La Atmósfera
es la masa gaseosa que rodea nuestro planeta. Gracias a la fuerza
de la gravedad se encuentra unida a aquél.
Se
considera contaminación atmosférica a la presencia
de sustancias y formas de energía que alteran la calidad
del aire, ocasionando de esta forma riesgos para la salud. Una
definición más exacta la proporcionó en 1.982
Weber, diciendo que "entendemos por contaminación
atmosférica la presencia de sustancias en la Atmósfera que resultan de la actividad del hombre o procesos naturales y
que producen efectos negativos en el hombre y medio ambiente".
Es decir, la contaminación también se produce por
la actividad normal de la naturaleza. Y, en cualquier caso, su
carácter es negativo y diferenciado en el grado.
Contaminantes
Atmosféricos
Los contaminantes atmosféricos se pueden clasificar en
función de la forma en que llegan a la Atmósfera.
Desde este punto de vista, se desprenden dos tipos de contaminantes:
los primarios y los secundarios. En los primarios se englobarían
aquellas sustancias que se vierten de forma directa contra la
Atmósfera. Producen lo que se viene en llamar "contaminación
convencional". Se suelen localizar en el mismo lugar desde
donde se desprenden, sin variar apenas su posición.
Los principales contaminantes primarios son los aerosoles y los
gases (óxidos de azufre y nitrógeno, hidrocarburos,
monóxidos de carbono y anhídridos carbónicos).
Los aerosoles: son dispersiones o
derramamientos de sustancias sólidas y líquidas
en el aire. A los aerosoles se les denomina "partículas"
y su composición química varía en función,
como resulta evidente, de su procedencia. Las partículas
que proceden del suelo contienen calcio, aluminio y silicio. Los
combustibles fósiles (carbón y petróleo),
la madera y los insecticidas y las sustancias procedentes de la
industria química contienen gran cantidad de compuestos
orgánicos.
El problema que se plantea con los aerosoles es que las sustancias
perniciosas, a las que hacía referencia la definición
técnica de contaminación atmosférica, permanecen
en suspensión en el aire y, consiguientemente, pueden llegar
a penetrar en las vías respiratorias de los seres vivos.
En contra de lo que se pueda pensar, las partículas que
quedan suspendidas durante más tiempo en la Atmósfera,
y por tanto más perniciosas, son las partículas
más pequeñas. Las más grandes desaparecen
antes.
Los
gases:
en este caso, nos encontramos ante una incontable variedad. Son
los antes mencionados, compuestos de azufre, óxidos de
nitrógeno, hidrocarburos y óxidos de carbono.
Compuestos de azufre: El anhídrido
sulfuroso es el óxido de azufre (SO2) que se emite a la
Atmósfera en cantidades mayores y, en una proporción
menor, el SO3, el anhídrido sulfúrico. También,
como compuesto de azufre, se puede encontrar el SO4H2 o ácido
sulfúrico.
Estos compuestos químicos se producen por la combustión
de carburantes con contenido en azufre, las calefacciones de las
grandes ciudades, por la combustión de motores de vehículos
y por las emisiones de las industrias. Sus efectos, aunque variados,
se resumen en problemas de las vías respiratorias y desperfectos
en las construcciones. Por último, cabe destacar que contribuyen
a que se produzcan deposiciones ácidas sobre los vegetales,
lo que se conoce como "lluvia ácida".
Óxidos de nitrógeno:
son conocidas ocho formas de óxido de nitrógeno
distintas. Como elementos contaminantes, los más importantes
son el dióxido de nitrógeno (NO2) y el óxido
nítrico (NO).
Ambos son gases tóxicos y se producen por la oxidación
del nitrógeno atmosférico cuando se produce la combustión
a elevadas temperaturas. Su origen, en particular, está
motivado por los motores de combustión y los deshechos
de la industria química. De forma natural, se producen
como consecuencia de incendios forestales y erupciones volcánicas.
Óxidos de carbono: destacan,
de todos ellos, el monóxido de carbono (CO) que es el contaminante
que más abunda en la troposfera, la capa inferior de la
Atmósfera. Aunque puede producirse por varios procesos
químicos, el desencadenante de su presencia es la incompleta
combustión de los carburantes que mueven los automóviles.
El CO2, que también es un óxido de carbono, no es
lo que se podría llamar propiamente un contaminante, aunque
un exceso de su presencia trae graves consecuencias. Se presenta
a través de la respiración de las plantas, los grandes
incendios forestales y, cómo no, por el uso de combustibles
de origen fósil.
Los efectos producidos por el CO2 conducen a problemas respiratorios
para los seres vivos y a una disminución de la capacidad
de la sangre para transportar el oxígeno.
Hidrocarburos: son sustancias contaminantes
formadas de carbono e hidrógeno provenientes de varias
fuentes, como la combustión incompleta de gasóleos,
gasolinas, quemas agrícolas e incendios forestales.
Dentro de los hidrocarburos se encuentran los llamados compuestos
orgánicos volátiles (COVs) y los halocarburos, mejor
conocidos como (CFCs). Los CFCs se consideraron en un principio
como inofensivos, tiempo después se comprendió que
en presencia de radiaciones ultravioleta eran capaces de liberar
átomos de cloro que transmutan el ozono en oxígeno,
provocando la ruptura de la capa de ozono.
De forma artificial, el hombre ha creado estos compuestos a través
de los refrigerantes de congeladores y cámaras frigoríficas,
disolventes de uso industrial, lacas, desodorantes para la higiene,
esterilizantes empleados en hospitales y un largo etcétera.
Metales pesados: En los últimos
tiempos, las investigaciones indican que los metales pesados son
una clase de contaminante más perniciosa que los anteriormente
comentados. El peligro reside en que la naturaleza no es capaz
de degradarlos, por lo que una vez establecida su presencia en
la Atmósfera, tienden a permanecer. El mercurio (Hg) y
el plomo (Pb) son los metales pesados más importantes y
que mayor perjuicio causan a la naturaleza. Algunas ciudades presentan
índices 50 veces superiores a las zonas rurales próximas.