No es
la Zarzuela un género menor. Ni es un sucedáneo
castizo de la ópera italiana ni una expresión puntual
de las tradiciones populares españolas. ¿Cómo
definir la Zarzuela? Nuestro género lírico por excelencia
es un producto que refleja fielmente la mentalidad española
durante los siglos que dura su auge y nos aporta un material muy
interesante de los diferentes registros lingüísticos
y expresiones autóctonas.
Nuestro género
lírico por excelencia es un producto que refleja
fielmente la mentalidad española durante los siglos
que dura su auge y nos aporta un material muy interesante
de los diferentes registros lingüísticos y expresiones
autóctonas.
Consolidada ya
desde el siglo XVIII como un género completo y culto, ha
tenido un desarrollo desigual. Impregnada desde sus orígenes
de los aires de folclore es un género de exclusividad española
que nada o poco tiene que ver con los encasillamientos y confusiones
que la falseada historia le ha impuesto. El primer concepto con
el que tenemos que romper para hacer justicia histórica
es el triángulo no equivocado pero si muy mal comprendido
por el gran público entre Zarzuela, Género Chico
y Género menor. La confusión entre estas dos variantes
típicamente españolas es igual de grande que sus
diferencias. La Zarzuela nace en Madrid bajo la influencia de
Felipe IV, monarca gran aficionado a las artes escénicas.
Tienen su antecesor inmediato en "las fiestas zarzuelas"
celebraciones cortesanas que tomaron su nombre de las dependencias
reales donde se realizaban. El palacio de la Zarzuela, actual
sede de la monarquía española, tomó a su
vez su denominación de los zarzales que rodeaban el edificio.
Mas allá del anecdotario histórico, tenemos ante
nosotros uno de los primeros ejemplos claros de fusión
musical de la que manará esta nueva, original y diferente
variedad. En un intento de satisfacer los gustos exquisitos del
monarca español, las compañías de la época
aglutinaban en su espectáculo todos los ingredientes a
su alcance. Ofrecían elementos provenientes tanto del teatro
como del sainete o del concierto, géneros habituales de
la época. De esta fusión converge una de las señas
de identidad del género. La Zarzuela es un género
lírico que alterna el canto con los pasajes hablados propios
del teatro tradicional. De esta época datan las primeras
obras que pueden considerarse ya como pioneras. "El jardín
de Falerina" (1648), "La fiera, el rayo y la
piedra" ( 1652), "Fortunas de Andrómeda
y Perseo" ( 1653), "El Golfo de las sirenas"
(1657), "El Laurel de Apolo" (1658), "Púrpura
de la rosa" (1660). Todas ellas con texto de Pedro Calderón
de la Barca al que la historia considera el primer autor de zarzuelas.
Un denominador común de estos primeros espectáculos
es el argumento. La mitología en todas sus vertientes,
los temas clásicos y de leyenda son los más recurrentes.
Héroes, ninfas y dioses pasean por obras no siempre conservadas
en su totalidad. El olvido ha provocado que la música de
estas primitivas representaciones no llegue a nuestros días
y es "Los celos hacen estrellas" (1685) obra
de Juan Hidalgo y Juan Vélez, la primera partitura conservada
en su totalidad y la primera que nos aporta datos esclarecedores
sobre las particularidades de estas primeras zarzuelas.
La inauguración
del Teatro de la Zarzuela, en 1856 supondrá un hito
ya que se erige como templo de la Zarzuela y lleva a este
género a sus cotas más altas de popularidad,
calidad y producción.
El control de
la monarquía sobre el mundo de la cultura concretó
durante siglos las expresiones artísticas de todo Europa.
Eran los gustos personales de los propios monarcas los que encauzaban
el devenir del arte y la cultura. Los Borbones desembarcan en
España en la primera mitad del siglo XVII. Felipe V y su
esposa María Luisa Gabriela de Saboya, al contrario que
sus antecesores, conservaron sus gustos italianos y relanzaron
la Ópera. Se produjo el declive de este género que
no conseguía despuntar. La consolidación de la Zarzuela
ha sido una lucha desigual por abrirse un hueco en la escena española
y una lucha constante contra competidores que surgían como
resultado de los nuevos gustos de los espectadores. Los nuevos
acontecimientos históricos provocan un giro en las apetencias
musicales de una audiencia que demanda espectáculos más
cercanos y de fácil digestión. Es a mediados del
siglo XVIII cuando el público se decanta por la tonadilla
escénica, teatro cantado de menor duración y talante
cómico. Es un género lírico menor que se
nutre del folclore popular español y de los temas costumbristas.
Se mantuvo como género independiente hasta finales de siglo
momento en el que desaparece de los escenarios definitivamente.
El siglo XIX retoma
la Zarzuela en todo su esplendor gracias en gran parte al impulso
de dos autores claves, Barbieri y Arrieta. La inauguración
del Teatro de la Zarzuela, en 1856 supondrá un hito ya
que se erige como templo de la Zarzuela y lleva a este género
a sus cotas más altas de popularidad, calidad y producción.
Las obras más destacadas se dan en la segunda mitad, "El
Barberillo de Lavapiés" de Francisco Asenjo Barbieri,
1874, "El postillón de la Rioja", 1856,
y "El molinero de Subiza", 1870, de Cristóbal
de Oudrid. Arrieta estrena "El dominó Azul"
y "Marina" en 1853 y 1855 respectivamente y
Ruperto Chapí en 1882 "La tempestad".
Pero en la década de los sesenta irrumpe otro nuevo rival
en la escena lírica, el teatro por horas, antecesor directo
del género chico. Como variante de la Zarzuela incluye
un solo acto a diferencia de los dos o más actos que desarrollan
las zarzuelas grandes. En el género chico la tramoya no
es muy complicada y los argumentos livianos destacan el reflejo
popular de las gentes del pueblo sobre todo del pueblo de Madrid.
El maestro Federico Chueca con "Aguas, azucarillos y
aguardiente", "Gran vía" o
"La revoltosa" es el mayor representante de
este género tan a menudo confundido con la llamada Zarzuela
grande para diferenciarla de esta otra variante menor sólo
en duración. 1894 es el año clave en la consolidación
de la Zarzuela con el estreno de la archiconocida "La
verbena de la Paloma" de Tomás Bretón.
Este siglo ha supuesto también un estancamiento del género
aunque esfuerzos tanto de empresarios como de las instituciones
públicas han promovido el estreno de algunas obras en la
década de los ochenta. Se han recuperado obras clásicas
ya escritas porque si en algo la Zarzuela ha olvidado es en el
impulso creador de los compositores que no han vuelto a producir
nuevas obras desde el siglo pasado. La Zarzuela constituye un
bagaje musical intrínsicamente ligado a las raíces
y la cultura española que permanece en la memoria musical
del país. Aunque la diversificación del ocio de
la sociedad ha facilitado el ocaso del género, que se ha
seguido representando sólo de manera circunstancial, ha
sido finalmente el vacío en la creación lo que lo
ha condenado al olvido definitivamente.