Este fenómeno
meteorológico, también conocido como "gota
de aire frío", fue descrito por vez primera por el
meteorólogo de origen alemán Scherhag. La definición
decía de manera textual que una gota de aire frío
"es una marcada depresión inexistente en el suelo
y solo apreciable en altura, y en cuya parte central se encuentra
el aire más frío.
El proceso que
provoca que surja una gota fría da su inicio cuando dos
masas de aire, una de aire caliente y húmedo se encuentra
con una masa de aire frío. El choque produce que el aire
más ligero, es decir, el caliente, se eleve sobre el frente
frío. Conforme asciende, el vapor provocado se enfría
y se condensa formando nubes de la tipología cumulonimbos,
aquéllas nubes de tormenta cuya cima presenta una forma
plana y que son las encargadas de producir los tornados, el granizo,
las tormentas o los fuertes chubascos.
En el fenómeno de la gota fría, que se presenta
en el mapa a la vista como una gran elipse, sucede que el aire
más frío, al ser más pesado que el caliente,
comienza a descender en altura, chocando con el aire caliente.
Colisión que puede provocar fuertes tormentas.
La gota de aire frío tiene
distintos puntos de aparición a lo largo de la extensión
que conforma el globo terráqueo. Se extiende por toda la
cuenca del mediterráneo occidental, afectando no sólo
a la Península Ibérica, sino también, y especialmente,
a Italia y a la Península Balcánica.
Que este fenómeno suceda o no, tiene que ver con la estación
del año por la que se transite, es decir, tiene que ver,
de forma directa, con la temperatura que marquen los termómetros,
por ejemplo, en la Península Ibérica el otoño
es una época propicia. Todos los estudios que han analizado
las gotas frías coinciden en admitir una
duración variable del fenómeno. No obstante, la
media aritmética ha decantado como tiempo habitual de duración
los dos días, llegando como máximo a tres .
Al contrario de lo que se suele
pensar, existe un cincuenta por ciento de probabilidades de que
llueva cuando se produce una gota de aire frío. En los
casos en los que se ha producido lluvia, ésta lo ha hecho,
generalmente, en el punto norte o en el este de la posición
en la que se sitúa la gota.
Sus consecuencias pluviométricas suelen ser de gran magnitud,
traduciendo el paisaje en lluvias torrenciales e inundaciones,
aunque, con la misma frecuencia no traen, cantidades de lluvia
notables.
Es interesante apuntar que el
hecho extendido, en gran parte de la población, que tiende
a confundir el verdadero significado de una "gota
fría" o "gota de
aire frío", ha provocado ciertos resquemores
en los meteorólogos. De ahí que al fenómeno
en sí, y antes descrito, se le prefiera llamar: "depresión
fría en altura", término que
acierta con la descripción, pues en realidad se trata de
una depresión que sólo aparece en zonas altas. La
confusión estriba en asimilar la gota fría a una borrasca fría, es decir, a una borrasca que desde
el suelo ocupa gran parte de la troposfera (capa inferior de la
atmósfera donde se producen todos los fenómenos
meteorológicos), lo que obliga a que exista aire frío
en el interior de la gota con relación a las temperaturas
colindantes.
La dimensión que puede
alcanzar una gota fría es variable. Las
que menos terreno ocupan, llegan a tener una extensión
de quinientos kilómetros de diámetro. Las más
extendidas que se han localizado, alcanzan más de mil quinientos
kilómetros. En superficie, lo más normal es que
las presiones estén poco definidas, siendo lo habitual
que se produzca un anticiclón (área de alta presión
atmosférica que suele originar tiempo despejado, y donde
el viento sopla en el sentido de las agujas del reloj en el hemisferio
Norte y al contrario en el Sur).
La gota que se presenta como una
ficción, resulta ser tal gota, pues un estrangulamiento
en la troposfera, desencadena una separación, en forma
de masa, de aire polar que queda poco menos que al pairo, mientras
en las capas altas el aire tropical sigue permaneciendo bajo el
aire frío.