1898.
Nacimiento del cine. Una sala oscura. En la pantalla, grandes
imágenes en blanco y negro. Silencio absoluto. No del todo.
El desagradable sonido de las máquinas de proyección
ensucia con ruido insoportable la escena y perturba la atención
del inédito público.
La
importancia que la música iba a tener en la dilatada
historia del cine atisba ya de manera premonitoria en el
argumento de la primera película sonora de la historia
"El cantante de jazz".
Contrariamente
a lo que se deduce de esta escena, el cine ha estado vinculado
al sonido desde sus orígenes. Creado con vocación
de sonoridad, el cine ha recorrido un largo y desigual camino
que desemboca en la sonorización como un elemento indisociable
a la propia cinta. Esta vocación de sonido se tradujo en
los esfuerzos desmedidos por parte de inventores para crear artilugios
de todo tipo que ensayaban la sonoridad. Una larga lista de inventores,
desde Edison hasta un desconocido mexicano, Indalecio Noriega,
(que patentó el sincronógrafo a primeros de siglo),
pasando por el francés León Gaumont (que patentó
lo que se bautizó como cronófono.) Todos ellos intentaron
con mayor o menor acierto colmar los deseos de la audiencia de
ver hablar a sus actores en la gran pantalla. Los avances anunciaban
ya un inminente nacimiento de cine sonoro.
En estos inicios
el sonido se utilizó fundamentalmente en forma de música.
El silencio en las primeras proyecciones se salvaba con artimañas
de directores y proyectistas. En 1897 los hermanos Lumière, padres
indiscutibles del invento, recurrían ya a cuartetos de
saxofonistas y a grandes compositores de la época que componían
partituras específicas para acompañar a las exhibiciones.
En estos proyectos pioneros el piano era el recurso más
factible para el acompañamiento musical. Evitaba los silencios
y amortiguaba en parte el desagradable ruido provocado por las
aparatosas máquinas de proyección. Las salas de
cine se diseñaban con espacio preconcebido para acoger
orquestas que, en el caso de las salas de dimensiones y recursos
más reducidos, se limitaba a un lugar para acomodar el
piano.
La importancia que la música iba a tener en la dilatada
historia del cine atisba ya de manera premonitoria en el argumento
de la primera película sonora de la historia "El cantante
de jazz" ("The jazz singer".) Estrenada el seis
de octubre de 1927, la banda sonora de Louis Silver pone fin a
treinta años de hegemonía del cine silente. La industria
del mudo asistirá impotente a su ocaso, herida mortalmente
y condenada a la desaparición. Aunque "El cantante
de jazz" era una película mediocre arrasó en
taquilla y las productoras vislumbraron pronto las nuevas necesidades
del público. 1928 supone otro paso más hacia la
desaparición definitiva del cine mudo. Se solventó
el último impedimento técnico y en la película
"Luces de Nueva York" el sonido se graba ya en la propia
cinta y el silencio pasa a ser un recurso narrativo más.
La incursión
del sonido en la propia película fulminó en apenas
tres años la industria del cine mudo y a muchos de los
actores y directores que formaban parte de él. Estos actores,
incapaces muchos de ellos de modular la voz, fueron sustituidos
por actores de teatro. Pocas estrellas del mudo pudieron reciclarse,
quizás la única excepción fue el irrepetible
Charles Chaplin. En otros casos fueron los nuevos intereses de
la industria emergente los que forzaron la retirada de profesionales
para los que el cine sonoro no tenía cabida.
También existió rechazo por parte de los realizadores.
Los más representativos directores soviéticos redactaron
en 1928 un manifiesto en contra del cine sonoro, que exigía
unas pautas para que la utilización del sonido no perturbara
los valores que hasta ahora habían defendido en sus montajes. Eisenstein, Alensandrov y Pudovkin mostraron su recelo a lo que
ellos auguraban como el fin del cine como arte.
La
música alcanza su máxima rentabilidad en la
supremacía de los musicales que solventaban sus muy
habituales carencias artísticas con el protagonismo
absoluto de la banda sonora.
Pero el proceso
era imparable y del sonido en el cine se pasó precipitadamente
al cine sonoro. El sonido forma parte intrínseca de la
película formando un todo indisociable, aunque no siempre,
sobre todo en estos primeros proyectos, de manera sincronizada
ya que la armonía entre imagen y sonido a veces dejaba
mucho que desear. El espectador tendrá que esperar hasta
la década de los treinta para que composiciones musicales
originales acompañaran a las películas. Las primeras
cintas usaban mixturas de composiciones ya existentes que se acoplaban
como acompañamiento. Estas selecciones son los antepasados
directos de las bandas sonoras. En 1908, Camille Saint-Saëns
compone la primera partitura original para la película
"El asesinato del duque de Guisa" y comienza oficialmente
la historia paralela de la música y el cine. A lo largo
de los escasos veinte minutos que duraba la cinta se establecen
las pautas para el lugar privilegiado que ocupará la música
en el arte cinematográfico.
La música alcanza su máxima rentabilidad en la supremacía
de los musicales que solventaban sus muy habituales carencias
artísticas con el protagonismo absoluto de la banda sonora.
Los cincuenta en Hollywood vivieron el boom de los musicales catapultando
a la fama a actores-cantantes-bailarines.
La música en el cine comenzó simplemente como una
eficaz solución para eludir el silencio y ha culminado
en un elemento valorable y cuantificable en calidad al mismo nivel
que el montaje, la fotografía o el guión. Es difícil
analizar de forma independiente el concepto de música en
el cine. Entre dos artes, la cinematográfica y la musical,
la música para el cine, o música de cine ha tenido
diferentes vehículos de utilización con no demasiada
fortuna la mayoría de las veces. El recorrido de la historia
del cine es paralelo al de la utilización de la música.
Al principio como elemento ajeno a la propia cinta y con funciones
de acompañamiento exclusivo, hasta llegar a nuestros días
como parte de una industria independiente que en muchos casos
se rentabiliza de manera independiente al propio film. La industria
de las bandas sonoras integrada plenamente en la producción
discográfica es indisociable a la industria cinematográfica
de cuyas fuentes bebe, y que en muchos casos alcanza un éxito
independiente a ella.