Fenómenos
Ópticos en la Predicción del Tiempo
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Halos y Coronas ::
Uno de
los motores que ha movido la Historia del hombre ha sido la intención
de anticiparse a los acontecimientos cuyo control se escapaba
de sus manos, en todos los ámbitos.
Así se
puede constatar en todos los sentidos incluidos, y quizás
de un modo claramente marcado, en el mundo de los fenómenos
meteorológicos que tanto influyen en la vida.
Desde antiguo,
marineros, agricultores y ganaderos, han oteado el horizonte para
conocer qué les depararía el futuro del tiempo climatológico,
al menos más inmediato, para acomodar el esfuerzo de su
trabajo: el sentido de los vientos, las lluvias, etc. Máxime
cuando la economía estaba basada en la agricultura, dependiente,
de forma directa, de las condiciones climáticas. Todas
esas observaciones, que han perdurado hasta nuestros días,
tenían su base en la repetición y en la comunicación
consuetudinaria, de padres a hijos, de maestros a aprendices.
El registro fidedigno de dichas observaciones lo podemos encontrar
en el refranero, que muestra un catálogo casi inacabable
de predicciones y vaticinios fundados en la experiencia. El problema
de este tipo de pronósticos radica en su temporalidad,
la mayor parte de ellos se cumplen con certeza, si bien son auspicios
que se consuman casi al momento, no son capaces de presagiar el
futuro más allá de un día. Además,
este tipo de observaciones, tienen un marcado carácter
localista, basado en la observación cercana a los lugares
donde el hombre habitaba.
En la era de la tecnificación, la ayuda de medios materiales
(radares, satélites etc.) a la hora de registrar los datos
de lo que acontece en la Atmósfera es fundamental para
prever las condiciones ambientales y climatológicas del
futuro, no sólo inmediato, pues son capaces de hacer cálculos
para periodos de hasta cinco días, perdiendo precisión
más allá de ese plazo, pero también capaces
de alcanzar periodos estacionales que cubren la predicción
del tiempo hasta un mes.
Halos
y Coronas
Quizás los fenómenos
ópticos más recurrentes en la predicción
del tiempo meteorológico son los Halos y las Coronas. Ambos
fenómenos, al producirse, suelen inferir la llegada inminente
de lluvia.
Los Halos solares son meteoros de tipo luminoso consistentes en
un cerco de colores tenues y pálidos y que hacen su aparición
como consecuencia de los Cirroestratus, aquella tipología
de nubes que se puede encontrar entre los cinco mil y trece mil
metros de altitud (desde la línea del suelo). La presencia
de estas nubes indica la existencia de masas de aire cálido
en las capas más altas. En las capas inferiores de los
cirroestratos se suelen situar masas nubosas capaces de producir
precipitaciones en un plazo no inferior a doce horas ni superior
a veinticuatro. Si el observador está situado alrededor
del sistema nuboso puede observar el halo que se forma en el disco
solar, sin embargo, en la situación mencionada, en el borde
del sistema nuboso donde se forman los cirroestratos, se forma
un halo luminoso, pero si solo se hallan nubes de altura media,
no se producirá la lluvia.
Las Coronas, también meteoros luminosos, se pueden producir
alrededor del disco solar y de la luna. Se suelen formar con nubes
de altura media que van acompañadas de nubes de baja altura,
que generalmente producen precipitaciones, pero sólo si
se dan dichas circunstancias, ya que si por el contrario no encontramos
la formación de nubes bajas, no habrá lluvia. Por
consiguiente, la formación de Halos o Coronas no infiera
de forma unívoca la presencia de lluvia en todos los casos,
aunque sí en la mayoría de ellos.
Otros fenómenos
ópticos que ayudan a la predicción del tiempo
Si un observador presencia, en
la salida o en la puesta del Sol, tonos rojizos o amarillentos
en el color del firmamento: en el color que desprende el Cielo,
el Sol o las Nubes, puede presumir de que la Atmósfera está seca en las capas inferiores y que, por ende, se gozará
de lo que se entiende por benignas condiciones meteorológicas,
buen tiempo, tanto en ese día como en el siguiente.
El Arco Iris también puede
predecir ciertos movimientos en las precipitaciones. Cuando podemos
contemplar la formación de la amalgama de colores, sin
duda estamos presenciando también el final de la lluvia.
Yendo más lejos, si el observador contempla un Arco Iris
situado al Este, y también presencia cielo despejado por
Occidente, podrá inferir que no tendrá lluvias en
un corto espacio de tiempo. Por último, si en las primeras
horas del día se observa la presencia del Arco Iris en
el Oeste, síntoma inequívoco de lluvias, es muy
probable que dichas lluvias lleguen a alcanzar al observador.
En otro orden de cosas, si el
observador contempla un cielo cubierto durante la noche, podrá
saber que no se producirán heladas. Este fenómeno,
conocido desde la más remota antigüedad, se produce
porque las nubes impiden la radiación nocturna. Al parecer,
los primeros hombres que comenzaron a registrar las observaciones
que contemplaban, otorgaron un poder sobrenatural a esas nubes,
que si bien no era sobrenatural, si tenía un carácter
causa-efecto.
Es común y extendida la
creencia de la influencia meteorológica de la Luna en la
Tierra, así como la posibilidad de predecir ciertos fenómenos
como consecuencia de su influencia. Las referencias bibliográficas
de la Ciencia, al contrario, centran sus opiniones en afirmar
que las fases de la Luna o su actividad no pueden tomarse como
medio para predecir el tiempo que afectará a nuestro entorno.
Como apuntábamos al comienzo,
la ayuda de la técnica es el mejor método para predecir
cualquier fenómeno meteorológico. La Organización
Meteorológica Mundial es el organismo encargado de aglutinar
las mediciones que los satélites y las distintas estaciones
de superficie o de altura llevan a cabo. Ese cúmulo de
datos se analizan en centros meteorológicos especializados,
tanto a nivel local o regional como a nivel mundial.