En
el mundo que transcurre a finales del siglo XV y a lo largo del
XVI es donde los artistas empiezan a buscar su fuente de inspiración
en el arte clásico.
Precisamente,
este renacer de la cultura y el arte de la época grecolatina
recibió el nombre de Renacimiento, que supuso un cambio
tremendo para la mentalidad de la sociedad de la época,
que situaba el hombre como eje principal dentro del Universo.
Los
músicos renacentistas se esforzaron por conocer mejor
como se estructuraba la música antigua.
Son tiempos en
que conceptos como belleza y sabiduría también pasan
a primer plano, hecho que constata un amor repentino por el arte,
impulsado por la figura del humanista, que ayudó al desarrollo
del arte que a nosotros nos ocupa, el de la música.
Con todo, el movimiento del Renacimiento no supuso un cambio profundo
dentro del arte sonoro y más que romper con la época
anterior u obsesionarse por las formas musicales de la antigüedad
clásica, la música, a diferencia de las otras artes,
siguió su propio curso. Esto hace que la música
del Renacimiento no se caracterice precisamente por su afán
de innovar, pero los músicos renacentistas, en su despertar
humanista, se esforzaron por conocer mejor como se estructuraba
la música antigua de la realidad grecolatina.
Así,
durante el siglo XV y XVI se impone la música polifónica
frente a la monódica que había reinado en el periodo
gótico anterior. La polifonía provocó un
predominio de los instrumentos de cuerda y de teclado, en definitiva,
de los que mejor se acoplaban a la nueva forma polifónica.
Parte de esta nueva música del Renacimiento se cultiva,
al igual que en la Baja Edad Media, dentro de los sectores eclesiásticos
y palaciegos. Los compositores se reagrupan en cortes musicales
y pasan a depender de la nobleza o del papado. Además,
el ambiente del Renacimiento exige la presencia musical, tanto
en los actos oficiales como en las fiestas de carácter
más popular, sin olvidarse de las ceremonias religiosas.
La música renacentista transmite vibraciones de belleza
pero, sobre todo, sentimentalismo humano. Por eso, las preferencias
del músico de los siglos XV y XVI pasarán por el
género de la canción que hablará de amor,
de la vida o incluso describirá situaciones satíricas
o burlescas. En este sentido, la canción profana melódica
tendrá un éxito profundo que llegará a su
máximo esplendor en forma de madrigal. Estas canciones
renacentistas son puros versos que se convierten en la base del
gran ritmo que transmiten.
Casi
todos los compositores de la época se sintieron atraídos
por estos poemas cantados o madrigales que significaron el auge
de la música profana que, a su vez, se convirtió
en una de las aportaciones de los músicos renacentistas.
Al parecer, este género, de carácter melódico
y expresivo pensado para cuatro o cinco voces solistas, encontró
en la Italia renacentista su escenario por excelencia. Es el caso
de Adrián Williaert que, aunque de origen flamenco, escogió
la ciudad de Venecia para fundar toda una escuela madrigalista.
De todas formas, la originalidad de este género provocó
que traspasara las fronteras italianas para difundirse por el
continente europeo. Pero, sin duda alguna, uno de los grandes
maestros del género madrigalista fue el compositor, Orlando
di Lasso. Con un trabajo inagotable que supera el millar de composiciones,
se le considera uno de los máximos representantes de la
música flamenca del siglo XVI.
Este
carácter más melódico y rítmico de
la música renacentista requiere, cada vez más, un
acompañamiento instrumental destacable que lleva a convertir
la época del renacimiento en una de las más ricas
en instrumentos musicales. En suma, instrumentos de cuerda, viento
y teclado tienen cabida dentro de la música renacentista.
Además, todos ellos son dignos de interpretar un tipo nuevo
de música que exige algo más que simples voces.
Así, laúdes, vihuelas, flautas, oboes, cornetas,
trompetas, tambores, cajas, clavicordios, clavicémbalos
y órganos forman gran parte del conglomerado de instrumentos
del Renacimiento.
Aparte,
el hombre renacentista se esmera tanto en la construcción
de instrumentos musicales que terminan por convertirse en auténticas
obras de arte delicadamente ornamentadas, en particular, los de
cuerda.
Durante
estos dos siglos que ocupó el Renacimiento dominaron más
formas aparte del madrigal. La canción polifónica,
el motete, la misa y el villancico son algunas de ellas. Precisamente,
el villancico, de aportación estrictamente española,
tuvo mucho que decir en esta época humanista. Pero, los
villancicos no fueron el único legado que España dejó a la música renacentista.
Este
carácter más melódico y rítmico
de la música renacentista requiere, cada vez más,
un acompañamiento instrumental destacable.
La
vihuela también encontró un gran apoyo en este país
mediterráneo, que alcanzó la cima musical renacentista
con la música vocal polifónica bajo la batuta del
sevillano, Cristóbal Morales. Por si fuera poco, quienes
fueron los mejores organistas del siglo XVI, Antonio Cabezón
y Francisco Salinas, también tienen sus raíces en
la España renacentista.
La música de carácter religioso, que también
tuvo sus seguidores durante el Renacimiento, vivió una
serie de contradicciones. Por un lado, la reforma, llevada a cabo
por la nueva iglesia protestante naciente, no tardó a dejar
sus huellas en el arte sonoro. Así, la música adquiere
una gran importancia en los actos religiosos en formato de música
coral, una nueva forma que se caracterizaba por la sencillez de
sus letras, pudiendo así, ser cantadas por el pueblo.
Por
su parte, la Iglesia Católica no tardó en dar una
respuesta a este nuevo planteamiento musical. Fue el Concilio
de Trento quien decidió regular, una vez por todas, las
formas de la música religiosa. En pocas palabras, la Iglesia
quería establecer unas normas a seguir, antes que las ceremonias
religiosas católicas se contaminaran de las nuevas costumbres
de las misas protestantes y fuera demasiado tarde reconducirlas.
Aún así, la escuela polifónica católica
tuvo sus momentos de gloria, gracias a la labor del italiano
Giovanni Pierluigi da Palestrina, uno de los compositores más
influyentes de la época. Aunque cultivó la mayoría
de los géneros renacentistas, el reconocimiento le llegó
con su obra religiosa, constituida básicamente de motetes
y misas. No menos importante fue la música religiosa que
aportó el español, Tomás de Victoria, una
figura clave a la hora de describir el espíritu de la contrarreforma
llevada a cabo por la Iglesia Católica.
Durante
el Renacimiento, la música empieza a imprimirse, hecho
que permite una difusión más rápida, a la
vez que garantiza su conservación a lo largo de la historia.
Gracias a ello, toda la música renacentista, que comprende
el periodo entre los años 1450 y 1600, formada básicamente
por madrigales, villancicos, canciones polifónicas, misas
y motetes, puede ser estudiada con detenimiento por los amantes
de este arte y, si se desea, disfrutada por todos nosotros.