para entender ese concepto universalista,
ese modo de expresión tan propiamente borgeano hay que
descubrir su primera obra.
Para Gargatagli "el orden y el sentido son vislumbres
de un escritor convencido de que la belleza de una frase o de
una idea está en cualquier lugar y es traducible a cualquier
idioma". Es decir, la concepción universalista
antes mencionada está presente ya en Inquisiciones y se refiere a una visión externa de las letras de todos
los tiempos en todos los países. Para Borges los modernos
modelos de escritura no son más que reproducciones del
pasado. Las letras, al igual que otros aspectos de la vida, son
cíclicas, innovamos para reiterar una idea creada hace
siglos. Esta concepción empieza a tomar forma ya en Inquisiciones donde una amalgama de escritores de distintas épocas y
nacionalidades son mezclados en coctelera, interrelacionados sin
la más mínima compasión por la teoría
literaria: Oliverio Girando, Lucrecio, Jehudá ha Leví,
Unamuno, Robert Burton…
Borges mantuvo esta idea durante
toda su vida y nunca renunció a algo que le resultaba vital
para su obra porque este era el objetivo último, reunir
en sus textos toda la literatura de todos los tiempos. Con los
años se disfraza, se perfila o retoca la idea pero nunca
desaparece.
Es incuestionable este aspecto de la obra del río platense
y es cierto que Inquisiciones pueda
ser un texto necesario para el estudio crítico pero, si
este concepto permaneció inalterable, como puede comprobarse
en otras obras de una mayor perfección técnica y
un barroquismo menos marcado, ¿por qué hay que volver
reiterativamente a Inquisiciones?
Quizá sea necesaria una reconsideración acerca
de la utilización de esta obra. Quizá haya que hacer
una preparación previa a su lectura y acercarse a Inquisiciones con una idea clara: no merecía la aprobación de
su autor porque no cuenta con la riqueza y maduración que
alcanzaría en obras posteriores, es un texto que forma
parte de su evolución artística y cuna de experimentación
de modelos futuros. No es el Borges que haría de las letras
universales un solo modelo y aquellas palabras fueron escritas
en momentos de exaltación nacional. Con esta objetividad
como enfoque para la lectura, El tamaño de
mi esperanza, El idioma de los argentinos
e Inquisiciones serán
entendidas en el contexto que fueron escritos, nada más.