Males ambientales

Males de los Desiertos

Se conoce o se denomina científicamente desierto aquel territorio que tiene una precipitación anual medida inferior a los 250 milímetros. Son los que se denominan áridos.

En segundo lugar se encuentran aquellos territorios que cuentan con una precipitación media de 100 milímetros al año, y que se conocen como extremadamente áridos.

Las latitudes en las que se sitúan los desiertos están entre los 20º y 40º centígrados.

En el mundo, la proporción de territorios con precipitaciones inferiores a los 70 mililitros de agua de lluvia por año es del 5 por ciento del total de terreno desértico que, en conjunto, llega a sumar el 30% de la extensión de la Tierra, extensión habitada, a su vez, por casi mil millones de personas. La mayor parte de los países que cuentan entre sus paisajes con desiertos son países en vías de desarrollo.

Aumento de las temperaturas, descenso de las precipitaciones

A los desiertos, como al resto del planeta, le acechan ciertos peligros que de no corregirse pueden infligirle aún más daño. Esto perjudica también, como no podía ser de otra forma, a todos los habitantes de aquellas latitudes haciéndose extensivo al conjunto del planeta Tierra. El mayor peligro es el aumento de las temperaturas. Si la mayor parte del planeta corre riesgos por el aumento de las temperaturas a medio plazo, las zonas pobladas de desiertos corren aún más riesgos debido a que la ausencia de precipitaciones termina por arrebatar la vida.

Una explicación más aproximada a lo antes expuesto dice que el aire de los desiertos tiende a ser muy seco, ya que la radiación solar no encuentra casi ningún obstáculo en llegar a la Tierra. Más si cabe si tenemos en cuenta que en la mayor parte de los desiertos que en la actualidad pueblan la Tierra no se reciben precipitaciones superiores a los 120 milímetros de agua de lluvia por año. Las latitudes en las que se sitúan los desiertos están entre los 20º y 40º centígrados , puntos en los que se producen flujos de aire seco procedentes de las capas altas de la Atmósfera, lo que trae como consecuencia la constante dificultad de la vida sobre esas tierras.

La Desertización en España y en el Mundo

Desertización en África

España está considerado como el país de la Unión Europea con mayores problemas de desertización. Así, se considera que casi el veinte por ciento del territorio sufre de forma directa ese mal.
España dedica, cada año, alrededor de 300 millones de euros en programas encaminados a la lucha contra el incesante problema de la desertización. De dicha cantidad económica, las partidas más importantes se destinan a la reforestación y a la prevención de incendios forestales. De forma genérica se culpabiliza a las malas prácticas agrícolas y a los incendios forestales como causantes de la desertización. En España se ha conformado el Programa Nacional de Acciones contra la Desertización, entre cuyas iniciativas está la celebración del Día Mundial del Medio Ambiente, cuyo interés radica en poner de manifiesto al conjunto de la población los males que nos acechan.

Sobre los Males que ya afectan a los desiertos se han realizado propuestas encaminadas a promocionar las prácticas sostenibles para la gestión forestal, la forestación y, lo que es tan importante o más si cabe, la reforestación. Este tipo de propuestas son promovidas por organismos de carácter internacional, siendo la Organización de Naciones Unidas el eje alrededor del cual se genera la práctica gubernamental de los países del planeta.

La Convención de lucha contra la Desertización se puso en funcionamiento en el mes de diciembre del año 1.996, aunque dos años antes ya había sido abierta a la firma. Al mismo tiempo se abrían a la firma, y con exhorto en el cumplimiento, el Convenio Marco sobre el Cambio Climático y el Convenio sobre la Diversidad Biológica. Con fuerza jurídica, es decir, con la obligación en el cumplimiento, se estableció la Agenda XXI, proveniente de la Cumbre para la Tierra, la mejor conocida como Declaración de Río (de Janeiro). Dentro de las más de dos mil quinientas propuestas reunidas en la Agenda XXI se pueden encontrar las más diversas recomendaciones que toman en cuenta los problemas de forma aislada, aunque formen un todo. La prevención de la deforestación y el fomento de la agricultura sostenible están incluidos en el ideario de lo firmado por la práctica mayoría de los países alrededor de la mesa de trabajo de Naciones Unidas.

España dedica, cada año, alrededor de 300 millones de euros en programas encaminados a la lucha contra el incesante problema de la desertización.

Uno de los graves problemas de los países que sufren la desertización de sus territorios es la escasez de recursos, pues la mayor parte son países que salieron de la Colonización hace relativamente poco tiempo y no han logrado aún superar la dependencia económica de Occidente. La situación se complica cuando además las condiciones meteorológicas son adversas para la agricultura y la ganadería, sectores preponderantes de su economía.
A pesar de ello existen iniciativas que, aunque al ser a nivel local no cuentan con los suficientes medios materiales, sirven para comenzar a andar el camino, como en Namibia que se ha puesto en marcha una campaña nacional de carácter urgente para deshacerse de los graves problemas causados por la desertificación. Grupos de mujeres, jóvenes y miembros de Organizaciones No Gubernamentales trabajan en el propio terreno, en las zonas más desertificadas del país: Namib, Karoo y el desierto de Kalahari.

En realidad, todos los programas de investigación y puesta en práctica de soluciones medioambientales están, de algún modo, relacionados. A la Desertización le afecta el cambio climático global, el calentamiento de la Tierra, la Lluvia Ácida y también la mano directa del hombre, con especulaciones, vertido de residuos en lugares inadecuados y un largo etcétera que ya empieza a convertirse en tópico.

...por José Carlos Bermejo

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