Qué
gran disco. Es un placer afirmar que Elvis Presley no sólo
fue el icono musical más importante del siglo XX, mucho
más que eso, era un artista que cuando quiso y le dejaron
creó discos magnos, inmortales.
Elvis
country se graba en cinco noches en unos estudios de Nashville.
Grabado
en 1970, Elvis country –añadamos también a
este comentario el disco que le precede, el emocionante From Elvis
in Memphis- señala para muchos el mejor momento creativo
de un Elvis en plenitud interpretativa, con años de experiencia
en el estudio, el instinto musical, el oído, que siempre
le caracterizó en su punto, y la mente todavía clara
y enfocada a hacer un buen trabajo. Es el pico del artista en
el estudio, jamás Elvis volvería a grabar una obra
tan redonda, aunque si destilaría valiosas onzas de sentimiento
en momentos concretos de muchos de sus discos de los 70 (allí
está su último disco en vida: Moody blue, editado
en 1977), y por otro lado, digan lo que digan su labor en directo,
a pesar de los kilos de más, las pastillas, el estrés
y la rutina de la carretera que su cuerpo ya no toleraba, no fue
tan humillante como la gente cree; el Elvis gordo de 1977, incapaz
de pronunciar dos frases sin tartamudear, todavía se despachaba
en el escenario con brutales versiones a pelo de Unchained melody
y oscuros gospels, y su voz siguió siendo igual de poderosa
hasta el final.
Elvis
country se graba en cinco noches en unos estudios de Nashville,
con una banda de jóvenes músicos que trabajaban
por primera vez a las órdenes del Rey. En este disco Elvis
pretendía mirar al pasado, básicamente al country
que le inspiró en sus primeros pasos en la música,
pero también al blues y al rock n'roll. Pero de esas
cinco frenéticas noches en Nashville no nacería
un disco de oldies al uso, sino un ente de una fuerza arrolladora,
un compendio de favoritos de Elvis cuya puesta en común
en el disco es lo más parecido a una obra conceptual que
pudo realizar su creador. Hoy día, llamaríamos a
Elvis country "tratado de americana" o algo similar,
porque eso es lo que transpira su esencia, es la música
de América, rescatada y filtrada por la personalidad de
Elvis Presley.
Esta
vista al pasado casi conceptual se complementa con originales
detalles, como el de intercalar entre tema y tema fragmentos de
la canción I was born about ten thousand years ago, frenético
tema que, diseminado por todo el minutaje, empuja la energía
del disco hasta el delirio. Y la portada, ya clásica, con
la imagen de un Elvis en la edad de párvulos, y una instantánea
de sus padres. Esta misma ilustración ya resumía
todo el espíritu del disco: es la vida de Elvis, su música
y su tierra; Elvis country tanto parece referirse al estilo en
el que el cantante dio sus primeros pasos, como a la tierra en
la que nació.
Un disco atrevido en su concepto, franco, moderno y tradicional
al mismo tiempo, que ya tuvo su recompensa en el momento de su
edición, llegando al puesto 12 en la lista de Lp's
a pesar de no poseer singles importantes que atrajeran al público
con facilidad.
Temas destacados:
Tomorrow never
comes: El Elvis más emocional, aquel de Long black limousine
o If I can dream. Nadie dramatiza las palabras como él,
quizás si pensamos en Roy Orbison sea más fácil
entender lo que Elvis consigue en este tema. Un crescendo imparable
entre coros, vientos, violines y todo lo necesario para arropar
una voz que nunca estuvo en mejor estado.
Jamás
Elvis volvería a grabar una obra tan redonda.
Little
cabin on the hill: Celebración country que prueba como
la voz del Rey se paseaba con majestuosidad ya fuera por el bluegrass
y el country, como por el blues, el soul y el gospel.
Whole lot-ta
shakin'goin'on: Quizás buscando un nexo de
unión con el Elvis rockero que todo el mundo conocía,
entre tanto tema de raigambre country y blues, se versionó
este éxito de Jerry Lee Lewis con el que Elvis se lo pasa
en grande.
Funny how
time slips away: Vuelve el drama con esta versión de uno
de los compositores más importantes de la época:
Willie Nelson. Elvis canta el tema con el temple necesario, sin
alardes, dejando respirar a la propia canción, y meciéndose
entre los coros negroides que tanto bien hicieron a su música
en los años setenta. Una cristalina guitarra acústica
y un bonito solo de órgano acompañan el contenido
sentimiento de la canción.
Música
tocada y grabada a tiempo real, ¡en cinco noches! Versiones
despachadas en cuestión de minutos, sin casi ensayar nada,
dejando que las jams de los músicos produjeran la chispa
ideal para registrar la canción en el momento ideal. Haceros
la idea de un estudio del sur de Estados Unidos, de madrugada,
con un Elvis improvisando ante el micrófono mientras da
indicaciones a sus músicos con gestos con las manos, o
miradas que los instrumentistas deben seguir para que la música
fluya al gusto de un intérprete que, en esas horas de la
noche, pasa por uno de los mejores momentos de su carrera.