Al
igual que todos los estilos musicales, no resulta fácil
situar la música Punk en un lugar y en un momento determinado.
Cincuenta años después de la grabación de
la que la muchos consideran como el primer rock and roll de la
historia, el "Rock Around The Clock", de Bill Haley,
sólo una cosa está clara: el movimiento Punk surgió
como una reacción deliberada al consumo masivo de la música.
A finales de
la década de los 60’s, el Max’s Kansas City,
el Chelsea Hotel y el Mercer Arts Centre
constituían los tres locales más concurridos de la emergente escena musical y cultura de la cosmopolita ciudad de Nueva York.
The
Velvet Undergroung era el buque insignia del emergente movimiento.
El escenario era
compartido por bandas y artistas que, agobiados por la invasión
"beat" británica, huían de la comercialidad
e intentaban encontrar diferentes vías de escape a la creatividad.
Mientras que en Detroit, formaciones como MC5 y los autodestructivos
The Stogges (liderados por Iggy Pop) comenzaban a dar qué
hablar en la costa Este, durante el verano de 1970, el hoy legendario
club ofrecía actuaciones y perfomances donde el alejamiento
de la cultura imperante resultaba ser la nota general. Y al igual
que dos años más tarde, los Ramones fueron el buque
insignia de las noches en el mítico club CGBG (auténtica
cuna del punk rock), The Velvet Undergroung era el buque insignia
del emergente movimiento que huía del mensaje de paz multicolor
que los grupos de la costa Oeste habían hecho suyo.
Por su parte,
Los New York Dolls del genial Johnny Thunders, fueron el primer
ejemplo de banda autodestructiva, ignorada en su tiempo y que
con tan sólo dos discos, fueron reivindicados años
después por las nuevas generaciones. Canciones cortas y
guitarras sucias, al igual que The Stooges, los Dolls fueron un
referente de los grupos ingleses punk de finales de los setenta.
Si se busca la
semilla del hoy popular punk rock, la podemos situar en esta formación,
creada por Andy Warhol y liderada por Lou Reed, que reivindicaba
la cultura urbana y el consumo de la heroína.
Los ecos hippies
multiculturales quedaban obsoletos: las comunas eran sustituidas
por la suciedad de las calles. Nueva York resultó ser la
urbe elegida para trasladar la nueva cultura a sus sucios callejones.
El cuero, los poemas urbanitas de una desconocida Patti Smith y las canciones que apenas duraban dos minutos de bandas con nombres
tan extraños como New York Dolls o Talking Heads y locales
como The Factory, de Warhol o el Café Bizarre, alejados
del ambiente bohemio, estaban llevando la cultura al nivel del
ciudadano de a pie, que, un lustro más tarde, desembocaría
en el "Do It Yourself" ("Hazlo Tú Mismo"),
que imperó en el Londres de 1976: la auténtica explosión
del Punk.
Mientras que en
Detroit, Iggy Pop se autolesionaba en un escenario por el cual
se movía como una iguana, en el Nueva York de 1972, con
el Mercer Arts Centre prácticamente derruido, sólo
el Max’s Kansas City y algunos diminutos locales underground,
constituían la única alternativa a la multitud de
grupos y artistas jóvenes que necesitaban una vía
de escape, además de darse a conocer a nivel local. En
diciembre de 1973 abría sus puertas el CBGB (iniciales
de Country, Bluegrass y Blues), un bar de música Country
regentado por un tal Hilly Kristal que se había dado cuenta
de la importancia que todas aquellas nuevas bandas de jovenzuelos
que apenas sabían tocar un par de acordes estaba teniendo
en la nueva escena de la gran urbe. Kristal supo apreciar la frescura
de todos estos grupos y decidió remodelar su viejo local
y acogerlos.
Una mañana
de febrero de 1974, Tom Verlaine y Richard Hell, dos imberbes
que intentaban sacar adelante un grupo que se hacía llamar
Television, convencieron a Kristal de que tocaban música
Country. Por supuesto, era mentira, pero la historia nos cuenta
que Television fue la primera banda punk que actuó en el
CBGB. La actuación del grupo deprimió al dueño
del local, quien cerró sus puertas a Hell y a Verlaine,
pero Terry Ork, el manager de la banda, consiguió convencerle
para que le diera una segunda oportunidad con un cuarteto que
realizaba versiones de clásicos del Rock & Roll. Kristal
se la dio y los Ramones se convirtieron en el grupo estrella del
local, a pesar de que al propio Kristal les pareció incluso
peores que Television. Pero gracias a ellos, las puertas del club
se abrieron a otros grupos y las colas frente al CBGB comenzaron
a ser algo normal. En 1974, cualquier banda sin contrato discográfico
tenía la oportunidad de darse a conocer en el escenario
de un local que comenzaba a traspasar fronteras y cuyos ecos ya
se dejaban oír en el Londres aburrido donde los dinosaurios
del rock progresivo reinaban a sus anchas.
El Punk
fue una revolución cultural.
El
CBGB propició la apertura de otros locales que rápidamente
apostaron por aquellos adolescentes que hasta entonces no habían
conseguido salir más allá del sucio garaje donde
ensayaban sus canciones de minuto y medio.
Por
allí pasaron unos seminales The Stilettos (con una desconocida
Debbie Harry, que más tarde triunfaría con Blondie),
The Patti Smith Group, los Talking Heads de David Byrne y un sin
fin de formaciones que, seguramente a falta de un compositor de
talento en sus filas, apenas pasaron más allá de
la leyenda del CBGB: The Dictators, The Plasmatic’s (con
Wendy O’Williams al frente), The Planets, The Demonds o los
más crudos de todos ellos, unos salvajes que venían
de Boston y que se hacían llamar The Dead Boys, apadrinados
por el desaparecido actor John Belushi.
Podemos afirmar que el Punk no fue sólo un estilo musical,
el Punk fue una revolución cultural que acogió en
su seno tanto a poetas, pintores, escritores y músicos.
El Nueva York de finales de los sesenta y principios de setenta
fue el escenario propicio para que artistas como Lou Reed, Allen
Ginsberg, Jim Carroll, John Cale, Patti Smith y Richard Hell dieran
a conocer su talento. Como todo movimiento original y rompedor,
la escena neoyorquina fue institucionalizándose y perdiendo
su frescura cuando la década de los 70’s doblaba
su meridiano, pero sus ecos habían cruzado el Atlántico
para golpear el viejo continente, encontrando en la Inglaterra
machacada por el gobierno de Margaret Thatcher el caldo de cultivo
ideal. Los jóvenes británicos vieron en la música
Punk su forma de expresar que no existía futuro alguno
para ellos.