El
físico y astrónomo Galileo Galilei revolucionó
en su tiempo el campo de las ciencias y más concretamente
el de la meteorología.
Sus
descubrimientos fueron esenciales para que hoy en día entendamos
el mundo tal y como es. Pero sus avances científicos no
siempre fueron vistos con buenos ojos y tuvo que luchar ante prejuicios
y habladurías, típicas de una sociedad todavía
inmadura en muchos aspectos.
La
meteorología no sería la misma sin sus grandes
descubrimientos.
Galileo
nació en Pisa en el año 1564. Contrariamente a lo
que uno pudiera imaginar, su ambiente familiar no era exactamente
el más propicio a sus cualidades científicas. Y
es que su padre, Vincenzo Galilei, era todo un artista. Un músico
con carácter y muy transgresor para la época. Este
espíritu moderno y de mentalidad abierta sí lo heredó
Galileo de su padre. De esta forma, el físico italiano
se atrevió a cuestionar, en varias ocasiones, la visión
del mundo que se tenía entonces. Lejos de una educación
llena de normas rígidas y absurdas, el joven científico
se formó en un ambiente progresista. Para que nos hagamos
una idea de la educación recibida por el astrónomo,
las siguientes palabras de su progenitor nos sirven de ayuda:
"me parece que aquellos que sólo se basan en argumentos
de autoridad para mantener sus afirmaciones sin buscar razones
que las apoyen, actúan en forma absurda. Desearía
poder cuestionar libremente y responder libremente sin adulaciones.
Así se comporta aquel que persigue la verdad".
Galileo
Galilei, como todos, tuvo que buscar su camino. De este modo,
siguiendo primero los consejos de su padre, empezó a estudiar
medicina, a la edad de diecisiete años. Pero después
de un tiempo se dio cuenta que lo que realmente lo motivaba eran
las matemáticas. Así, se puso a estudiarlas bajo
la tutela del matemático Ricci. Enseguida, destacó
por su increíble talento en el campo de la geometría,
que se le daba de miedo. Cumplidos los 25 años, se le asigna
la cátedra de matemáticas en Pisa. Luego, a la edad
de 28 años consigue ascender, ya que se le otorga una mejor
posición en Venecia. Ocuparía este lugar hasta la
edad de 46 años.
La
meteorología no sería la misma sin sus grandes descubrimientos.
Y es que en 1597 este mago de las ciencias inventó un termoscopio
de agua. Éste objeto está compuesto por un tubo
largo de cristal invertido en una jarra sellada, conteniendo agua
y aire. Al calentarse la jarra, entonces el aire se expandía
y empujaba hacia arriba el líquido en el tubo. El nivel
de agua en el tubo podía ser comparado a distintas temperaturas
para mostrar los cambios relativos cuando se añadía
o se retiraba el calor. No obstante, tal termoscopio no permitía
aún cuantificar la temperatura con facilidad. Sin embargo
es un importante precedente para llegar a medir la temperatura
como lo hacemos hoy en día. Y es que unos años después
el fabuloso descubrimiento se perfeccionaría.
En
1599 Galileo contrajo matrimonio con Marina Gamba. Ésta
última tenía sólo 21 años de edad.
La pareja tendría tres hijos y acabaría separándose
en 1610. En el plano profesional, el científico siguió
avanzando. El genio italiano desarrolló el telescopio y
debido a esta relevante hazaña logró un puesto permanente
en Padua. Pronto, salieron a la luz sus grandes descubrimientos
como las montañas en la luna, las lunas de Júpiter
y las fases en Venus. De forma muy ingeniosa, puso el nombre de
la familia Medici a las lunas de Júpiter. Así, consiguió
el cargo de matemático y físico del Gran Duque de
la Toscana.
Es
cierto que empezó con él la separación
entre lo religioso y lo científico.
Aún
y con la gran contribución científica de Galileo
a la humanidad, los hombres de su tiempo no supieron apreciar
esto como debiera ser. Y es que los descubrimientos astronómicos del físico italiano favorecerían el sistema copernicano
pero no a su propia persona. Galileo tendría que luchar
contra las ideas preconcebidas de muchos. Además, acabaría
topando con la Iglesia. De este modo, en 1611, el excepcional
astrónomo se dirigió a Roma con el fin de dialogar
con el padre Clavius, el líder astronómico de los
jesuitas. Clavius no se creía la teoría basada en
la existencia de montañas en la luna. Pero luego, al observarlas
con el telescopio abandonó sus antiguos prejuicios.
Galileo
Galilei fue ganando fama, pero también enemistades. Debido
en parte a que era un hombre que no se callaba las cosas y decía
lo que pensaba sin tapujo alguno. Su estilo nos queda claro en
fragmentos como éste, en el que rebate las ideas de su
enemigo Sarsi: "En Sarsi discierno la creencia de que
en el discurso filosófico se debe defender la opinión
de un autor célebre, como si nuestras mentes tuvieran que
mantenerse estériles y yermas si no están en consonancia
con alguien más. Tal vez piense que la filosofía
es un libro de ficción escrito por algún autor,
como la Ilíada. Bien, Sarsi, las cosas no son así.
La filosofía está escrita en ese gran libro del
universo, que se está continuamente abriendo ante nosotros
para que lo observemos. Pero el libro no puede comprenderse sin
que antes aprendamos el lenguaje y alfabeto en que está
compuesto. Está escrito en el lenguaje de las matemáticas...
sin ese lenguaje, navegamos en un oscuro laberinto".
Hubo
un cambio de Papa, ahora Urbano VIII, que en un principio era
seguidor de Galileo. Ello favoreció al científico
que pronto vio cómo en la gente aumentaba el nivel de credibilidad
con respecto a sus ideas. Pero en 1632 el astrónomo italiano
se vio envuelto en una complicada trama que lo llevó a
la perdición. Ello ocurrió cuando salió a
la luz su "Diálogo" en el que defiende el sistema
heliocéntrico y en el que de paso insulta a algunos de
sus enemigos. La Inquisición actuó entonces con
dureza, debido más que a las ideas científicas a
la "desobediencia" de Galileo en cuanto a la Iglesia.
Después de un inacabable proceso inquisitorial el anciano
y cansado físico se vio obligado a abandonar sus ideas.
Además, se vio confinado a un pueblecito de Florencia,
hasta el fin de sus días.
El caso Galileo Galilei ha traído mucha cola. Es cierto
que empezó con él la separación entre lo
religioso y lo científico. Algo sin duda positivo, se tenga
la ideología que se tenga. Y es que nada tiene que ver
una cosa con la otra. Pero por otro lado, el error cometido con
este científico imprescindible para la humanidad es algo
que ha costado muy caro a la Iglesia y por lo que ésta
misma ha tenido que pedir perdón.