La
música Punk (II)
::
Anarquía en el Reino Unido ::
En
1975, Gran Bretaña tenía la escalofriante cifra
de tres millones de parados; la profunda crisis energética
obligó a las grandes compañías discográficas
a apostar por los artistas consagrados, por lo que las nuevas
bandas apenas tenían difusión.
En
las listas reinaban los grandes dinosaurios del rock (léase
Pink Floyd o Genesis), pero un radical cambio se estaba fraguando
en las catacumbas de la capital británica: el Punk estaba
a punto de estallar.
Rod
Stewart, los Stones o Led Zeppelin pertenecían a
la prehistoria.
Si
Nueva York sembró la semilla del Punk a principios de la
década de los setenta, Londres recogió la cosecha
unos años más tarde. Los adolescentes británicos,
hijos de parados, atrapados en una sociedad en la que no veían
futuro alguno, salían a la calle con camisetas rotas, pelo
multicolor e imperdibles y cadenas colgando a modo de collares.
Maquillados como cadáveres, con veinte años ya se
veían viejos y sin perspectivas de estabilidad, se refugian
en pequeños clubes donde saltan y escupen sin parar, tratando
de huir de ese sentimiento general de frustración. Todos
los nuevos grupos que surgieron entre 1976 y 1977 estaban
claramente influenciados por los sonidos y la imagen que desde
el otro lado del Atlántico les llegaba, impregnados de
las canciones de los Ramones, las oscuras canciones de Lou Reed,
y de la estética de The New York Dolls.
La incipiente
escena musical inglesa significó un auténtico soplo
de aire fresco, una explosiva réplica a la imagen de rock-star
que había proliferado desde los comienzos del rock n’
roll. Los fans estaban hartos del continuo desdén con el
cual sus héroes les trataban, aislados del resto de los
mortales en sus lujosas mansiones en Estados Unidos ("I’m
So Bored With The USA", cantaban The Clash), pasando del
escenario a la limusina y de ésta al hotel en cada actuación.
El adolescente, que huía de los macroconciertos, se identificaba
más con un Iggy Pop arañándose el torso y
lanzándose al público en cada una de sus actuaciones,
que de un Eric Clapton acartonado que alargaba sus canciones hasta
la extenuación a base de múltiples punteos y escasa
imaginación. Los viejos héroes ya no tenían
nada que decir. Rod Stewart, los Stones o Led Zeppelin pertenecían
a la prehistoria. Era el turno del cambio generacional.
Durante los conciertos,
apenas existía diferencia entre el público que abarrotaba
la sala y los músicos que desde el escenario escupían
literalmente sus canciones. Todos ellos se mostraban arrogantes
y agresivos, resultaba un regreso a 1967, cuando Mick Jagger se
deslizaba junto a las primeras filas, Pete Townshend destrozaba
su guitarra al final el show de The Who o John Lennon increpaba
a la clase social alta que acudía a los conciertos de The
Beatles. La historia se repetía pero esta vez con mayor
rabia: si éstos luchaban contra artistas "poperos"
como Cliff Richard o Paul Anka, gritando "Talkin’ About
My Generation", la audiencia de 1977 se desahogaba gritando
el "No Fun" de los Stooges o riéndose de las
ofertas de trabajo que The Clash cantaban en "Career Opportunities".
Una
de las características musicales de esta nueva etapa es
la huída de las canciones largas y la vuelta del single,
del sencillo. Podemos afirmar que el primer single punk fue "New
Rose", de The Damned, aparecido en octubre de 1976. Locales
como el Roxy Club, Marquee o el 100 Club acogen a las nuevas bandas. The Clash, The Stranglers y The Jam son las nuevas formaciones
que expresan en tres acordes el sentimiento juvenil. En King’s
Road, el centro punk de la capital, se alzaba una boutique de
ropa llamada Sex, al frente de la cuál estaba un tal Malcom
McLaren, un tipo avispado que había ejercido como manager
durante los últimos meses de existencia de los New York
Dolls. En la tienda se dan cita todo tipo de inadaptados, hijos
de la más pobre clase obrera inglesa.
McLaren, que deseaba inventar un grupo que le reportara suculentos
beneficios, se fija en dos ladronzuelos asiduos a su tienda: Steve
Jones, Paul Cook, a los que se unen Glen Matlock y John Lydon,
alias Johnny Rotten. En noviembre de ese mismo año, bautizados
como Sex Pistols, editan el himno de toda una generación:
"Anarchy In The U.K.", que llega a lo más alto
de las listas de éxitos. En 1977, tras una veintena de
conciertos caóticos (Matlock cometió el error de
declararse fan de The Beatles y fue sustituido por Sid Vicious,
la imagen personificada del punk más salvaje), publican
"Never Mind The Bollocks, Here’s The Sex Pistols",
su único disco, un LP que hizo que se tambalearan los cimientos
de la aburguesada sociedad inglesa.
"Anarchy In The U.K.", que llega a lo más
alto de las listas de éxitos.
Pero
si Sex Pistols fue la imagen repulsiva del punk, The Clash y The
Jam fueron las dos grandes bandas punk que supieron resistir la
fugacidad y autodestrucción de aquella etapa, reciclándose
comercialmente sin perder un ápice de su autenticidad.
Los primeros lo tenían todo: imagen, talento y grandes
canciones, siempre impregnadas de un compromiso político.
Joe Strummer y Mick Jones lideraban la banda, componiendo los
temas al alimón y alcanzando la cima de su creatividad
con "London Calling", considerado por muchos uno de
los mejores discos de la historia y donde realizaron una magistral
variedad de estilos, imprimiendo una frescura que ninguna otra
banda de la época llegó a alcanzar. Por su parte,
The Jam contaba con la genialidad de un jovencito Paul Weller,
autor de clásicos como "In The City".
Pero la lista no se cerraba con
el autor de "A Town Called Malice", otras formaciones
tuvieron carreras efímeras y en poco más de dos
años cayeron en el olvido: Generation X, Buzzcocks, Rich
Kids, The Boys, Sham 69, Chelsea (que tuvo en Billy Idol a uno
de sus primeros vocalistas) o The Adverts, entre muchos otros.
Referencia obligada es Joy Division y su atormentado líder
Ian Curtis, auténtico icono de aquellos tiempos, angustiado
que acabó con su vida ahorcándose en la soledad
de su apartamento, abandonado por su esposa y tras haber dejado
otra obra referencial del movimiento: "Isolation".
Las chicas también se vieron representadas con Siouxsie
& The Banshees, la banda femenina punk por excelencia.
Entre 1976 y 1981, Inglaterra fue el centro del mundo, la
cuna de una generación que renunció a tener sus
héroes propios. Cualquier adolescente podía subirse
a un escenario, si te prohibían tocar en suelo británico
siempre te quedaban las aguas del Támesis, ¿verdad?.
Cualquiera podía haber sido Johnny Rotten.