Desde
que el ser humano comenzó a interesarse por los cambios
climáticos, a preguntarse por qué en determinadas
épocas del año el calor era más intenso que
en otras o, simplemente, por qué llovía de un día
para otro, la meteorología se había ido desarrollando
a través de la simple observación de la evolución
atmosférica.
Durante
toda la historia y hasta finales del siglo XIX, los científicos
se guiaban por la experiencia de sus contemporáneos. En
1904, el meteorólogo Vilhem Bjerknes revolucionó
la "escena atmosférica" de la vieja Europa.
Gracias
a él, los que ahora conocemos como "hombres del
tiempo", comenzaron a usar términos como el Milibar
o la descripción del adjetivo Frente Polar.
Parece
ser que allá, por 1904, hace exactamente un siglo ahora,
este científico de origen noruego escribió y publicó
un artículo que no sentó nada bien entre los meteorólogos
más importantes de aquella época, ya que cuestionaba
las leyes por las que se regían a la hora de hallar una
explicaciones a las situaciones atmosféricas, basadas casi
por completo en lo empírico. Bjerknes afirmó que
"si es cierto que las situaciones atmosféricas
sucesivas se desarrollan a partir de las precedentes conforme
a leyes físicas, resultará obvio que las condiciones
necesarias y suficientes para solucionar el problema de la predicción
del tiempo son las siguiente: Un conocimiento lo suficientemente
preciso del estado de la atmósfera en el momento inicial,
y un conocimiento suficientemente preciso de las leyes de acuerdo
con las cuales un estado de la atmósfera se desarrolla
a partir de otro."
Con
esta atrevida declaración, Bjerknes puso en duda los patrones
utilizados por sus compañeros de profesión, los
cuales se guiaban básicamente por la experiencia y la observación.
Vilhelm Friman Koren Bjerknes dio un golpe de timón cuando,
tras muchos estudios y experimentos, se percató de que
muchas definiciones sobre la predicción atmosférica
habían quedado obsoletas, colocando como punto de partida
una mayor observación de una atmósfera tridimensional,
la cuál escondía mucha más información
sobre su inmediata evolución que la que mostraba en su
superficie. Sus afirmaciones fueron cuestionadas desde el primer
momento, pero con el paso del tiempo, Bjerknes se convirtió
en el padre de lo que hoy entendemos como Meteorología.
Fundador
de la Escuela de Bergen a finales del XIX, de la que salieron
diversas teorías como la de masas de aire y frentes ligada
a la evolución de las depresiones de latitudes medias,
lo que supuso una gran revolución en el conocimiento de
la meteorología, tal y como la conocemos en nuestros días,
Vilhelm Bjerknes sabía del poder de la prensa en aquel
entonces y se preocupó de divulgar sus teorías entre
las distintas escuelas de meteorólogos de todo el mundo.
Gracias a él, los que ahora conocemos como "hombres
del tiempo", comenzaron a usar términos como el Milibar
o la descripción del adjetivo Frente Polar, algo que resulta
algo chocante en un científico que comenzó a interesarse
por la meteorología a una edad cercana a los cuarenta años.
Tanto su padre, Anton, como su hijo, Jacob, fueron nombres destacados
entre la comunidad científica noruega. Anton y Vilhelm
presentaron diferentes inventos que ambos habían ideado
en la Exposición Internacional de Electricidad de París,
en 1881, histórica cita en la que se de dieron cita personajes
como Graham Bell o Thomas Edison. Padre e hijo mostraron sus inventos
"caseros" que reproducían accidentes que tenían
que ver con la electricidad y los campos magnéticos entre
partículas, extraños elementos que estaba dando
de qué hablar en la Inglaterra victoriana de finales de
siglo.
Jacob
Bjerknes, al igual que su padre, publicó diversas
teorías que en poco tiempo formaron parte de los
manuales científicos.
Vilhelm
estaba seguro que todos los experimentos y las diversas teorías
que su padre estaba descubriendo, no saldrían a la luz
sino viajaba a la capital de Francia y las mostraba. Sabiendo
de las reticencias de su padre por compartir sus logros, Vilhelm
le animó, le convenció y le acompañó
a la muestra, oportunidad que el joven Vilhelm supo aprovechar,
consiguiendo una beca para completar su recién aprobada
licenciatura en la bohemia ciudad, durante el curso de 1889 y
1890, impregnándose de las nuevas leyes físicas
que estaban revolucionando Europa Occidental. Vilhelm trabó
amistad con uno de sus profesores, el físico de origen
alemán y más tarde célebre meteorólogo,
Heinrich Hertz, quien le invitó a colaborar con él
en sus laboratorios de Bonn.
Por
su parte, Jacob Bjerknes, su hijo, continuó la carrera
iniciada por su progenitor, concentrándose en el desarrollo
de las predicciones climatológicas e introduciendo el concepto
del frente meteorológico en Estados Unidos, donde tuvo
un cierto renombre en la comunidad norteamericana. Jacob se formó
tanto en los observatorios que su padre fundó durante la Primera Guerra Mundial, como en la Escuela de Bergen. Jacob se
encontraba en California cuando el ejército alemán
invadió Noruega en 1940, comenzó a dar clases en
la Universidad de Ucla y se nacionalizó seis años
después. Jacob Bjerknes, al igual que su padre, publicó
diversas teorías que en poco tiempo formaron parte de los
manuales científicos, como el desarrollo y la evaporización
de frentes templados y fríos, trabajos que ayudaron a predecir
con mayor antelación lo que hoy conocemos como desastres
naturales.
Para la década de los cincuenta, Jacob se interesó
por las inclemencias que el clima provocaba en los mares y océanos
del planeta tierra, advirtiendo que se debía estudiar la
atmósfera y el océano como un todo y centrándose
en los devastadores efectos que provocaban y provocan y que son
bautizados con nombres tan inofensivos como "El Niño",
últimamente muy asiduo en el Océano Pacífico.
En
la actualidad, el apellido Bjerkne siguen siendo un gran referente
para la comunidad de meteorólogos de todo el mundo.