Para muchos
estudiosos de la meteorología, un Ciclón es el fenómeno
atmosférico más espectacular, quizá porque
cuando tienen que definirlo como fenómeno, suelen afirmar
que los efectos que provocan son los más devastadores de
todos los fenómenos atmosféricos.
A los Ciclones
se les conoce desde que se navegaba por los mares tropicales.
Aunque, en realidad, su estudio científico no se inició
hasta años después de acabada la Segunda Guerra
Mundial, gracias a las mejoras técnicas de observación
y análisis.
En realidad,
cuando nos referimos a lo que es un Ciclón, un Tornado
o un Huracán, ocurre que nos estamos refiriendo a una misma
cosa. Algo que según la zona o área geográfica
afectada, se llama de una manera diferente. En Australia, no se
ponen de acuerdo ni siquiera entre ellos para denominar al fenómeno
atmosférico. Así, en el Este de Australia se llama
"willy-willy" y en el Oeste, se llama, ciclón
tropical. Algunos meteorólogos opinan que no es correcto
llamarlo "willy-willy porque esa expresión: "willy-willy",
era la utilizada por los marinos del siglo XIX con la que hacían
mención tanto a Ciclones tropicales como a tormentas subtropicales
de pequeña escala.
La cuestión es que de un hemisferio a otro, eso que puede
ser un Ciclón, también es una Huracán, Huracano,
o un Huracán de Cabo Verde en el Océano Atlántico.
En el Pacífico se llama Cordonazo o Huracán de México.
Para los chinos es un Tifón y para los filipinos un baguío
o bagyo. Para los japoneses es un repuss. Por último, los
fenómenos de ésta índole que se producen
en el mar arábigo reciben el nombre de Tornado.
Las
cantidades de energía que arrastra y desprende un fenómeno
de estas características se pueden asimilar a las que produjo
la bomba atómica lanzada por el ejército estadounidense
el 6 de agosto de 1.945 sobre Hiroshima, lo que viene a significar
la movilización de una energía total de entre 1018
a 1013 julios. Un Ciclón suele tener una extensión
de entre 200 y 500 kilómetros, de forma espiral. Los vientos
pueden superar los 30 metros por segundo, aunque en algunos casos
se han alcanzado los 50 metros por segundo. En los casos en que
los vientos aumenten a 60 metros por segundo, se habla entonces
de depresión tropical. La presión central, en lo
que se denomina "ojo" del Huracán o Ciclón
es muy baja.
Para
que un Ciclón se produzca son necesarias una serie de condiciones
que pasamos a describir a continuación:
• Superficies oceánicas con isotermas (evolución
termodinámica en que la temperatura del sistema permanece
invariable) superficiales de temperatura superior a 27º C.
• Que el valor de la fuerza de Coriolis*
sea suficiente como para que se vea animada la rotación
ciclónica. Un ciclón que se desplaza en el hemisferio
Norte, tiende a desviarse en el sentido de las agujas del reloj,
mientras que si se desplaza hacia el hemisferio Sur, su dirección
tendrá el sentido opuesto al de las agujas del reloj. Este
hecho produce que el ámbito geográfico propicio
para que se forme un Ciclón sea en latitudes comprendidas
entre 5º y 20º.
• Ausencia de corrientes fuertes de viento en la vertical
que impidan la formación de torbellinos (masas de agua
que giran con rapidez y con la forma de un embudo) bien desarrollados.
• Que exista un doble campo de presiones en la estructura
del Ciclón, es decir, que exista baja presión en
las medidas baja y media de la troposfera (región de la
atmósfera que está en contacto con la superficie
de nuestro planeta y donde se producen todos los fenómenos meteorológicos) y alta presión en la parte alta
de la troposfera.
• Como la fuerza que moviliza un Ciclón proviene
del calor latente proveniente de la condensación del vapor
de agua, es importante tener en cuenta la transformación
termodinámica de dicho vapor de agua para que se mantenga
el Ciclón en evolución. El calor desprendido puede
llegar a provocar temperaturas de –80º C cerca del
"ojo" del Huracán. Por esta razón, es
difícil que un Ciclón tropical llegue tierra adentro,
ya que necesita ser retroalimentado por el vapor de agua del mar,
pero sí que afecta a islas o a costas continentales.
Los
ciclones afectan a numerosos países subdesarrollados y
que tienen altos índices de población, provocando
en ellos graves problemas económicos y pérdidas
humanas. Por ello, la Organización Meteorológica
Mundial, a través de programas específicos, ha emprendido
no solo la predicción de este tipo de fenómenos
en las áreas más deprimidas, sino también
su vigilancia.
Analizando
los daños ocasionados por el Huracán "Gilbert",
fenómeno producido en el Caribe en 1.988 (un año
especialmente pródigo en la formación de potentes
Huracanes), podemos comprobar la magnitud de su virulencia y devastación.
Así, se produjeron 300 fallecimientos relacionados con
el Huracán en Estados Unidos, además de dejar sin
hogar a unas 500.000 personas. En México, murieron 250
personas, aunque se calcula que llegó a afectar a casi
700.000 personas. En las Antillas Francesas y Costa Rica se produjeron
inundaciones y desprendimientos de tierras, además de verse
afectadas las cosechas. En El Salvador, República Dominicana y la Isla de Cuba, unas 14.000 personas quedaban sin hogar. Todo
ello, teniendo en cuenta que el Huracán, llegó a
deshacerse cuando encontró tierra firme bajo sus "pies".
* Efecto que lleva el nombre del
científico de origen francés Gustav Gaspard de Coriolis,
quien analizó el fenómeno producido sobre una fuerza
al estar sometida al movimiento de rotación de la Tierra.
En un Ciclón influyen dos fuerzas, la generada por el propio
fenómeno y la que ejerce el movimiento de rotación
de la Tierra.