El Protocolo
de Kioto de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre
el Cambio Climático, iniciativa del organismo internacional,
iniciado el día de su redacción, el 11 de diciembre
de 1997, tiene sus objetivos puestos en un futuro a medio y largo
plazo. Algunos de sus proyectos se están cumpliendo en
la actualidad, siete años desde que viera la luz.
"Promover
el desarrollo sostenible (...) al cumplir los compromisos
cuantificados de limitación y reducción de
las emisiones".
El objetivo, tal
y como se señala en su segundo artículos, es: "promover
el desarrollo sostenible (...) al cumplir los compromisos cuantificados
de limitación y reducción de las emisiones".
Para alcanzar este propósito se indican una serie de iniciativas,
seguidas de planes concretos a los que se llegará formulando,
aplicando, publicando y actualizando periódicamente programas
nacionales, como son: la protección y mejora de los sumideros
y depósitos de los gases de efecto invernadero no controlados
por el Protocolo de Montreal, la promoción de prácticas
sostenibles de gestión forestal, la forestación
y la reforestación.
Otro objetivo es lo que lleva
el nombre de "promoción de modalidades agrícolas
sostenibles" en función del real cambio climático.
Se pretende, asimismo, el fomento de la eficiencia energética
con la investigación, la promoción y desarrollo
del uso de nuevas y renovables formas de energía. Si bien
ya existen muchas alternativas cuyo índice contaminante
es inferior a las de origen fósil, ampliamente utilizadas.
Se pretende también con el Protocolo de Kioto, la reducción
sucesiva o eliminación paulatina de las deficiencias que
genera la economía de mercado. Así, se declaran
textualmente: "incentivos fiscales, exenciones tributarias
y arancelarias y las subvenciones que sean contrarias al objetivo
de la Convención en todos los sectores emisores de gases
de efecto invernadero y aplicación de instrumentos de mercado".
Y todos los países involucrados en un primer momento son,
según el Anexo B del Protocolo:
Dentro del sexto
objetivo, se enumera como propuesta el fomento de "reformas
apropiadas en los sectores pertinentes con el fin de promover
unas políticas y medidas que limiten o reduzcan las emisiones
de los gases de efecto invernadero, aquellos no controlados por
el Protocolo de Montreal". Aquél Protocolo fue
firmado por cuarenta y nueve países en el año 1985.
También auspiciado por Naciones Unidas, cuando ya se exponían
las intenciones de eliminar gradualmente los CFC, los clorofluorocarbonos,
los principales agentes contaminantes que intervienen en el calentamiento
de la Atmósfera.
En esta medida
se incluye, especificados: "la reducción de emisiones
que genera el sector del transporte y las emisiones de Metano
generadas, que sean recuperables y se utilicen en la gestión
de los deshechos así como en la producción y la
distribución de energía".
Para cumplir los propósitos
antes enunciados de forma algo resumida, las partes deben asegurar
su cumplimiento en el momento de su firma. El documento quedó
abierto a la firma y a su consiguiente ratificación el
16 de marzo de 1998 para concluir el 15 de marzo de 1999. Para
quedar ratificado se tendrá que asumir la aceptación
o aprobación de los Estados y organizaciones regionales
de carácter económico que son Parte en la Convención.
Se hace necesario, en palabras
del Protocolo, la cooperación de las Partes en la investigación
científica y técnica, así como la promoción
del desarrollo de mecanismos de observación sistemáticos.
La creación de archivos de datos para reducir las incertidumbres
del sistema climático, sus repercusiones
adversas del cambio climático y sus consecuencias económicas
y sociales. También indica el Protocolo la necesidad de
elaborar y llevar a término programas de educación
y capacitación que prevean el fomento de la creación
de capacidad nacional. Por todo ello se hace imprescindible que
las Partes proporcionen recursos financieros nuevos para cumplir
con los gastos e inversiones, siendo estos además de cantidades
económicas, la transferencia de tecnología. Las
cargas serán proporcionales entre los países desarrollados
y lo que estén en vías de desarrollo.
El
caso de España
España
firmó el Protocolo dentro del Marco de la Unión
Europea.
España firmó el
Protocolo dentro del Marco de la Unión Europea. Todos los
países de la Unión Europea, lo firmaron de forma
conjunta en el año 2002. Las emisiones de CFC que se le
permiten a España, como consecuencia de condiciones específicas,
preveían la posibilidad de aumentar las emisiones de gases
de efecto invernadero en un 15% respecto a los del principio del
decenio. Algunos datos indican que España, a propósito
de la emisión de gases a la Atmósfera, puede estar
cerca del 40% sobre los niveles aceptados pues se contamina en
ese porcentaje con relación a lo que ocurría a comienzos
de 1990. Algunos países,
como el caso de la Federación Rusa o Estados Unidos no
han ratificado el Protocolo. Recientemente, los rusos afirmaron
que un descenso de emisiones destrozaría su economía
industrial. En estos casos se confirma la necesidad de seguir
investigando alternativas energéticas no contaminantes
que a corto plazo sustituyan las existentes, base de economías
nacionales o, cuando menos, regionales.