Bunbury
es uno de los grandes nombres del panorama musical español
y latinoamericano. Un auténtico camaleón que ha
cultivado los más variados géneros; del hard rock
al tango, pasando por el country o la electrónica.
Cuando
contaba con 14 años compuso "Maldito duende",
uno de sus temas más emblemáticos.
Enrique
Ortiz de Landázuri Izardui (su verdadero nombre), inició
su carrera musical en su Zaragoza natal, con tan sólo 12
años, cuando compró su primera guitarra. Pocos años
después, y con esa misma guitarra en las manos, pasó
a formar parte del grupo Apocalipsis. Tras un breve periodo, pasó
a ser el solista de Rebel Waitz, a pesar de que su calidad vocal
no era ni mucho menos comparable a la actual. Él cuenta
que lo cogieron como cantante por saber imitar a uno de sus grandes
ídolos: David Bowie. Cuando contaba con 14 años
compuso "Maldito duende", uno de sus temas más
emblemáticos. A los 16 da sus primeras muestras de atracción
hacia lo decadente, comienza a frecuentar cabarets, bailes de
salón, locales donde se cantaba copla, peep-shows... En
1984 fue bajista y cantante de Proceso Entrópico, banda
de la que se fue para recalar en Zumo de Vidrio, con idénticas
responsabilidades. En 1986 La censura de los cuentos fue su banda.
Cinco grupos distintos en seis años, lo que demuestra el
carácter inquieto y a contracorriente de Bunbury. Aún
tendría que tocar la guitarra en Niños de Brasil
antes de fundar, junto a Juan Valdivia la mítica banda
de rock duro Héroes del Silencio. Era el año 1987.
Su primer mini-Lp supuso un gran éxito en el panorama nacional,
con más de 30000 copias vendidas. Su segundo trabajo, "El
mar no cesa" (1988), fue la confirmación del grupo
como gran esperanza del Rock hispano. De este trabajo se vendieron
más de 150000 copias. Pero el disco de la confirmación
fue "Senderos de traición" (1990, 400000 copias),
que los convirtió en objeto de culto en países como
Alemania, a pesar de no dejar nunca de cantar en español.
En
esta época, ante Héroes del Silencio, no cabía
la indiferencia, se les odiaba y se les amaba a partes iguales.
La crítica los depreciaba continuamente, y ellos lejos
de buscar su favor, alardeaban de la grandeza de su música,
siempre altivos y orgullosos. En un intento de abrirse al mercado
hispanoamericano, los zaragozanos lanzaron su álbum más
barroco: "El espíritu del vino" (1993). La estrategia
les salió bien, ya que se convirtieron en un referente
en toda Hispanoamérica, especialmente en Méjico,
donde Enrique cuenta con una auténtica legión de
fans. El próximo paso sería abrirse camino en el
gigante estadounidense, para ello grabaron el disco Avalancha
y se sumergieron en un frenético ritmo de trabajo. Por
este motivo, Enrique Bunbury decidió poner fin al grupo
que le había catapultado a la gloria. Los "Héroes"
se despidieron por todo lo alto, con una macro-gira (con disco
incluido) llamada "Parasiempre". En los años
que Bunbury lideró Héroes del Silencio, aprovechó
para viajar por sus países preferidos: Nepal, India, Méjico,
Jordania, Marruecos... y empaparse de su cultura, sobre todo musical.
Precisamente los ritmos étnicos del Magreb fueron los que
más le influyeron a la hora de componer "Radical Sonora",
su primer disco en solitario. Un extraño Lp, que destilaba
rabia por los cuatro costados y que mezclaba sin rubor la música
electrónica que se estilaba por aquel entonces (era el
año 1997, cuando Chemichal Brothers y Prodigy estaban en
su apogeo) con música árabe y guitarras acústicas,
pero sin traicionar en ningún momento la esencia del Rock.
El cambio fue tan radical que sorprendió a propios y extraños.
Si bien el zaragozano había ido cambiando de estética
a lo largo de su carrera en Héroes, (de la melena y la
chupa de cuero de "El Mar no cesa" a la apariencia de
un Jim Morrison versión Glam de Avalancha), nada hacía
presagiar que re-aparecería en público con la cabeza
rapada, un futurista mono naranja de Snowboard, unas gafas discotequeras
y un disco electrónico bajo el brazo.
No se puede decir que el disco fuera un éxito, a pesar
de que uno de sus singles, "Alicia", fue sintonía
promocional de TVE-1. Los seguidores de Héroes acudían
a los conciertos del nuevo Bunbury a pedir a gritos que volviera
a la senda del rock épico.
A Bunbury
se le ha comparado con artistas tan diversos como Bowie, Tom
Waits, Jim Morrison o el mismísimo Raphael.
Bunbury
no se rindió, siguió investigando y experimentando
con la música y en el ‘99 volvió a la escena
musical española nuevamente mutado. Esta vez volvía
a llevar el pelo a lo Jim Morrison, pero era su ropa lo que sorprendía:
un elegante, a la par que barato, traje negro combinado con camisas
de los más variados colores, eso si, todas con solapas
excesivas. El otro elemento iconográfico imprescindible
en esta nueva etapa fueron las gafas de sol de sheriff setentero.
De esta guisa presentaba Bunbury "Pequeño",
un disco centrado en la sencillez de las melodías y las
letras. Sus referentes eran la música mediterránea,
el tango, la copla y las rancheras, así como cantantes
españoles olvidados por la juventud, como Raphael o Bambino.
Con él logra el disco de platino al vender más de
100.000 copias. Poco después publica "Pequeño
cabaret ambulante", un directo en el que Enrique muestra
toda su fuerza en vivo en un concierto con un público entregado
en México DF. En la gira mundial que llevó a cabo
con el mismo título, dotó a sus canciones de un
aire cabaretero y decadente, además de realizar numerosas
versiones, desde "El Jinete" de José Alfredo
Jiménez a clásicos de Radio Futura, pasando por
revisiones cabareteras de sus éxitos con Héroes
del Silencio, como "La Herida". Gracias a los dos
"pequeños" Bunbury se reconcilió con
parte de su tradicional público de Héroes, generó
nuevos seguidores y ganó, por fin, el respeto de la crítica.
2002 fue el año de "Flamingos", un disco de
canciones, menos conceptual que sus anteriores trabajos, pero
manteniendo una estética y unos sonidos relacionados directamente
con Pequeño, aunque algo menos melancólico y más
roquero.
Si
bien Bunbury ha producido varios trabajos de grupos jóvenes
(Elefantes, Amaral) y ha participado en diversos homenajes (Bambino,
Gainsbourg), su último trabajo propio es El viaje a ninguna
parte, un disco doble en el que repasa los más variados
estilos musicales que ha dado el continente americano: El tango,
la bossa, el country...
A Bunbury se le ha comparado con artistas tan diversos como Bowie,
Tom Waits, Jim Morrison o el mismísimo Raphael. A poco
que nos fijemos, nos daremos cuenta que todos estos artistas,
por alejados entre sí que parezcan, tiene en común
su gran personalidad. Igual que Bunbury.