En
la época en que el cine se consideraba más arte
que mercado uno se sentaba en la butaca para ver el último
estreno y ni siquiera era consciente de la música, ya que
ésta se entendía como cómputo de la imagen.
No se sabía qué melodía iba a sonar durante la película.
La música
ha estado unida a la imagen en la grande pantalla.
Ahora,
el público ya tararea la banda sonora de la producción
mientras espera su turno en la cola de las palomitas, minutos
antes del pase. Esta evolución de la música en el
cine ha provocado que una banda cuando más comercial más
publicidad dará a la película, pero esto no quiere
decir que no sigan creándose auténticas obras maestras
musicales de este género. Desde
los inicios del cine en el año 1895, la música ha
estado unida a la imagen en la grande pantalla.
Si en un principio, la música servía para tapar
el ruido del proyector o para llenar el silencio que producía
el cine mudo, hoy en día, la banda sonora ha evolucionado
y ha dejado de estar relegada a un segundo plano. Así,
con el tiempo, la música ha elaborado su propio lenguaje
cinéfilo hasta el punto que cuando empieza una película
sólo por la banda sonora uno puede adivinar si se trata
de un drama, un western o de una película de terror. Es
el resultado que música y cine se han compenetrado tan
bien a lo largo de su historia que es imposible ver una película
sin escuchar una sintonía de fondo, porque la música
en el cine queramos o no, es funcional.
Por su parte, la música
es otro lenguaje y tiene su propia forma de hablar. En este sentido,
la música de la banda sonora es capaz de emocionar al espectador,
de recrear la atmósfera de una película o de situarnos
en un tiempo o país en concreto. Con todo, las melodías
implican al espectador a la película. Éste puede
llorar, reír o entrar en pánico con sólo
escuchar los primeros acordes de la banda sonora.
En los años veinte la música
para cine se considera un género musical más. Los
músicos, acompañados en algunas ocasiones de orquesta,
actuaban en directo en el local donde se proyectaba la película.
Casi siempre se utilizaban piezas clásicas muy conocidas
por el público que se combinaban en función si era
una escena de amor o de acción.
Pronto, a los directores les entró
un afán de innovar. Demasiados fragmentos de repertorio
popular utilizado que pronto serán sustituidos por composiciones
originales, partituras escritas expresamente para un filme en
concreto.
En 1906, Romolo Bocchini escribirá
las primeras partituras originales para el séptimo arte
y será para las producciones Gli incanti dell’oro
y Pierrot innamorato. La culminación de estos
años llegará con el estreno de El nacimiento de
una nación. En este caso, Joseph Carl Breil será
el encargado de poner música a la película. Su mezcla
de composiciones originales y repertorio clásico dará
lugar a temas populares en la época.
El cine sonoro nace en los años
treinta, un gran invento que cambió el panorama de la música
en la gran pantalla. Aparece el problema de la sincronización
entre la música y la imagen. Para perfeccionar esta técnica,
los estudios crean los departamentos musicales. Películas
de la época como King Kong y Lo que el viento
se llevó sirvieron de precedente para experimentar
estos inicios del cine sonoro. En ambos casos, las bandas sonoras
fueron encargadas al compositor Max Steiner que demostró
que la música puede definir a un personaje psicológicamente. Lo que el viento de llevó, por su parte, con el
famoso Tema de Tara pasó a la historia para convertirse
en uno de los clásicos del cine.
Podemos
afirmar que la banda sonora es un personaje más de
la película.
El estreno deCiudadano Kane
de Orson Welles a principios de los años cuarenta supuso
un vuelco notable en el mundo de las bandas sonoras a manos del
músico Bernard Herrmann, que introdujo un estilo orquestal
peculiar basado en que la música debe hablar por sí sola
hasta el punto de poder reemplazar el diálogo.
Es precisamente en 1942 cuando
se lanza al mercado el primer disco con música extraída
de un filme. Se trata de la banda sonora de El libro de la
selva del compositor húngaro Miklós Rózsa.
A partir de aquí, los productores empiezan a ver la música
como inversión debido a la edición de bandas sonoras
dotadas de una publicidad proclamada.
La etapa de la posguerra, en los
años cincuenta, lleva cambios en la música del cine
con el triunfo del jazz. Este género musical debuta en
la banda sonora de la producción cinematográfica
Un tranvía llamado deseo con música a cargo
de Alex North. Sin dudas, una de las más originales composiciones
de la música cinematográfica de los cincuenta es
la partitura para la película El puente sobre el río
Kwai que hoy es recordada por la marcha silbada de Coronel
Bogey.
En el cine de los años
sesenta se deja de abusar de la música para recurrir a
ella sólo en momentos trascendentales. Por otro lado, la
música pop también salta a la pantalla, en un momento
en que la banda sonora ya es entendida como un fenómeno
de masas.
En 1960 se estrena una película
que será recordada por su macabra escena en la ducha y
por el sonido estridente de la música que lo acompaña,
provocado por los violines. Nos referimos evidentemente a Psicosis.
La sintonía de la película, obra de Herrmann, se
convertirá en prototipo a imitar en escenas de tal calibre.
La banda sonora de El padrino
se convertirá en uno de los clásicos que bautizará
la música del cine de los setenta, obra de Nino Rota. Paralelamente,
el compositor John Williams se hará conocido por el tema
de su composición para la película Tiburón,
una musiquilla pegadiza que crea al espectador angustia, a la
vez que lo alerta de una amenaza inminente que sólo puede
terminar en tragedia. Williams se consagró con la música
que compuso para La guerra de las galaxias de la que
se vendieron unos dos millones de copias, hecho que puso en alerta
a las discográficas.
Con los años ochenta llega
el uso de instrumentos electrónicos, al mismo tiempo que
el pop coge más fuerza. Bandas sonoras maestras como la
de George Fenton en En compañía de lobos
o la de John Barry en Memorias de África resumen
esta época.
A partir de los noventa y hasta
la actualidad las bandas sonoras vienen supeditadas por el número
de ventas del disco. Obras musicales como la de Titanic
de James Horner o la triología deEl señor de
los anillos de Howard Shore son un vago ejemplo de un sin
fin de nuevas composiciones de unas películas que cada
vez invierten más presupuesto.
Llegados a este punto podemos
afirmar que la banda sonora es un personaje más de la película,
su función es emocionar al espectador, despertarle los
sentimientos más ocultos y permanecer en la memoria.