He
podido ver no hace mucho un documental grabado por Marky Ramone
(batería de los Ramones desde finales de los setenta a
principios de los 80, y en una segunda etapa, a partir de 1989),
se titula Around the world, y muestra la vida de la banda punk
neoyorquina en la carretera durante las últimas giras antes
de su adiós definitivo.
"No,
no hay vida inteligente en los Ramones. No puede ser de otra
forma, si mírales…"
Viendo
las imágenes, con las pintas y la actitud de la banda,
recuerdo una pregunta que me planteaba hace algunos años,
cuando me empezaba a enamorar de la básica, primitiva carn
d'olla que se cuece en la música de los Ramones:
¿había vida inteligente en el grupo? En serio, eso
me planteaba, ni Joey (voz) y sobre todo, ni Dee Dee (bajo), ni
Johnny (guitarra), ni Marky parecían tener más luces
de las estrictamente necesarias para pillar un donut en el backstage
y comérselo. Y me gustaban así, cuatro paletos de
las cavernas despachando canciones de dos minutos con cara de
ano revenido. Entonces, respondía a la pregunta yo mismo:
"no, no hay vida inteligente en los Ramones. No puede
ser de otra forma, si mírales…". Luego
fueron cayendo discos, me raspé durante años el
Loco Live grabado en Barcelona, sus cuatro primeros discos clásicos,
el It's Alive… Y los tíos me continuaban pareciendo
encantadoramente tontos. En eso que un día cae en mis manos
el disco más polémico de su carrera, End of the
century. Y lo escucho, y leo quién lo produce: Phil Spector.
Y vuelvo a escucharlo, alucino, es un disco de los Ramones, con
toda la chicha que te puedas esperar de ellos, y además
es un disco sensible, variado, muy, muy grande ¡y está
producido por un genio! Mierda, todo este tiempo me había
equivocado: si había vida inteligente en los Ramones.
En 1980 la
banda punk americana por excelencia salía de editar el
angular It's alive, disco en directo que todo punky conoce
de pe a pa. Era importante medir el próximo paso con frialdad,
¿seguirían en la línea de su última
obra en estudio, Road to ruin, suavizando progresivamente su sonido?,
¿volverían con otro Leave home, rápido y
elemental? La decisión fue la única que nadie esperaba:
Phil Spector produciría el próximo disco de los
Ramones. Lo que hacía en el mismo estudio el productor
más mítico y decisivo de la historia del rock con
los cuatro pinheads de la Costa Este, nadie podía adivinarlo.
A priori, la combinación era aberrante, pero desde el punto
de vista del grupo, nada podía representar una mejor noticia.
Phil Spector representaba un área musical básica
para el grupo, influenciado desde sus inicios por la surf music,
los primeros y más pop años sesentas, y muy en particular,
por las melodías de las Ronnettes, o las Crystals, bandas
femeninas que llevaron el wall of sound de Spector a las más
altas cotas de popularidad. Joey en particular sentía un
cariño especial por la música de Spector, y era
un sueño para él poder grabar con su héroe.
"Fue
muy difícil y estresante, pero aún así, todavía
estoy contento de haberlo hecho", había declarado
el hoy fallecido Joey Ramone. Como solía pasar con quienes
han trabajado con Spector, el sueño se tornó pesadilla,
y los cuatro Ramones descubrieron quién era realmente el
enigmático genio. Grabaron las tomas en tres semanas, lo
que para ellos era toda una vida, acostumbrados a rellenar Lp's
en un par de días, Spector además, explotaba la
paciencia del grupo, obligándoles a tocar una y otra vez
los mismos pasajes individualmente, hasta que el sonido conseguido
era de su agrado, se cuenta también que Spector llegó
a exigir una y otra toma más a punta de revólver.
Quizás era de nuevo Joey quién pasó de forma
menos traumática por el retorcido universo Spector, y es
un hecho que el productor pretendía alejarle de sus compañeros
y convertirlo en artista en solitario.
Mataros
de placer cuando Joey os susurra al oído, con violines
y todo, para escándalo de los punks de tu barrio.
El
resultado de la colaboración fue un disco que cabreó
a los fans más "CBGB" del grupo, aquellos que
les habían seguido desde sus inicios. La portada por ejemplo,
era un intento de comercializar a los Ramones como algo cool,
los cuatro figuran vestidos con camisetas de diferente color (azul,
negro, amarillo y rojo), en un domesticado estilo new wave, sin
rastro de las cazadoras de cuero, los tejanos rajados y las camisetas
imperio blancas. Era, si, un disco diseñado para que el
grupo llegara al mayor número de público posible,
pero eso no significa que fuera un mal trabajo. Ya desde el mastodóntico
inicio con el clásico Do you remember rock n'roll
radio?, los ases de End of the century se ponen en el tapete:
wall of sound de Spector en plena consonancia con el tradicional
y opaco tejido de la guitarra de Johnny y el bajo de Dee Dee,
overdubs de guitarra, pistas de órgano, eco en la voz de
Joey, vientos… Eran los cazurros Ramones de siempre con
un tío más en la habitación: Phil Spector.
Y molaba.
I'm
affected es el segundo tema, imposible imaginárselo sin
ese toque Spector, el efectista redoble que subraya el estribillo,
la guitarra acústica que pasea llena de intención
por detrás de la eléctrica, ¡el solo de guitarra!,
¿hacía cuánto tiempo que no te marcabas un
solo así, Johnny?, y un Joey que nunca ha cantado mejor.
La Spector experience seguía a todo trapo durante el resto
del disco. Escuchad Chinese Rock, la canción que hizo suya
Johnny Thunders & The Heartbreakers, mataros de placer cuando
Joey os susurra al oído, con violines y todo, para escándalo
de los punks de tu barrio, el hit spectoriano Baby, I love you,
o cabalgad las olas con Rock n'roll High School, "I
just wanna have some kicks, I just wanna get some chicks",
canta Joey en este standard que les acompañaría
invariablemente en sus futuras giras.
La
fórmula había dado resultado a pesar de los pesares,
de las críticas, de que, efectivamente, este camino no
conducía a ningún lugar bueno para el grupo. Era
un paso necesario, Joey y los demás tenían derecho
a oler los charts, ni que solo fuera olisquearlos a lo lejos (el
disco ocupó la mejor posición Billboard de un disco
de los Ramones, el número 44), y si quieres venderte, qué
mejor que hacerlo de la mano de Phil Spector.