A
principios del siglo XIX muchos hombres que sufrían la
catástrofe originada por un terremoto pensaban que su sufrimiento
respondía a un castigo de la voluntad contrariada de un
Dios sobrenatural.
Estaban lejos de pensar y saber
que aquél acontecimiento devastador era producto de un
fenómeno natural que tiene su base en las fuerzas que,
a causa del intenso calor, actúan desde dentro del globo
terráqueo, más concretamente, un terremoto se produce
cuando las rocas de la corteza terrestre dejan de estar en tensión
para ceder y romper hasta que vuelven a encontrar acomodo de forma
natural. Dependiendo de que el movimiento telúrico sea
más o menos intenso, así serán las consecuencias.
El centro desde donde se inicia el terremoto o seísmo se
denomina hipocentro, siendo el punto central en el que se localiza
el seísmo en la superficie de la corteza terrestre lo que
se llama epicentro. El lugar donde se produce un terremoto es
en los límites de las placas tectónicas: las placas
o bloques de unos 100 kilómetros de espesor que se mueven
y se deslizan rozándose unas con otras, provocando un impacto
súbito e inesperado, por invisible.
Uno de los primeros estudioso
de este fenómeno fue Alexander Von Humboldt. En 1812 realizó
un estudio presencial sobre un ruinoso terremoto que se produjo
en Caracas. Von Humboldt se planteó las primeras hipótesis
de análisis desde un punto de vista científico.
Décadas después otros investigadores continuaron
la línea de estudio, entre los que cabe destacar a Robert
Maller quien ya intuyó la posibilidad de que la colisión
de fragmentos de la corteza terrestre tuvieran que ver de forma
decidida en la formación de un movimiento sísmico.
John Milne, un geólogo de origen británico ingenió
un mecanismo que más tarde el sismólogo ruso Golitzyn
perfeccionó y que ha llegado, en su forma básica,
a nuestra actualidad. El aparato se basa en un péndulo
magnético colgado entre los polos alternos de un imán,
ese movimiento pendular es el que mide la intensidad de las variaciones.
No obstante, los precursores de la invención del sismógrafo
se hayan en China, en el año I de nuestra era, ya contaban
con una especie de sismógrafo. Basado también en
el movimiento pendular, contaba con varias bolas del mismo peso
y el mismo tamaño puestas sobre el equilibrio de bocas
de dragones con la cara al cielo. Si las bolas caían, obviamente,
se había producido algún tipo de movimiento.
La medición de los terremotos sigue dos escalas, la de
Mercalli y la de Richter, aunque la más popular, científica
y utilizada es la de Richter. Los baremos utilizados son los siguientes:
Escala
de Mercalli
Escala
de Richter
1.
Casi no se percibe
2.5.
Casi no sentido, pero percibido por los sismógrafos
2.
Es muy poco percibido
3.5.
Percibido ampliamente por la población
3.
Terremoto ampliamente percibido, pero sin que se aprecie que
se trataba de un terremoto
4.5.
Se producen daños y deterioros
4. Percibido
en las estructuras de los edificios
6.
Terremoto destructivo
5.
Percibido ampliamente por la población
7.
Síntomas de terremoto importante
6.
Percibo por toda la población. Daños pequeños
8.
Terremotos altamente destructivos
7.
Daños generales. Malas construcciones destruidas
8.
Sólo resisten los edificios mejor preparados
9.
Aparecen las primeras grietas en el suelo
10.
El suelo se agrieta finalmente
11.
Pocas edificaciones resisten
12.
La Tierra ondula. Hecatombe
A lo largo de la Historia se han
producido grandes y devastadores terremotos. Un paseo cronológico
por el tiempo, nos haría recorrer toda la geografía
mundial:
San Francisco, EE UU. Quizá
sea un punto de referencia en la memoria sísmica, sucedió
en el año 1906. La ciudad de San Francisco y sus alrededores
fueron sacudidos por un terremoto de más de 8 grados en
la escala Ritcher. Su origen se encontraba en la hasta entonces
poco conocida falla geológica de San Andrés. Como
consecuencia del seísmo, y durante tres días, se
produjeron incendios que afectaron a gran parte del centro de
la ciudad, que se extendieron con mucha facilidad debido a la
falta de infraestructura para sofocarlos y a la combustibilidad
de los materiales con que estaban construidas las edificaciones.
Messina, Sicilia, Italia. En el año 1908 se produce un
terremoto que ocasiona 150.000 víctimas.
Tokio, Japón. En 1923 un sismo de magnitud de 7.9 grados
afecta a las ciudades de Yokohama y Tokio. El terremoto provoca
la muerte de alrededor de 100.000 japoneses. El centenar de réplicas
agravaron considerablemente la situación. México Distrito Federal, En esta ocasión la escala
de medición alcanzó valores que superaban la escala
en 8 puntos. 10.000 personas perecen, dejando además la
cifra de más de 40.000 heridos.
San Francisco, EE UU. 83 años después, la tierra
se mueve bajo los pies a pocos kilómetros del epicentro
de aquél devastador terremoto de 1906, que incluso afectó
al famoso puente colgante. Se alcanzaron los 7 grados Ritcher.
En esta ocasión, la evolución de la técnica
redujo el número de víctimas, que no llegaron a
la centena.
Irán. En el año 1990 la escala de intensidad Ritcher
alcanzó casi los 8 grados. Las víctimas superaron
los 30.000 personas fallecidas.
Kobe, Japón. En 1995 un grave terremoto de 7.2 grados Ritcher
afecta a Japon provocando en Kobe mas de 5.000 muertos, es la
peor catástrofe de los últimos 50 años. Los
incendios que afectaron la zona pusieron en crisis a los servicios
de emergencias, fuertemente cuestionados por la relativa eficacia
demostrada en las primeras horas de la catástrofe.