Francisco
Asenjo Barbieri es un nombre que sigue sonando entre los amantes
de la zarzuela, un género musical que tuvo su máximo
apogeo en la España del siglo XIX y que atrajo a las jóvenes
promesas musicales que luchaban por una música de carácter
nacional que se alejara de la influencia del italianismo. Pronto,
Barbieri se convirtió en un compositor muy popular que
dedicó parte de su vida a la investigación en su
campo, el de la música.
La gran corriente
europea del siglo XIX fue el Romanticismo que triunfará
en casi todo el continente. Músicos estelares como Beethoven, Chopin y Wagner se dejarán escuchar en Alemania. En Francia sobresale Bizet, mientras que en Rusia Tchaikowsky y Borodin.
Por otro lado, en Italia la ópera romántica llega
a su culminación y se difunde rápidamente por toda
Europa. Precisamente en España se impone la ópera italiana y muchos músicos se dedican a imitarla mientras
que otros, como Barbieri, tratan de hacer resurgir
un género español propio, la zarzuela.
Barbieri
nació en Madrid en 1823 y aunque su apellido paterno era
Asenjo, prefirió utilizar el materno. Quizás pensó
que este último podía abrirle más puertas,
ya que la ópera italiana entró con fuerza en la
España de su época, justo en el momento en que el
compositor madrileño intentaba hacerse su sitio entre los
grandes, hecho que no tardó en cumplirse.
Su etapa de formación
musical empezó en el Conservatorio de Madrid, donde estudió
piano con Pedro Albéniz, clarinete con Ramón Broca
y canto con Baltasar Saldoni. Barbieri contaba
entonces con catorce años. Más adelante, iniciará
también estudios de composición con Ramón
Carnicer. Aún así, sus comienzos en el mundo de
la música no fueron fáciles. Durante un tiempo se
ganó la vida como primer clarinete de una banda militar,
tocando este instrumento en teatros pequeños y dando lecciones
de piano. También en esos primeros pasos que lo llevarán
a convertirse en un compositor de renombre escribió algunas
canciones, valses, pasodobles y hasta un libreto de zarzuela titulado
Felipa.
En 1843, Barbieri empezó su etapa más movida. Dejó su ciudad
natal y se fue de gira con una compañía italiana
como maestro de coros y apuntador, recorriendo el norte de España.
Después de una segunda gira, esta vez por el sur del país
como director de una compañía de ópera, se
estableció por un año en Salamanca, donde ejerció
de maestro de música en la Escuela de Nobles y Bellas Artes
de San Eloy. De regreso a Madrid, desarrolló su vocación
como compositor, así se inició en el género
dramático aunque por motivos extramusicales vio frustrado
su intento de estrenar su primera ópera, Il Buontempone.
Encaprichado con este género será uno de los fundadores
de la sociedad La España Musical que tenía
como fin promocionar una ópera estrictamente española.
El estreno de
su primera zarzuela, Gloria y Peluca, en el Teatro de
Variedades de Madrid fue todo un éxito. Fue en ese momento
cuando nuestro personaje se dio cuenta que a falta de una ópera
española valía la pena luchar por un género
tan castizo como el de la zarzuela. A razón de sus ideas
resultó el máximo impulsor de la Sociedad Artística,
fundada con el propósito de dar a conocer la zarzuela.
Pero fue el seis de octubre de 1851 una fecha a recordar, Barbieri estrenó con gran éxito la zarzuela Jugar con
fuego. Con esta partitura su autor se emmarcó ya en
su estilo popular que lo hará tan conocido. Así,
esta obra, todavía hoy presente dentro del repertorio del
teatro lírico español, marcará el nacimiento
de la bautizada como zarzuela grande o de tres actos, así
como la consolidación de la zarzuela como género
propio.
Otra zarzuela
del compositor madrileño también muy aclamada por
el público de la época fue El diablo en el poder,
una obra que tuvo una prolongada existencia en los carteles. Se
representó en 1856 en el recién estrenado Teatro
de la Zarzuela que se convertirá en su escenario por excelencia
donde estrenará parte de sus composiciones siendo nombrado
secretario general del ilustre teatro. En este coliseo presentó
sus zarzuelas más importantes, Pan y toros y El
barberillo de Lavapiés. Esta última fue su
obra maestra que contó con un escritor de lujo para su
libreto, Mariano José de Larra. Tuvo una gran acogida por
el público y la crítica. La historia que envuelve
a esta zarzuela transcurre en el Madrid castizo de 1770. Una doble
historia de amor ambientada durante el reinado de Carlos III,
en el sí de una España dividida y confundida políticamente.
Relata las ansias de sustituir al italiano Grimali, ministro de
Carlos III, por Floridablanca. La obra es un compendio de canciones
populares y de lo más castizas. Encontramos sainetes, tonadillas
y algunas piezas escénicas destacando entre ellas la canción
inicial Yo soy músico y coplero, organista y sacristán.
Aunque se consagró
en el género zarzuelístico su actividad abarcó
también el terreno de la investigación. Precisamente
su trabajo como musicólogo le llevó a publicar una
serie de libros entre los que destacan Historia de una zarzuela,
Los últimos amores de Lope de Vega y Carpio yCancionero
musical de los siglos XV y XVI. Además, escribió
algunos folletos como El teatro Real y el teatro de la Zarzuela
y Las castañuelas, estudio jocoso dedicado a todos
los boleros y danzantes, por uno de tantos. Todo su esfuerzo en
materia de investigación, su trabajo como historiador y
crítico le valió para ser nombrado académico
de Bellas Artes de San Fernando y en 1891 es elegido miembro de
la Real Academia Española de la Lengua, ingresando un año
más tarde en la entidad con el discurso La música
de la lengua castellana.
El maestro Barbieri
se convierte en un personaje a tener en cuenta a la hora de adentrarse
al estudio de la música que se cultivaba en la España
del siglo XIX. Su vida, la música, un arte que cultivó
hasta sus últimos días falleciendo en Madrid en
1894. Al compositor se debe no sólo el resurgimiento de
la zarzuela en un momento en que la presencia musical italiana
impregnaba todo género del arte sonoro naciente, sino también,
la introducción en España de obras sinfónicas
que triunfaban en el resto de Europa. Dicen que a un músico
se le conoce por la herencia de su obra y la verdad es que Barbieri
dejó un gran trabajo no sólo como compositor sino
como instrumentista, musicólogo y como fundador de asociaciones
entregadas a la música.