El ozono
troposférico, el llamado ozono malo, el que se sitúa
en las capas inferiores de la atmósfera, es más
pernicioso en épocas estivales, cuando aumentan las temperaturas
y se concentra la presencia de radiaciones solares.
Además,
cuando el tiempo climático tiende a estabilizarse, por
ejemplo cuando se sucede una temporada de tiempo constante sin
grandes variaciones, como en verano, la velocidad del viento suele
disminuir con lo que se favorece que este contaminante se acumule
en la atmósfera.
Cuando antes se alcanzan las temperaturas más altas del
año, antes se percibe que las cantidades de ozono presentes
sobre nosotros, aumentan. Pero para poder determinar esta situación
y que las autoridades correspondientes alerten a la población
de los posibles peligros que corre, es necesario contar con los
elementos necesarios para el control de la calidad del aire: se
trata de las estaciones de ozono.
La Unión
Europea, a través de su legislación y normativa,
ha señalado una serie de condiciones a la hora de establecer
estos puntos de estudio. De esta manera, las estaciones de ozono
deben estar situadas, lo que viene en denominarse "macroimplantación",
según un criterio de distribución poblacional, criterio
que viene determinado por la distribución del conjunto
de la población por zonas o aglomeraciones.
Para que la
medida de la cantidad de ozono que se encuentra presente en un
punto geográfico concreto, sea tomada con garantías,
se utilizan dos tipos de medidores:
1.- Analizadores de ozono normalizados, que utilizan
la técnica de la absorción por ultravioleta.
2.- Analizadores de ozono, que utilizan la técnica
de la quimiluminiscencia.
La utilización
de ambas técnicas garantiza que no se estén tomando
como ozono la presencia de otros gases que desvirtúen los
resultados. Por este motivo, es corriente que se usen analizadores
de venceno, tolueno y xileno o compuestos orgánicos volátiles.
Para el estudio
de las cantidades de ozono que soporta la región de estudio,
lo normal es que se utilicen los analizadores de ozono normalizados,
utilizando la técnica de absorción ultravioleta.
Una central
o estación de ozono cuenta con medidores e instrumentos
de comunicación (módem y procesadores) para poder
hacer efectiva la notificación de los datos que va registrando.
Es necesario, además, que cuente con un sistema de alimentación
que no quede interrumpida en ningún momento y que, de esa
manera, siempre pueda abastecerse de forma autónoma.
Se hace imprescindible
que la temperatura de la estación de ozono no sufra alteraciones
en su interior. Por este motivo, se regula a través de
un aparato de aire acondicionado su adecuada aclimatación.
La medida
de la presencia del ozono se lleva a cabo en función de
la absorción de la molécula cuando es dispersada
por radiación ultravioleta. Este es el principio de medida
para la determinación en continuo del ozono. En el momento
en que un haz de luz ultravioleta atraviesa un volumen concreto
de gas en cuya composición existan ciertas moléculas
de ozono, es cuando se produce una absorción o una filtración
de la radiación UV por aquellas.
Se conoce
como región de Hartley y Huggins, la banda de absorción
propia del ozono. Y el principio de la Ley Física en que
se basa es la Ley de Lambert-Beer. Cuya fórmula de expresión
sería la siguiente:
I=Io.e-kcl
La
representación de estos símbolos es: I = La intensidad
tras la absorción. Io = La intensidad
de la fuente original. K = El coeficiente
de absorción del ozono. C = La concentración
en volumen del contaminante. l = La longitud
del camino óptico.
Cómo
funciona la estación de ozono
El analizador
de la base o estación de ozono filtra la muestra de aire
que será objeto de estudio y que será llevada por
dos canales distintos. Uno de los canales conduce a la muestra
hacia un catalizador que eliminará las cantidades de ozono
que contenga la muestra extraída. El aire separado del
ozono se almacena en una especie de celda (denominada de referencia)
y que servirá posteriormente como patrón, precisamente
de referencia, en el analizador. En el segundo canal, se introduce
una segunda muestra de aire.
Todo el contenido de la muestra se introduce en otra celda distinta
(llamada de medida). A continuación, una lámpara
UV emitirá una radiación ultravioleta que irradiará
ambas celdas. Una vez que la radiación ha recorrido ambas
celdas, realizada por tubos fotomultiplicadores, se genera una
señal eléctrica que será proporcional a la
absorción producida en cada celda. Así, se podrá
calcular, según la diferencia entre las señales
mensuradas en la celda de referencia y en la celda de medida,
la absorción producida por el ozono. Al resolver la ecuación
de Hartley y Huggins, antes descrita, se establece la cantidad
de ozono que desprende la muestra de aire.