"La
heroica ciudad dormía la siesta".
Con esta frase, que simula un verso dodecasílabo, comienza
Clarín la novela que habrá de darle fama internacional.
Publicada
en dos tomos (1884 y 1885), La Regenta nace con la finalidad de
denunciar el mundo social que rodea al autor. Leopoldo Alas nació
en Zamora en 1852, pasó su infancia entre León y
Guadalajara y llegó a Oviedo, ciudad en la que pasaría
la mayor parte de su vida, con sólo siete años.
Se trasladó a Madrid a cursar sus estudios universitarios,
allí se licenció en Derecho y regresaría
a Oviedo en 1833 siendo ya un articulista de éxito. En
1875 utilizó por primera vez el pseudónimo que le
haría famoso, Clarín, al firmar uno de sus artículos
publicado en el periódico El Solfeo.
Clarín
escribe esta novela bajo la estela del realismo naturalista.
Ana
Ozores, la protagonista de la novela, es una joven soñadora
e idealista casada con el ex Regente de la Audiencia local, don
Víctor Quintanar, un buen hombre, mayor que ella, pero
más preocupado por la caza y el teatro que por la soledad
que inunda a su buena esposa. La relación entre ambos se
asemeja más a la que pudieran tener padre e hija que a
una relación conyugal. La carencia de hijos y el abandono
por parte del esposo hacen que Ana se lance en los brazos del
amor, de la galantería y el cortejo a la que es sometida
por Álvaro Mesía, un joven conquistador que la agasaja
y, que acabará matando en un duelo al más puro estilo
de Calderón al pobre marido. En este triángulo amoroso
mucho tiene que ver la figura de don Fermín de Pas, un
ambicioso clérigo, confesor de la Regenta que, enamorado
de ella, no soporta los celos hacia Mesía y consigue convencer
a don Víctor para que lo rete en duelo. A nuestra protagonista
aún le queda, después de todo esto, enfrentarse
a la sociedad provinciana que la abandona, la culpa de todos los
sucesos y que nunca le perdonará el adulterio. Vetusta
(en realidad es una clara referencia a Oviedo) es la pequeña
ciudad de provincias donde se desarrolla la acción. Clarín,
a través de sus calles y espacios, dota a esta ciudad de
personalidad y refleja en ella los rencores y la hipocresía
de la sociedad del siglo XIX, demasiado preocupada por las apariencias
y por el lujo. Es un novela crítica, sobretodo con las
falsas creencias de la época que todo lo corrompen. Trata
con una especial ironía a la burguesía del momento
que potencia el caciquismo y la incultura tiñéndolo
de liberalismo, una sociedad totalmente corrupta por el dinero.
También satiriza con crueldad a la Iglesia que esconde
tras su buen nombre un entramado de celos e intereses.
Clarín
escribe esta novela bajo la estela del realismo naturalista que
proponía una renovación de la novela basada en la
observación de la realidad para, desde ahí, mejorarla.
Hace un estupendo estudio psicológico de los personajes
y la sociedad reflejando la estupidez humana que acaba con la
bondad y la sensibilidad de la protagonista a favor de las envidias
de la cruel y vulgar sociedad de finales del siglo XIX. La caracterización
de los personajes es tan minuciosa que al lector le es imposible
olvidar incluso a los secundarios: la criada Petra que consigue
que Víctor Quintanar se entere del adulterio de su esposa,
la codiciosa madre de don Fermín, el extravagante Frígilis
que será el único amigo que le quede a la Regenta,
los marqueses, el tendero alcohólico, el Obispo, el arqueólogo…
Clarín utiliza la figura del narrador omnisciente para
poder meterse en cada uno de los personajes de tal forma que el
lector puede conocer lo que ellos sienten hasta el punto de poder
ser cómplices de lo que allí está sucediendo.
Utiliza mucho el recurso del monólogo interior para desentrañar
los pensamientos de los protagonistas. Con el objetivismo propio
del estilo indirecto libre describe con maestría los espacios
creando auténticos cuadros de costumbres que enlaza espectacularmente
utilizando los saltos en el tiempo, creando así una coherencia
absoluta entre los tres años que dura la acción
de la novela.
Escrita
en pleno auge del realismo español, esta novela posee varios
elementos del naturalismo francés cultivado por Emile Zola.
Esta corriente proponía una visión de la realidad
que permitía estudiarla en profundidad al mismo tiempo
que unía lo físico con lo psicológico de
tal forma que desde el tiempo hasta la suciedad afectan el curso
de las acciones de los personajes. Pero no sólo del naturalismo,
del que Clarín será el máximo exponente en España, se nutre el autor. Esta obra nace de la conjunción
de varias visiones literarias de la época; de un lado el
realismo y naturalismo que ya hemos apuntado, y de otro el krausismo.
Durante la época en la que vivió en Madrid tuvo
muchos contactos con maestros que le inculcaron las doctrinas
filosóficas de Karl Kraus y contribuyeron a que inclinara
su visión intelectual hacia la búsqueda del sentido
espiritual y metafísico de la vida. En esos años
conoció grandes personalidades de la vida intelectual y
literaria del momento, participó en varias tertulias, se
hizo habitual en el Ateneo y publicó muchos libros y críticas
literarias.
Cuando
se publicó la obra la sociedad ovetense se alarmó.
Fue,
al igual que Larra, predecesor de los modernistas en el sentido
en el que perseguía la armonía en las formas y la
belleza. Si a todo esto le sumamos el interés del autor
por hacerse oir y la petición de novelas por parte del
público, nos encontramos con los ingredientes necesarios
para que saliera a la luz una obra como La Regenta. Tampoco hay
que olvidar que el tema del adulterio por parte de una mujer es
un tema muy tratado en la literatura de la época, textos
como Madame Bovary del francés Gustave Flaubert, Ana Karenina del ruso Tolstoi o, incluso, obras como Los pazos de Ulloa de
la española Emilia Pardo Bazán, abordan este argumento.
El adulterio es entendido como un conflicto entre la poesía
del corazón y la prosa que pertenece a las clases sociales;
no hay que olvidar que para Clarín la poesía era
un elemento fundamental en la novela.
Cuando
se publicó la obra la sociedad ovetense se alarmó
por el retrato que de ellos había hecho Clarín y
hubo muchos escándalos y protestas. Realmente, Leopoldo
Alas tuvo poco éxito e su tiempo como novelista; publicó
tiempo después, en 1891, su otra novela larga titulada
Su único hijo pero se mantuvo en la indiferencia al igual
que le pasará con las recopilaciones de sus relatos, entre
los que cabe destacar Pipá, escrito antes de la publicación
de La Regenta, Doña Berta, ¡Adiós cordera!
o Superchería. Lo que no pasó inadvertido fue su
colaboración periodística que le hizo ser temido
por autores y políticos. Su mordaz pluma, que también
deja entrever en La Regenta, satirizaba todo lo que él
no apoyaba y las más duras críticas se vertían
sobre literatos y articulistas. Pensador liberal y polémico,
simpatizaba con los débiles y se burlaba con auténtico
sarcasmo de aquellos que tenían el poder. Escribió,
posiblemente, la mejor novela del siglo XIX y él mismo
dijo al terminar su redacción: "Tengo la sensación
de haber terminado a los 33 años una obra de arte".
Aplaudido
por Unamuno y Galdós entre muchos otros, fue un gran intelectual
hasta el día de su muerte acaecida en 13 de junio de 1901.