Johann
Sebastian Bach (1685-1750) es sin lugar a dudas uno de los más
grandes genios de la música, y el mejor y más conocido
compositor y organista de la época barroca.
Sus obras están
claramente ligadas a la música religiosa del momento, aunque
son también dignas de mención sus obras instrumentales
profanas. Entre ellas se destacan los ‘Conciertos de
Brandemburgo’, ‘El clave bien temperado’,
‘El arte de la fuga’, ‘La pasión
según San Mateo’, ‘Tocata y fuga en
Re menor’ y más de 2000 cantatas, oratorios
de navidad, etc.
Con
18 años comienza a trabajar como violinista
de la capilla privada del duque Johann Ernst de Saxony-Weimar.
Nació el
21 de marzo de 1685, en Eisenach, Alemania, en una familia de
la que salieron bastantes músicos prominentes. Bach recibió su primera instrucción musical de su padre,
Johann Ambrosius, un gran violinista, del que aprendería
sobre todo conocimientos básicos sobre los instrumentos
de cuerda. A la vez el organista de la Iglesia más importante
de Eisenach le enseñaba cómo tocar el órgano.
Al morir su padre en 1695 se fue a estudiar con su hermano mayor,
Johann Christoph, organista en Ohrdruf. Allí continuó
su estudio del órgano y comenzó a instruirse en
el clavicordio. En 1700 ganó una beca para estudiar en
Lüneburg, ciudad al norte de Alemania, así que abandonó
a su hermano y comenzó a trabajar allí en el coro
de la Iglesia de San Miguel.
Con 18 años
comienza a trabajar como violinista de la capilla privada del
duque Johann Ernst de Saxony-Weimar, pero ese mismo año
deja al duque para irse a Arnstadt como organista de la Neue Kirche,
tercera iglesia más importante de la ciudad. En octubre
de 1705, durante un mes de vacaciones que se alargó hasta
enero del año siguiente, viaja a Lübeck para conocer
al organista danés Dietrich Buxtehude, quien influenció
enormemente al joven Bach. Esta influencia no
fue muy bien acogida a su regreso a Arndstadt, por lo que en 1707
deja su empleo y se traslada a la iglesia de San Blas en Mühlhausen.
Las cosas allí están más calmadas y en octubre
de este mismo año se casa con su prima segunda, María
Bárbara Bach.
En este periodo
se interesa por la música vocal religiosa. Pero pronto
surgen disputas teológicas en las que Bach se ve salpicado, y decide en 1708 regresar a Weimar. Allí
se emplea como violinista y organista en la corte del duque Wilhelm
Ernst y después de su sobrino y sucesor Johann Ernst Junior.
En 1708 tiene su primer hijo, Catharina Dorotea, seguida de dos
varones: Wilhelm Friedemann en 1710 y Carl Philiph Emanuel en
1714. Es una etapa feliz y tranquila en la que Bach se dedica a la composición, sobre todo de cantatas, y a
la remodelación del órgano de la capilla de Weimar.
Además su fama se extendió más allá
de las fronteras de Weimar, y le surgieron otras propuestas de
trabajo (que rechazó gracias a que el duque duplicó
su salario) y numerosos alumnos a los que enseñar. Una
disputa entre los duques de Weimar hizo que a Bach se le prohibiera escribir para el duque rival a pesar de la amistad
que los unía, por lo que se ofendió diciendo que
él solo escribía para el honor de Dios y no de ningún
hombre y se despidió.
Así en
1717 comenzó a trabajar como director musical en la cámara
de la corte del príncipe Leopold de Anhalt-Köthen.
Aquí gozaba de una gran libertad: viajaba a menudo, componía
música instrumental (de esta época es el Concierto
de Brandemburgo)... Incluso preparó música para
sus hijos con el fin de enseñarles la técnica del
órgano. En 1720 muere su esposa, y muy poco tiempo después
se casa con Anna Magdalena Wilcken, preciada soprano, con la que
tendría 13 hijos (de los que sobrevivieron 6), además
de los cuatro de su primera esposa. El príncipe Leopold
se casó con una prima suya, a la que echó la culpa
del declive musical en Köthen. Pero lo cierto es que el príncipe
debía contribuir a la financiación del ejército
prusiano, por lo que el dinero destinado a la música debía
disminuir necesariamente... Debido a esto y a las necesidades
educacionales de sus hijos, Bach se decidió a buscar otro trabajo.
En 1723 recibe
una suculenta oferta: el puesto de director musical en la iglesia
de Santo Tomás, en Leipzig, donde permanecería ya
hasta su muerte. La Escuela de la Iglesia de Santo Tomás
tenía una gran fama debido a su coro, y en la época
de Bach se convirtió en una especie de
instituto del que se surtían las cuatro mayores iglesias
de Leipzig para los coros de sus celebraciones religiosas. Los
mejores cantaban en Santo Tomás o San Nicolás y
el resto iban a las otras dos iglesias. En este periodo retoma
su faceta de músico religioso y trabaja más que
nunca, creando en algunas etapas hasta una cantata a la semana.
A esto se debe la increíble cantidad de obras que escribe,
sobre todo en los años 20, de la que se dice que es la
más sorprendente explosión creativa de la música
occidental. Sorprendente incluso para la época barroca,
que es especialmente fructífera, con compositores como
Telemann, del que se decía que podía escribir una
cantata en un día y que las escribía tan fácilmente
como se escribe una carta. Pero no es una etapa feliz en su vida:
personalmente, se suceden las muertes de sus hijos con Anna Magdalena;
profesionalmente es obligado a enseñar latín (finalmente
se niega, teniendo que pagar de su sueldo al sustituto) y cobra
un cuarto de lo que cobraba en Köthen, por lo que debe completar
su salario con servicios musicales para bodas y funerales.
En la última
etapa de su vida Bach se queda prácticamente
ciego debido a unas cataratas, que trató de operar
sin éxito en 1750 en Gran Bretaña.
Son famosas también
sus disputas con las autoridades de Leipzig, sobre todo con la
Universidad. La Universidad de Leipzig pretendía hacerse
menos dependiente de la escuela de Santo Tomás, por lo
que creó un servicio ‘nuevo’ en su iglesia
de San Pablo (un nuevo horario de misa), en contraposición
con el antiguo servicio llevado por la iglesia de Santo Tomás.
Pero más tarde, dejó ambos servicios en manos del
organista de la Escuela de San Nicolás, lo que puso furioso
a Bach, ya que perdía una de sus principales
fuentes de ingresos. Por eso decidió dedicarse a otros
proyectos como el Collegium Musicum, del que asumió en
1729 la dirección. Desde 1730 su enorme producción
de cantatas religiosas disminuyó notablemente debido al
desagrado de Bach con su situación en
Santo Tomás, pero el Collegium Musicum supuso un nuevo
reto. Se realizaba un concierto semanal en el Café de Zimmermann,
al que incluso compuso una cantata (Coffee Cantata) a modo de publicidad.
Se produjo un cambio en la composición, y Bach comenzó a realizar más cantatas seculares que religiosas.
En eso influye que en 1736 fuese nombrado Cappellmeister de Dresde,
con lo que minimiza sus esfuerzos como ‘cantor’ en
Leipzig y se vuelca en realizar obras de su propia elección,
en las que refleja la influencia de la activa vida musical de
Dresde. En esta época realiza viajes a Berlín, donde
realiza un concierto para Federico el Grande, al que causa una
grata impresión.
En la última
etapa de su vida Bach se queda prácticamente
ciego debido a unas cataratas, que trató de operar sin
éxito en 1750 en Gran Bretaña. El 28 de Junio de
ese mismo año fallecía en Leipzig de diabetes, días
después de dictarle a su yerno la que sería su última
obra: "Vor deinen Thron tret ich hiermit" (Ante
Tu Trono, Mi Señor, yo me mantengo).