Asesinatos en la Costa del Sol
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¿Quién es King? ::
La Costa del Sol española había pasado a ser la Costa de la Muerte desde que Rocío Wanninkhof perdió la vida en Mijas el 9 de Octubre de 1999.
El cadáver de esta muchacha de sonrisa amplia, de larga mata de pelo rubio, apareció casi un mes después, el 2 de noviembre, en unos terrenos pertenecientes al club de tenis
"Altos del Rodeo" enclavado en la localidad de Marbella. Muy cerca de donde fue hallado el cuerpo sin vida de Rocío, algún agente policial recogió una colilla y la guardó en un pequeño sobre. Un gesto insignificante que años más tarde tendría una importancia vital en el esclarecimiento de este asesinato.
Por lo pronto, el silencio más profundo se extendió
como una pesada losa sobre este crimen. Todo
hacía pensar que la impunidad iba a enseñorearse
del caso. Pero, sorprendentemente, Dolores Vázquez, una
amiga de la familia Wanninkhof, fue detenida, acusada de haber
asesinado a la joven Rocío, juzgada y condenada por la
Audiencia Provincial de Málaga el 10 de Septiembre del
2001. Un jurado popular la declaró culpable y la sentencia
que se le impuso fue de 15 años y un día, además
de una indemnización para los allegados de la víctima
que alcanzó la cifra de 108.182 euros.
Dolores Vázquez recurrió esta sentencia y en febrero
del 2002 el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía
la dejó sin efecto y determinó que el juicio debía
de volver a celebrarse por insuficiencia de razonamiento en el
veredicto aplicado.
El verano
del año 2003 en La Costa del Sol estaba siendo
especialmente caluroso.
El caso de Rocío Wanninkhof
había alcanzado un fuerte impacto social. Las imágenes
de Dolores Vázquez en el momento de su detención
y en el de su condena se alternaban con declaraciones de Alicia
Hornos, madre de la joven asesinada, que vehementemente aseguraba
que su antigua amiga era la culpable de esa muerte. Se ventilaron
intimidades, supuestas relaciones lesbianas entre Alicia Hornos
y Dolores Vázquez. Despechadas fricciones entre ambas mujeres
podrían haber sido la causa de una posible venganza en
la que Rocío habría sido la víctima inocente.
Mientras tanto, se fijaba para el 14 de Octubre del año
2003 la celebración del segundo juicio. El verano del año
2003 en La Costa del Sol estaba siendo especialmente caluroso.
Las luces de neón permanecían encendidas hasta altas
horas de la noche. El crimen del pueblo de Mijas parecía
olvidado. Las muchachas ya no temían adentrarse por las
callejas solitarias de las poblaciones malagueñas.
Pero el 14 de Agosto se iba a
reeditar con bastante exactitud aquel viejo crimen que había
tenido a Rocío Wanninkhof como desgraciada protagonista.
En esta ocasión iba a morir otra joven. Si Rocío
sólo había vivido 19 años, esta nueva víctima
sucumbiría a los 17. Su nombre era Sonia Carabantes y el
pueblo donde se perpetró su asesinato iba a ser Coín,
a muy pocos kilómetros de Mijas.
La Costa del Sol volvía
a ser por segunda vez en tan solo cuatro años la Costa
de la Muerte. Las características de este segundo asesinato
venían a coincidir con bastante exactitud con el crimen
cometido en 1999. En ambos casos se trataba de una muchacha brutalmente
asesinada, a la que el autor había realizado tocamientos
sin consumar una violación. El cuerpo de Sonia Carabantes
fue hallado en la población de Monda, cinco días
después de su muerte, tras una frenética búsqueda
en la que participaron numerosos voluntarios y las fuerzas del
Orden con perros rastreadores que resultaron decisivos en el hallazgo
definitivo. Este segundo asesinato alertó especialmente
a la policía. Desde Madrid llegó un equipo de investigadores
científicos que recogieron todo tipo de huellas y sometieron
a examen de identidad genética (ADN) unos segmentos de
piel humana encontrados en las uñas de Sonia Carabantes.
Los resultados del análisis de ADN contribuyeron a configurar
el perfil del asesino. Ahora ya se sabían una serie de
datos concretos. Pero la identidad del autor permanecía
en el anonimato. Era como buscar una aguja en un pajar. La carencia
de un banco de datos en el que poder realizar comprobaciones limitaba
extraordinariamente la eficacia de los análisis del ADN.
Entonces, surgió la sorpresa. Aquella insignificante colilla
recogida en el lugar del crimen de Rocío Wanninkhof presentaba
unos restos orgánicos –saliva- cuyo ADN coincidía
con el hallado en la piel que Sonia Carabantes había podido
retener entre sus uñas y que pertenecían a su agresor.
El crimen de Mijas y el de Coín se enlazaban. La misma
persona había estado presente en ambas muertes. Por fin,
la acción investigadora de la policía hallaba un
camino por donde adentrarse.
Como consecuencia de estos últimos
acontecimientos comenzaron a tambalearse las hipótesis
policiales sustentadas hasta ese momento. Dolores Vázquez
no era la persona que se podía detectar a través
del ADN analizado. Resultaba obvio que ella no era ningún
hombre y el ADN pertenecía a un ser humano del género
masculino. En todo caso, si Dolores Vázquez había
intervenido en el crimen no lo había hecho sola. Un acompañante,
al menos, había estado a su lado y la había ayudado
a cometer su fechoría. También cabía la posibilidad
de que esa mujer ya juzgada y condenada, que había pasado
17 meses de su vida entre rejas, y sobre la que pendía
la celebración de un segundo juicio, fuese inocente. Había
llegado el momento para la policía y también para
el estamento judicial de plantearse la posibilidad de que habían
cometido un tremendo error.
La detención de Tony Alexander
King, un británico residente en Alahurín el Grande,
población malagueña, el 18 de Septiembre del año
2003, despejó casi todas las dudas. El ADN de la colilla
de Mijas y de la piel encontrada bajo las uñas de Sonia
Carabantes señalaban inequívocamente hacia este
nuevo sospechoso. Ahora se podía afirmar sin lugar a equívocos
que ese hombre de 38 años había estado en el lugar
de ambos crímenes y, al menos en el segundo de ellos, había
participado directamente. Tres días después de su
detención, Toni A. King se autoinculpó de las muertes
de Sonia Carabantes y de Rocío Wanninkhof. Los detalles
aportados en su declaración resultaban suficientemente
esclarecedores. Reveló pormenorizadamente la manera como
llevó a cabo sus acciones en solitario. Prácticamente
dibujó con sus palabras cada uno de los golpes que les
propinó a sus víctimas, cada una de las cuchilladas
que les asestó. Exculpó totalmente a Dolores Vázquez
y manifestó que ni siquiera la conocía. Por su parte,
la sociedad española vivía todos estos acontecimientos
como un auténtico culebrón. Pero los capítulos
más sorprendentes se hallaban aún en la recámara
de sus principales protagonistas.
Exculpó
totalmente a Dolores Vázquez y manifestó que
ni siquiera la conocía.
Por una parte, Robert Terence
Graham, amigo de Tony King, fue apresado por la policía
española y acusado de encubrir el crimen de Mijas. Según
la legislación vigente, el tiempo transcurrido lo exoneraba
de cualquier responsabilidad al haber prescrito su delito y la
juez de Fuengirola decretó su libertad. Este mismo personaje,
Robert T. Graham, aún daría más juego. El
5 de Octubre se sometió en presencia de la Guardia Civil
a una sesión de hipnosis regresiva y manifestó que
la asesina de Rocío Wanninkhof era una tal Dolly o Loli,
la mujer del periódico, en clara referencia a Dolores Vázquez,
quien, en base a este género de declaraciones rocambolescas,
volvía a situarse en el ojo del huracán. Y
para que el interés no decreciera ni un ápice, el
principal inculpado, Tony A. King, realizó una nueva y
sorprendente declaración ante la juez de Fuengirola, manifestando
que el auténtico asesino de Rocío Wanninkhof fue
su amigo Graham, en defensa de los intereses inconfesables de
unas mafias inmobiliarias ubicadas en la Costa del Sol.