Antonio
Vivaldi representa la culminación del barroco instrumental
italiano y tuvo un gran influjo en el desarrollo de los conciertos
para violín, ya que él era un virtuoso de este instrumento.
De Vivaldi dijo Stravinsky que no había escrito quinientos conciertos
sino quinientas veces el mismo concierto, debido a que el compositor
italiano tiene un peculiar estilo que le hace inconfundible y
asemeja sus obras entre sí. La belleza de los temas, la
claridad en la forma y la gran vitalidad del ritmo son las características
comunes a toda su obra: su huella digital en forma musical. Sus
piezas más conocidas dan prueba de ello: óperas
como ‘Ottone in villa’ (1713), ‘Tito
Manlio’ (1719), ‘Orlando furioso’ (1727)
o ‘L’Olimpiade’ (1734); música
de orquesta como ‘La stravaganza’ Op.4 (1714),
‘L’estro armonico Op.3’ (1711) o ‘La
cetra Op.9’; música de cámara como ‘VI
Sonate Op.5’ (1716); y música vocal como ‘Juditha
triumphans’ (1716) o ‘La Sena festeggiante’
(1726). Pero sin duda serán ‘Las Cuatro Estaciones’,
que son cuatro conciertos para violín y orquesta reunidos
bajo este nombre, las obras más recordadas y admiradas
de Antonio Vivaldi. Éstas se encuentran contenidas en ‘Il
cimento dell’armonia e delll’inventione Op.8’
(1725).
La belleza de los
temas, la claridad en la forma y la gran vitalidad del ritmo
son las características comunes a toda su obra.
Antonio
Lucio Vivaldi, pues este era su nombre completo, nació
en Venecia el 4 de marzo de 1678. Fue el primero de seis hermanos,
y sus padres, Giovanni Battista Vivaldi y Camilla Calicchio, decidieron
que ingresara como sacerdote, ocupación con bastantes salidas
para la educación de un joven. Sus primeras lecciones musicales
las recibe de manos de su padre, virtuoso del violín que
gozaba de una gran reputación en Venecia. En marzo de 1703
es nombrado sacerdote, aunque no ejerce como tal debido a una
dolencia de pecho, asma probablemente, que le impide celebrar
las misas. Es destinado entonces como maestro de violín
en la institución para niñas huérfanas Pio
Hospédale della Pietá, donde más tarde trabajará
como director de coros y maestro de conciertos hasta 1740. Es
para esta función para la que compone conciertos y oratorios
religiosos, ya que se realizaba un concierto semanal, y gracias
a ellos ‘il Prete rosso’ (sobrenombre que se le dio
debido a su color de pelo) consiguió fama internacional.
De hecho, muchas de sus composiciones fueron interpretadas por
primera vez por su orquesta femenina.
En 1705 publica
su primera colección, formada por doce sonatas dedicadas
a Annibale Gambara, duque veronés: es el Opus I. Cuatro
años más tarde, en 1709, aparece el opus II, formada
por otras doce sonatas para violín. Esta segunda obra fue
dedicada a Federico IV de Dinamarca durante la visita oficial
de este rey a Venecia. Pero además de estas obras, ya circulaban
manuscritos de conciertos de Vivaldi, y algunas
copias de sus conciertos para chelo realizadas por Frank Horneck
mientras estuvo en Venecia aún se conservan en la biblioteca
de los duques de Schönborn. Pero sin duda un año de
gran importancia fue 1711, cuando un editor de Ámsterdam,
Etienne Roger, publica la tercera obra de Vivaldi ‘L’Estro
armonico op. 3’, dedicada al gran Príncipe Fernando
de la Toscana. Estaba formada por doce conciertos divididos equitativamente
en obras para uno, dos o cuatro violines, y supuso el salto internacional
de Vivaldi. En Alemania fue donde se acogió
especialmente bien sus conciertos, y hasta el propio Bach transcribió
algunos de ellos. En el verano de 1713 la primera ópera
conocida de Vivaldi, ‘Ottone in villa’,
fue puesta por primera vez en escena. A ésta le seguirían
otras óperas como Orlando finto pazzo en la temporada de
1714-1715 y otras escritas para el teatro San Moisè. Es
en 1714 cuando aparece publicada su obra ‘La stravaganza
op.IV’.
En 1718 compone la
famosa ópera ‘Armida al campo d’Egitto’
para su recién estrenado puesto de Maestro di
capella da camera para el príncipe Felipe de Hesse-Darmstadt,
en Mantua.
Vivaldi permaneció en su puesto de profesor en La Pietá hasta 1716, cuando fue nombrado por sorpresa Maestro de conciertos,
función de gran responsabilidad. Este mismo año
añade un nuevo oratorio a su obra ‘Moyses deus
pharaonis’, que se llama ‘Juditha triumphans’
y contiene referencias patrióticas a la guerra de
Venecia contra los turcos; es la obra más elaborada que
realizó para La Pietá. Este año recibe la
visita de varios músicos sajones que habían ido
a Venecia a estudiar el estilo italiano, y entre ellos se encontraba
Pisendel, que se convertiría en amigo y alumno de Vivaldi y gracias al cual se dieron a conocer las obras del italiano en
toda Europa.
En 1718 compone
la famosa ópera ‘Armida al campo d’Egitto’
para su recién estrenado puesto de Maestro di capella da
camera para el príncipe Felipe de Hesse-Darmstadt, en Mantua.
Allí realiza también gran parte de sus cantatas
y serenatas para la Corte de Mantua. Tras un corto regreso a Venecia,
viaja a Roma, donde es invitado en dos ocasiones a tocar delante
del Papa. Allí compone la ópera Tito Manlio, estrenada
en el Teatro Pace. En 1723 vuelve a trabajar para La pietá,
para la que escribe dos conciertos al mes. Es alrededor de esta
época cuando empieza la asociación de Vivaldi con Anna Girò, hija de un fabricante de pelucas de origen
francés, que se convirtió en su alumna de canto.
Entre 1723 y 1748 aparecía con regularidad en las óperas
de Vivaldi, especialmente las que se hacían
en Venecia. Es extensamente conocido que Anna era su amante, a
pesar de que ellos siempre lo negaron.
Entre 1726 y 1728
continúa con sus trabajos instrumentales, aumentando su
reputación. En 1725 se publica el opus VIII: ‘Il
cimento dell’armonia e dell’invencione’,
que contiene las famosas ‘Cuatro Estaciones’
precedidas de un soneto descriptivo de las mismas. Esta obra está
dedicada al conde Wenzel von Morzin. En 1728 realiza ‘La
cetra op. 9’, dedicada al Emperador Carlos IV, al que
conoce en Trieste. Y en 1729 compone para el monarca francés
Luis XV la que será la más importante de sus serenatas:
‘La Sena festeggiante’. Desde ese año
hasta 1733 viaja continuamente: Viena, Praga... En esta última
ciudad se asentó por un tiempo, y compuso varias óperas
y sonatas.
En 1733 regresa
a Venecia y compone diversas óperas: Moctezuma, L’Olimpiade,
L’Adelaide... En 1735 vuelve de nuevo a trabajar para La
Pietá, donde permaneció hasta 1740. Allí
intentó sin éxito que se representaran algunas óperas
suyas. En 1739 el arzobispo de Ferrara le impidió la entrada
a la ciudad por su relación con Anna Girò, lo que
le costó muy caro pues su primera ópera estrenada
allí, ‘Siroe’, fue muy criticada por
faltas en los recitativos, debidas a cambios introducidos por
otra persona. Por eso no pudo estrenar la segunda, ‘Farnace’.
En 1740 empezó
a trabajar para Carlos IV en Viena, donde tomó como discípulos
a Fedelli, Tosarelli, Somis y Pisendel. El 28 de julio de 1741
muere misteriosamente, y, a pesar de la enorme suma que ganaba
anualmente, es sepultado como los pobres en el Spettaler Gottesacker
(el cementerio del Hospital) Anna Girò, que estuvo acompañándolo,
regresó a Venecia y continuó su carrera.