Las ondas
de radio, al ser ondas electromagnéticas, están
expuestas a fenómenos reflexión, refracción,
difracción e interferencia.
La descripción
de la propagación de una onda es muy sencilla si la onda
no encuentra ninguna obstrucción para moverse en el espacio.
Cuando las ondas de radio que parten del transmisor llegan correctamente
al receptor en línea recta se trata de una onda directa.
Para ello es necesaria una visión óptica perfecta
entre emisor y receptor. Esta propagación se utiliza con
altas frecuencias, que requieren antenas de longitud más
pequeñas y se ven menos afectadas por los fenómenos
meteorológicos adversos. Para que la información
llegue al lugar deseado y no a otro se puede generar para estas
altas frecuencias un haz de ondas dirigido, que permite que el
contenido sea más secreto. Esta modalidad lo utilizan los
servicios públicos, policía, bomberos etc., además
de las cadenas de televisión y la radio en FM.
Una de las formas
más importantes de transmisión es por medio de una
onda reflejada o ionosférica. La ionosfera es una capa
de la atmósfera situada entre los 40 y los 320 kilómetros.
Cuando esta capa, formada por aire enrarecido e ionizado muy fuerte
por la radiación solar, está cargada eléctricamente
se produce una refracción o desviación de la trayectoria
de las ondas que se va repitiendo y se convierte en una reflexión
actuando a modo de espejo que devuelve las ondas a la Tierra.
De este modo se salva la curvatura del planeta y permitir la comunicación
entre dos puntos separados.
Las posibilidades
de comunicación a través del sistema de propagación
ionosférica vienen determinadas por la frecuencia utilizada
y por el grado de ionización de la atmósfera. Cuanto
mayor sea la frecuencia de la onda, menor será la refracción
sufrida por la misma ionosfera. Se conoce como Frecuencia Útil
Máxima (MUF) al momento del día en que la frecuencia
es máxima y es reflejada por la ionosfera a la Tierra.
La MUF depende de la ionización de la ionosfera, y ésta
de la radiación del sol, por lo que durante el día
será mayor, también en los meses de verano. Cada
once años se cumple un ciclo de máxima actividad
solar, lo que también sucede con la MUF. En cualquier receptor
de onda corta ocurre que durante el día se reciben emisoras
en bandas de frecuencias más altas, mientras que las bajas
quedan mudas. Por la noche se da la situación contraria.
Esta propagación permite a los radioaficionados ponerse
en contacto con personas de cualquier parte del mundo.
La propagación
más moderna y utilizada hoy en día es por medio
de los satélites artificiales. Como en el caso anterior,
es necesaria una clara visibilidad del satélite desde ambos
puntos, el emisor y el receptor. Hay que separar dos tipos de
satélites: los pasivos, que orbitan alrededor de la Tierra
y sirven de espejo a las ondas de radio; la estación emisora
lanza la onda al satélite y se ve reflejada de vuelta.
Los satélites activos amplifican la onda y la reenvían
de vuelta a la Tierra, para lo que es necesaria una fuente de
energía solar o atómica. Una manera de propagación
muy poco utilizada por su bajo rendimiento es por difracción
ionosférica. Se produce cuando una frecuencia superior
a los 30 MHz alcanza la ionosfera, y pese a que no será
reflejada, la onda resulta difractada en una proporción
muy pequeña. A través de un receptor muy sensible
puede captarse esta onda reenviada a la superficie de la Tierra.
La propagación por difracción meteorítica
se da por mediación de zonas ionizadas por el frotamiento
de los metoritos del exterior. La propagación también
se puede realizar por onda terrestre, es decir, siguiendo la orografía
de la Tierra con la posibilidad de salvar montañas o cualquier
accidente geográfico antes de ser absorbidas por el suelo.
En este caso la propagación se da en frecuencias bajas,
inferiores a 4 MHz, y se utiliza para las emisoras de radio de
onda media y larga.
Otra forma de
propagación que permite comunicaciones a larga distancia
con frecuencias elevadas es a través de la troposfera,
una capa atmosférica que se encuentra debajo de la estratosfera
y lugar donde se forman las nubes. En esta capa las temperaturas
bajan muy rápido, se produce la denominada inversión
térmica, y se crean los canales de ionización, donde
las ondas se desplazan de manera veloz. Esta comunicación
se da en grandes distancias y con frecuencias de VHS o de UHF,
a distancias de hasta 1.500 kilómetros o incluso más.
Otra manera de propagación, muy utilizada por los radioaficionados,
se desarrolla con la luna como reflectante de las ondas de radio.
Para que sea satisfactoria se necesita que la Luna sea visible
desde la parte emisora como de la receptora, y una comunicación
elevada. En general, cuando una onda alcanza la superficie de
separación de dos medios de distinta naturaleza se producen,
en general, dos nuevas ondas, una que retrocede hacia el medio
de partida y otra que atraviesa la superficie límite y
se propaga en el segundo medio. Al primero de los hechos se le
llama reflexión y al segundo refracción.
El fenómeno
de la refracción supone un cambio en la velocidad de propagación
de la onda asociado al paso de un medio a otro de diferente naturaleza
o propiedades, que da lugar a un cambio en la dirección
del movimiento ondulatorio. En consecuencia, la onda refractada
se desvía un cierto ángulo respecto de la incidente.
La refracción se presenta con cierta frecuencia debido
a que los medios no son homogéneos, sino que sus propiedades
y la velocidad de propagación de las ondas en ellos, cambian
de un punto a otro. La propagación del sonido en el aire
sufre refracciones, dado que su temperatura no es uniforme. En
un día soleado las capas de aire próximas a la superficie
terrestre están más calientes que las altas y la
velocidad del sonido, que aumenta con la temperatura, es mayor
en las capas bajas que en las altas. Ello da lugar a que el sonido,
como consecuencia de la refracción, se desvía hacia
arriba. En esta situación la comunicación entre
dos personas bastante separadas se vería dificultada. El
fenómeno contrario ocurre durante las noches, ya que la
Tierra se enfría más rápidamente que el aire.
En el caso de
las ondas sonoras, le reflexión en una pared explica el
eco. Si la distancia a la pared es suficiente, es posible oír
la propia voz reflejada ya que el tiempo que emplea el sonido
en ir y volver permite separar la percepción de la onda
incidente de la reflejada.