José
Zorrilla (1817-1893) ha sido considerado como el mejor dramaturgo
del Romanticismo Español. El nombre de este autor ha sido,
muy a menudo, sinónimo de su gran obra: Don Juan Tenorio.
Aunque
durante la vida del escritor, el drama no obtuvo el éxito
que su artífice mereciera, después de su muerte,
el Don Juan de Zorrilla ha sido elevado hasta la más alta
cima del éxito, siendo internacionalmente conocida, generación
tras generación. Existe en España, y en otros países
como México, la tradición de representar esta magnífica
obra teatral el día de Todos los Santos. Sobretodo debido
a la parte espiritual de esta pieza literaria y por el universal
y misterioso tema que toca, la muerte, entre otros.
¿No
es verdad ángel de amor, que en esta apartada orilla,
más pura la luna brilla y se respira mejor?
Si
es que existe alguna obra completamente original, sin menospreciar
en absoluto la indudable calidad literaria de Don Juan Tenorio,
éste no es el caso. Así, encontramos varios precedentes,
magníficos todos ellos, tanto por su similitud con la pieza
que estudiamos, como por su peculiaridad. Por un lado, auténticos
genios artísticos como Mozart, Molière y Byron,
utilizaron ya el personaje de Don Juan en algunas de sus obras.
Por otro lado, en El Burlador de Sevilla, Tirso de Molina, en
1630, se sirve ya del carisma indiscutible de este protagonista.
Podemos
preguntarnos, pues, qué es lo que tiene de interesante
esta figura del Don Juan para haber atraído la atención
de tantos autores. Podemos preguntárnoslo también
por la fama mundial que ha adquirido el personaje, sobretodo a
través de la genial obra del escritor español. Pues
bien, la figura del Don Juan de Zorrilla resulta irresistiblemente
atractiva por varias razones. Se trata de un personaje fresco,
rebelde, seductor. Es el reflejo de la libertad pura frente a
las ataduras que pueden suponer las normas sociales. Los siguientes
versos son ejemplo de ello: "por dondequiera que fui, la
razón atropellé, la virtud escarnecí, a la
justicia burlé y a las mujeres vendí". Ante
estas palabras algunos se pueden preguntar: ¿cómo
va a resultar atractivo un tipo que todo aborrece, que de todo
huye? Pues bien, el quid de la obra y lo más romántico
de todo es que este hombre, que está acostumbrado a jugar
con las mujeres y a tenerlas a su antojo, un buen día se
enamora. ¿Qué pasa, pues, cuándo el eterno
vividor se enamora?
La
trama de la historia, ambientada en el siglo XVI, tiene el mismo
o mayor interés que el famoso e internacional protagonista.
Así pues, vamos a adentrarnos en ella: hace un año
y medio que don Juan y don Luis apostaron sobre quién de
los dos seduciría a más mujeres. Sobre quién
engañaría más y hasta quién llegaría
a matar por ello. Así, el primer acto comienza en la hostería
de Laurel, Sevilla. Los dos protagonistas de la apuesta deben
encontrarse a las ocho de esa noche para comprobar quién
es el verdadero ganador. Esto ocurre en pleno mes de febrero,
durante la celebración del carnaval. De este modo, hay
varios personajes que llevan máscaras y antifaces de todo
tipo. En esa noche, don Juan y Don Luis hablan y discuten sobre
las conquistas que han realizado. El ganador resulta ser don Juan,
que por si no fuera bastante, apuesta a don Luis que le quitará
a su prometida, doña Ana. Entonces, el padre de doña
Inés, don Gonzalo el Comendador, está en la hostería
y se entera del asunto. Gonzalo se enfada porque don Juan, en
un principio, tenía que casarse con su hija. El padre de
doña Inés prohibe, pues, el matrimonio entre don
Juan y su hija. Desea además, que ésta pase el resto
de su vida como monja en un convento. No obstante, don Juan jura
que raptará a su hija. Así, cuando doña Inés
está ya en el convento, don Juan escala la pared y se la
lleva.
El
Don Juan de Zorrilla es un teatro de misterio, intriga, fantasmas,
cementerios y luna llena. Es el teatro del amor y de la muerte.
Contra
cualquier pronóstico, los dos jóvenes se enamoran
perdidamente el uno del otro. Se trata de un caso excepcional
para don Juan que se veía a sí mismo como a un eterno
vividor. Entonces, don Luis se entera que don Juan había
deshonrado a doña Ana y lo busca para vengarse. Luego,
don Luis amenaza de muerte al Tenorio, el cual le pide paciencia
para poder hablar con don Gonzalo y pedirle la mano de doña
Inés a la cual ama sinceramente. Pero el padre de la novia
no le cree y le niega la mano de su hija. El Tenorio, enfurecido,
mata a don Luis y a don Gonzalo. Después huye a Italia y no vuelve a España hasta cinco años después,
donde encuentra la tumba de su amada, que ha muerto de pena. Nuestro
protagonista se queda en el cementerio llorando a su amor perdido.
En ese mismo momento, se le aparece doña Inés y
le comenta que ha ofrecido su propia alma para salvar la de él
y le pide que elija bien su destino. El Tenorio reflexiona. Pero
llegan sus antiguas amistades, Centella y Avellaneda que se lo
llevan a brindar por su reencuentro. Éstos están
alegres y distendidos, cuando de pronto aparece el fantasma de
don Gonzalo, que advierte al joven que tiene sus días contados
y que debe enmendarse para ser perdonado. Vuelve a aparecer la
sombra o fantasma de doña Inés avisando a su amado
que el tiempo se le termina y que al día siguiente los
dos estarán enterrados en la misma tumba. Primero don Juan
cree que todo aquello es una broma de Centella y Avellaneda. El
Tenorio va al cementerio y cuando le da la mano al fantasma de
don Gonzalo para irse al infierno con él, don Juan pide
un instante para arrepentirse de todos sus errores y pide perdón
a Dios. Finalmente don Juan y doña Inés se salvan
y descansan en paz, eternamente, gracias a su amor.
El
Teatro Romántico del siglo XIX se propuso retratar al hombre
y al mundo a través, sobretodo, de dos géneros:
la tragedia y el melodrama. Así, el Don Juan de Zorrilla
es un teatro de misterio, intriga, fantasmas, cementerios y luna
llena. Es el teatro del amor y de la muerte. El Romanticismo es
sinónimo de libertad y de aversión a las reglas.
Ello queda reflejado en la figura del Tenorio, hombre libre, que
devora la vida, sin ningún remordimiento. Pero el hombre
romántico es también un idealista innato. Así,
pues, tras esa máscara superficial, el protagonista de
esta historia busca en el fondo la felicidad, la justicia y el
amor auténtico. Éste es pues el encanto de la obra,
que lo reúne todo: pasión desbordante y amor verdadero.
Una característica típicamente romántica
de Don Juan Tenorio es el léxico efectista. Éste
tiene la función de impresionar y de no dejar indiferente
al público. Lanza un mensaje no racional, que va directo
al corazón. Quién no recuerda el famoso fragmento:
"¿No es verdad ángel de amor, que en esta apartada
orilla, más pura la luna brilla y se respira mejor?"
¿Será, pues, que nos deja indiferentes?