Durante
la segunda mitad del siglo XIX se produce la incorporación
al panorama musical de algunos países que hasta entonces
habían permanecido al margen de la evolución musical
ya que habían estado sometidos a la influencia italiana,
como es el caso de España y a la influencia Francesa como
puede ser Rusia.
La mayoría
de estos países son lugares donde comienzan a aparecer
las ideas nacionalistas y que habitualmente dentro de la geografía
los podemos situar en la periferia europea. Estos movimientos
surgen del intento de escapar del dominio de otros países
y de afirmarse como naciones con ideas y como no, formas musicales
propias.
Los movimientos nacionalistas en cuanto a la música nos
referimos se enmarcan dentro de una idea más general llamada
romanticismo, sería la expresión del romanticismo
en algunos países. Sus deseos de tener una cultura musical
propia en la que se diera mayor importancia al folclore, a las
leyendas populares y a las músicas propias del país.
Estas expresiones musicales de carácter nacionalista en
muchos de estos países constituyeron una forma más
de expresión, manifestaciones que querían ir más
allá de lo propiamente artístico o musical.
Dentro de este movimiento nacionalista se aprecia claramente
las influencias del periodo romántico al que pertenece,
pero se trata de un periodo de mayor riqueza ya que cada país
aporta sus diversas expresiones, ritmos y armonías dependiendo
del área geográfica de la que hablemos.
Gracias a este nuevo movimiento se empezó a conocer
diversas formas de hacer música dada la variedad de folclores
que había en cada país, haciendo incluso tambalearse
los sistemas establecidos y comenzando nuevas tendencias. Las
ideas del romanticismo siguen latentes, pero lo que cambian son
las formas de llevarlas a cabo.
Dentro del Periodo nacionalista se pueden diferenciar dos etapas:
1. La primera coincide con
la segunda mitad del s.XIX en la que todavía se aprecian
las características del romanticismo y donde se puede
destacar la música rusa. Simplemente se trata de afirmarse
como nación a través de la música y atacar
las instituciones políticas.
2. La segunda etapa se corresponde
ya con el siglo XX y ya se van apreciando las diferencias con
las características del romanticismo. Se comienzan nuevas
formas musicales sacando características de cada folclore.
Es el caso claro de España.
El nacionalismo encontró
en la ópera el mayor vehículo de difusión
ya que al tratarse de obras casi literarias podían ponerse
en escena temas e historias con un marcado carácter nacional.
Además la ópera atraía muchos espectadores
cosa que podría facilitar la difusión de las ideas
del nacionalismo. Más tarde se fue introduciendo este
estilo en las diferentes formas de hacer música, como puede
ser en la música de cámara o sinfónica que
acabaron por renovar sus estructuras.
La melodía y el ritmo adquieren
gran importancia, ya que en ellos se basa la música folclórica,
y se crean nuevos ritmos y melodías a partir de las diferentes
aportaciones de cada región y de cada país. Se construía
una identidad nacional a partir de las diferentes manifestaciones
musicales de cada país ya que cada país tenía
un modo diferente de hacer y de sentir la música.
En nuestro país cabe destacar tanto el nacionalismo gallego
como el vasco. Dentro del nacionalismo gallego se intentó
crear una identidad gallega a través de la música
que había sido alimentada tanto por la tradición
oral como histórica de la región. Dentro del nacionalismo
gallego cabe destacar la figura de Manuel Mungía y también
la aportación de algunos autores eclesiásticos que
enriquecieron la tradición musical gallega.
En cuanto al nacionalismo vasco podemos destacar como una de sus
mayores expresiones la utilización de una forma musical
denominada Zortzico que fue muy utilizada. Algunos de los autores
más destacados fueron Juan María Guelbenzu o Felipe
Gorriti. Que acudieron siempre al Zortzico para expresar su sentimiento
nacionalista. Otra de las expresiones que cabe destacar dentro
del nacionalismo vasco fueron las jotas de la tierra que influyeron
a grades compositores de la tierra.
Compositores vascos como José María Usandizaga o
Jesús Guridi fueron dos de los grandes compositores en
los que el nacionalismo vasco puso sus esperanzas y los dos se
desplazaron a París para continuar ampliando su formación.
A su vuelta no decepcionaron a ninguno de los que habían
depositado esperanzas en ellos como precursores de la música
vasca. Gracias a ellos el sentimiento nacionalista creció
y la gran calidad de sus músicas fue fuertemente elogiada.
Lecároz también fue uno de los grandes focos del
nacionalismo vasco, que además fue el lugar en el que se
fundó el colegio llamado Nuestra Señora del Buen
Consejo, que adquirió gran importancia política
en la época y en el que se desarrolló una gran actividad
musical. Se trataba sobre todo de música religiosa representada
por profesores y alumnos de todo el colegio, en el que se interpretaban
amplios repertorios de diferentes compositores. Del colegio además
apareció la figura del P.Donostia que se dedicó
a ir pueblo por pueblo, aldea por aldea recopilando canciones
pertenecientes al folclore del país convirtiéndose
en uno de los mejores teorizantes de la música vasca, incluso
compilando músicas de compositores vascos del pasado.
El ambiente musical de Lecároz que tanto había dado
a la cultura musical vasca se desmoronó al estallar la
guerra civil y casi todos los componentes del colegio fueron prácticamente
desterrados, entre ellos el P. Donostia que fue enviado a Francia.
A modo de conclusión podemos destacar que el nacionalismo
musical en España se desarrolló más tarde
que en otros países y dejando a un lado los nacionalismos
gallego y vasco los autores más destacados fueron
Isaac Albéniz con su Suite española, Enrique Granados
con la Suite Goyescas y ya en el S.XX Manuel de Falla, que ya
comienza a desarrollar las nuevas tendencias del nacionalismo
español con una de sus obras más conocidas como
es El amor brujo y dentro de ésta la laureada "Danza
del Fuego".