Días de trueno, dirigida por Tony Scott en 1990, cuenta
la historia de Cole Trickle (Tom Cruise), un joven apasionado
por el mundo de los coches y las carreras y que a lo largo de
los años se ha forjado la idea cada vez más poderosa
de que sólo está satisfecho cuando gana las competiciones
que disputa y sea el mejor.
Está
obsesionado por ganar, por el triunfo y no ve más allá,
por mucho peligro que esto pueda suponer.
Curiosamente un hombre de negocios
llamado Tim Daland se fija en él y le mete en el mundillo
de las carreras y pronto formará parte del equipo Nascar
del mítico constructor Hary Hogge. Participa por fin en
la Copa Winston de Daytona 500, pero un brutal accidente echa
al traste todas las esperanzas y lo que es peor, le deja gravemente
herido, es más, salva la vida de milagro. Pero Cole es
un tipo afortunado porque se cruzará en su camino una hermosa
doctora, Claire Lewicki (Nicole Kidman), que le cuidará
en todo momento y le animará a recuperarse cuanto antes
y poder competir de nuevo.
La película es muy típica,
aporta bastante poco y cae en muchos de los tópicos del
cine. Primero hay un protagonista totalmente inconsciente que
no sabe distinguir lo que está bien o mal, lo que es desproporcionado
y lo que tiene o no importancia. Vive en una ceguera permanente
que le hace ser insoportable a todas luces, lo que resulta en
ocasiones muy poco creíble. Una cosa es ser temperamental,
tener un carácter fuerte, lo cual es bastante habitual
en grandes campeones, pero otra cosa muy distinta es mantener
enfrentamientos personales en todo momento con los rivales, algo
que es muy poco profesional, y también con los propios
compañeros. Luego los tópicos se siguen sucediendo
con el accidente: esa actitud tan poco positiva, cabezota, y muy
poco madura tiene que acabar mal, de la forma más cruel
para que la persona en cuestión aprenda bien la lección.
Así que se queda sin correr por una temporada para que
en la próxima ocasión vaya con otra mentalidad.
Este moralismo bastante común tiene que desembocar en otro
punto ya más suave, no tan duro con el joven; y es en este
caso cuando aparece la chica, cuyo papel es bastante ridículo
y está bastante desaprovechado porque estamos hablando
de Nicole Kidman, reciente ganadora de un Oscar.
Si
esta película es siempre recordada no lo
es por supuesto por su calidad sino por el romance
que comenzó a gestarse entre los dos protagonistas
Tom Cruise y Nicole Kidman.
Todo este trayecto bastante poco
original de la película nos debería llevar a una
conclusión de todo lo visto. Pero uno no sabe muy bien
cuál es el sentido final del filme. No parece que haya
una crítica clara al mundo del automovilismo y el peligro
que puede ocasionar, sería realmente absurdo a estas alturas.
Lo único claro es que la actitud que muestra el personaje
de Tom Cruise no es positiva para nada en la vida, y por supuesto
para competir con un coche mucho menos.
Si esta película es siempre
recordada no lo es por supuesto por su calidad sino por el romance
que comenzó a gestarse entre los dos protagonistas Tom
Cruise y Nicole Kidman. Hacían una pareja muy poco convencional
porque ella era mucho más alta que ella, pero el caso es
que se casaron el 24 de diciembre de 1990 en Telluride (Colorado),
en el que era el segundo matrimonio de Cruise, casado anteriormente
con Mimi Rogers. La pareja ha estado más de diez años
juntos, y hace sólo un par de años que se separaron
oficialmente. No sabemos la parte de culpa que tuvo en todo esto
la actriz española Penélope Cruz pero lo cierto
es que se ha convertido en la actual pareja del actor norteamericano.
La película está
dirigida por Tony Scott, el hermano del también director
Ridley Scott, que pese a la intranscendencia del guión,
sabe mantener bien el pulso narrativo y sobre todo se exhibe en
las carreras de coches, que son espectaculares, como ya hiciera
con "Top Gun" en 1986. Es evidente que Scott quiso
repetir el éxito de aquel filme de aviones con éste otro, cambiando las alas por las ruedas. "Top Gun"
tampoco era una gran película, tenía unas carencias
similares a "Días de trueno" pero en ese instante sí agradó al público
en general, que descubrió a un actor del que poco se había
hablado y que saltó a la fama, Tom Cruise.
Capítulo especial merecen las carreras de la película,
desde luego lo mejor con mucho. Scott sabe darlas emoción
hasta el último instante, vemos primeros planos, generales,
va combinando su objetivo a medida que la prueba va avanzando
y los bólidos cogen enormes velocidades. La dificultad
es extrema también para que el espectador se entere de
lo que está sucediendo y sin embargo en todo momento sabemos
quién va delante. Quizás fueron las mejores carreras
de coches que se han rodado, si bien tampoco se han rodado demasiadas,
siempre han llamado la atención más los aviones
y en sus tiempos las cuadrigas. Y acompañando a estas competiciones
la banda sonora de uno de los grandes Hans Zimmer (Gladiator).
"Días
de trueno", desde el punto de vista cinematográfico,
quedará para la historia por aquellas maravillosas
carreras de coches.
La carrera de Scott prometía mucho al principio con "El ansia", que sin ser algo
realmente magnífico sí tenía interés
y sobre todo era bastante arriesgada y personal. Pero las siguientes
producciones decepcionaron, desde "Top Gun", "Días
de trueno" hasta "Revenge" con Kevin
Costner. Algo más decente fue "El último Boy
Scout" con apropiadas dosis de violencia, humor, para una
cinta que hace las delicias de los aficionados al género
de aventuras. Mucho mejor que las anteriores es "Amor a
quemarropa" con Christian Slater y Patricia Arquette, sobre
un guión de Quentin Tarantino y la música de nuevo
de Hans Zimmer. En la actualidad destaca "Spy Game"
con un duelo un tanto irregular entre Brad Pitt y Robert Redford.
La película tiene algunas
curiosidades interesantes como el hecho de que se destruyeran
35 coches durante el rodaje y que Cruise quería participar
él mismo en algunas de las escenas peligrosas de la película.
Al final no pudo hacerlas porque el seguro no se lo permitió.
En su lugar el piloto de NASCAR Greg Sacks estuvo en los momentos
de más riesgo. Y lo más curioso de todo fue que
a Tom Cruise le pusieron una multa por conducir a 85 mph en una
zona que sólo se permitía 55 mph. No deja de ser
curioso que pase esto precisamente en una película de carreras.
"Días de trueno", desde el punto
de vista cinematográfico, quedará para la historia
por aquellas maravillosas carreras de coches, filmadas de manera
magnífica, y desde el punto de vista no cinematográfico,
quedará como el momento en que se conocieron Kidman y Cruise,
una de las parejas que más han dado que hablar en los últimos
años.