Seres y lugares misteriosos

Calamar Gigante
:: El gran desconocido de las profundidades marinas ::

En 20.000 Leguas de Viaje Submarino, Julio Verne narra la heroica lucha que mantienen los ocupantes del Nautilus contra un grupo de Calamares Gigantes.

Julio Verne

Esa lucha se realiza sobre la superficie de las aguas y el autor se recrea en dar todo tipo de detalles en torno a criaturas tan monstruosas. Dotadas de una ferocidad extrema, una vez puesto cerco a su víctima, en este caso la nave submarina del capitán Nemo, se adhieren al casco, neutralizan sus motores, y ni siquiera el hecho de emerger a la superficie disuade a estos terribles habitantes de los fondos marinos. Las hachas, los arpones y la valentía desenfrenada de cuantos intervienen en la lucha, logran conjurar tan descomunal peligro. Pero la muerte de un marinero deja constancia de una agresividad que Julio Verne, en su famosa obra, no atribuye ni siquiera a los tiburones.

Se sospecha que estos portentosos calamares pueden llegar a pesar una tonelada y a medir cerca de 20 metros, incluyendo en esta cifra sus larguísimos tentáculos.

La existencia de estos seres gigantescos no hay que adjudicársela a la imaginación de Julio Verne que, sobre ser exuberante, se apoya en conocimientos adquiridos por la ciencia de su época y divulgados a través de publicaciones. Escrita en 1870, 20.000 Leguas de Viaje Submarino cuenta con los referentes científicos de Johannes Japetus Smith, quien, en 1856, ya se había referido a los Calamares Gigantes y les había aplicado por primera vez el nombre genérico de Architeuthis Dux. También del enigmático fondo de las tradiciones y de las leyendas, no suficientemente desentrañadas por el hombre moderno, pudo el imaginativo escritor obtener datos para la descripción de estos seres misteriosos. Entre el pueblo noruego circulaba, desde el siglo XII, la leyenda del monstruo marino Kraken, una especie de Calamar Gigante de proporciones desorbitadas –llegaba a comparársele con un islote- cuyos tentáculos podían levantar por los aires a un navío y arrojarlo a gran distancia. Las evidencias de un cefalópodo de grandes proporciones circulaban, pues, por las dos grandes vías que usa el ser humano para conocer el mundo: la fantasía y la ciencia.

En el mundo de la fantasía nos encontramos con un ser monstruoso, indómito, que emerge a la superficie y ataca a los navegantes que circulan por sus inmediaciones. La ciencia, en cambio, trata de demostrar la existencia de un ser de proporciones, asimismo, grandiosas, pero ajeno al devenir de los hombres y sumido en los fondos abisales, amparado por la oscuridad más impenetrable y por el casi absoluto desconocimiento que de él tiene el hombre.

Se sospecha que estos portentosos calamares pueden llegar a pesar una tonelada y a medir cerca de 20 metros, incluyendo en esta cifra sus larguísimos tentáculos. Hasta la fecha, sólo se han hallado ejemplares más pequeños varados en las playas tras su muerte o atrapados en las redes de los pescadores. Las medidas de estos hallazgos han sido discretas, si bien sobresale la captura que se realizó en el año 2000 en Tasmania, al sur de Australia, y que llegó a pesar 250 kilogramos y a medir 15 metros. Como en anteriores ocasiones se trató de un ejemplar muerto que las olas habían depositado en la costa de Hobart. La observación pormenorizada del animal, proporcionó el descubrimiento de un haz de músculos que mantienen unidos sus ocho tentáculos con el cuerpo, cosa que hasta entonces se ignoraba.

Calamar gigante

Descubrimientos como ése han provocado entre los naturalistas, biólogos e investigadores en general la sospecha de que el Calamar Gigante pueda hallarse dotado de unas características que lo hagan diferente de sus congéneres más pequeños. Ya adentrados en el siglo XXI, un tropel de preguntas se amontonan sobre las mesas de trabajo de quienes van tras su pista, y las respuestas no se producen o van llegando con una lentitud que los desespera. Se quieren comprobar aspectos tan elementales como su forma de nadar, la velocidad de sus movimientos, la potencia de su flujo reactivo, su posible flotabilidad neutra, si su vida transcurre solitariamente o en grupo, su grado de voracidad, y tantas cosas más que hoy por hoy se suponen, pero que no están constatadas y por lo tanto no ocupan espacio en los libros científicos. Un ejemplo lo puede constituir las especulaciones en torno a la bolsa de tinta, característica de los cefalópodos más pequeños y que viven en aguas más claras. Se sabe que, ante un peligro manifiesto, el calamar o el pulpo arrojan una nube de tinta oscura con el fin de confundir a sus enemigos y quedar ocultos a su vista. En el Calamar Gigante, la existencia de esa bolsa puede representar un gasto superfluo al que la Naturaleza, en general, no es muy propensa; puesto que estos seres tan voluminosos viven en profundidades de 400 a 1.500 metros, adonde los rayos del sol no tienen acceso y, por lo tanto, impera la más absoluta negrura.

No nos debe extrañar, pues, que el mundo de la ciencia se halle en zafarrancho de combate continuo en el tema del Calamar Gigante. En los tres océanos más importantes del globo terráqueo – el Atlántico, el Pacífico y el Índico- se han llevado a cabo operaciones de búsqueda a cargo de organismos de grandísimo prestigio. Por parte de EEUU se ha significado especialmente el Museo Nacional de Historia de Washington; los japoneses, grandes filmadores de todo cuanto existe, se han movido también a través del Centro de Ciencias Marinas del Japón; y, por último, en un ámbito más cercano, han organizado expediciones de investigación la entidad francesa Fremer y la española Ecobiomar. Hasta la fecha, ninguna operación de estas ha culminado sus trabajos aportando pruebas tangibles sobre la vida del Calamar Gigante de mayores dimensiones, lográndose en cambio capturas más modestas que en ningún caso llegan a superar los quince metros ni los 300 kilogramos de peso, como es el caso de algún ejemplar muerto encontrado en playas australianas.

¿Quién podría, pues, negar la posibilidad de que en alguna zona oscura e ignorada de los océanos habitaran los enigmáticos y misteriosos Calamares Gigantes?

En las costas españolas, los Calamares Gigantes que se han encontrado pertenecen a la clase Taningia Danae, más pequeños que los Architeuthis y de menor valor científico, por tanto. La zona en donde se planifica su búsqueda y captura se halla frente a las costas asturianas, a 15 millas aproximadamente de Gijón, en el caladero de Carrandi. La captura de mayor peso se aproxima a los 125 kilogramos. En esta misma región del norte de España, a finales de la década de 1990, las empresas Transglobe Films y Ecobiomar organizaron la expedición Kroken con el propósito de obtener fotografías filmadas del Calamar Gigante en pleno desarrollo de sus actividades vitales. La consecución de un film de estas características iba a representar para los investigadores naturalistas un hallazgo importantísimo puesto que hasta esa fecha no se habían conseguido imágenes de tan gigantescos animales vivos. La expedición fracasó y aunque el equipo que la componía pudo filmar hermosos documentales sobre la fauna y la flora marinas del cantábrico, la gran estrella, el Calamar Gigante, logró esfumarse una vez más.
La expedición, no obstante, de más calado científico y de mayores posibilidades económicas se desarrolló en 1999 en aguas de Nueva Zelanda, en la zona conocida como el Valle del Koikoura. El sistema que habían elegido estos científicos, a cuyo frente se encontraba Clyde Roper, resultaba verdaderamente ingenioso. Se acoplaron unas cámaras al cuerpo de un cachalote, principal y casi único depredador del Calamar Gigante, con la esperanza de poder filmar algún episodio que tuviera como protagonistas a estos dos titanes de la fauna marina. Pero también en esta ocasión el proyecto se vino abajo cuando las cámaras se desprendieron y quedaron inservibles.

Tal vez los escépticos entonen sus cánticos de siempre proclamando la inexistencia de estos seres. Tal vez la ausencia de imágenes sobre ellos en un mundo donde impera la imagen sea el argumento de mayor peso que esgriman para dirimir su realidad como seres vivos o su pertenencia al mundo de la más pura fantasía.
Pero hay cuestiones que no se pueden obviar en todo este asunto. En primer lugar, las marcas que se han encontrado en algunos cachalotes provocadas por los tentáculos de los Calamares Gigantes en su dramática lucha por escapar de su depredador y que señalaban unas longitudes que se aproximan a los 16 metros que junto a los 4 de sus cuerpos representarían las dimensiones propuestas por los investigadores del tema más optimistas.
Y en segundo lugar, conviene recordar que el ser humano desconoce casi en su totalidad la fauna marina que habita más allá de los 400 metros de profundidad. El Calamar Gigante según todos los indicios desarrolla su actividad en una franja que se extiende entre los 1.000 y los 1.500 metros, suficiente profundidad para que resulte más desconocido que cualquier roca de Marte que tan nítidamente está siendo fotografiada en la actualidad por ingenios de telecomunicación enviados por el hombre al planeta rojo.
Se ha constatado que el ser humano desconoce el 99% de las profundidades marinas. ¿Quién podría, pues, negar la posibilidad de que en alguna zona oscura e ignorada de los océanos habitaran los enigmáticos y misteriosos Calamares Gigantes?

...por Ana Sanel

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