James
Clerk Maxwell nació en Edimburgo (Escocia) en 1831 en el
seno de una familia bastante acomodada.
Perdió
a su madre muy pronto así que bajo la tutela de una de
sus tías y su padre estudió en la Academia de Edimburgo.
Desde muy pronto era un chico muy activo e imaginativo, construía
y dibujaba maquetas y diagamas de todo tipo, lo que le valió
varios premios.
Con
sólo catorce años, una edad muy prematura, escribió
varios artículos explicando los óvalos, que desde
su punto de vista era un lugar geométrico de los puntos
de un plano, llegando a la conclusión de la definición
de elipse. Ingresó en la universidad de la misma ciudad,
Edimburgo, cuando sólo contaba con dieciséis años,
y cuando tenía diecinueve se fue a Cambridge. Allí
ya empezó a destacar por encima de sus compañeros
por su asombrosa capacidad para solucionar las ecuaciones y problemas
relacionados con la física.
Una vez que se graduó en la universidad, cuatro años
después tuvo que renunciar a una importante plaza en el
Trinity College de Cambridge por motivos personales, su padre
había enfermado y no dudó en volver a Escocia para
estar con él. Cuando falleció en 1856 comenzó
a impartir clases de filosofía natural en el Marischal
College de la ciudad de Aberdeen. Allí estuvo unos cuatro
años y después consiguió una plaza en el
King’s College de Londres, también como profesor
de filosofía natural, donde desde el inicio se encontró
muy a gusto y disfrutó de su profesión como nunca
lo había hecho. Así en 1961 entró en la Royal
Society.
En esta etapa de su vida empezó a cosechar éxitos
importantes, fue nombrado como director del denominado Cavendish
Laboratory, comenzó a escribir artículos sobre su
materia, en especial relacionados con el electromagnetismo y la
termodinámica, es decir, poco a poco se fue haciendo un
hueco y un nombre en el mundo de la física.
Con
sólo catorce años, una edad muy prematura,
escribió varios artículos explicando los óvalos.
Ya
en 1957 tenía la teoría de que los anillos de Saturno
debían estar compuestos por partículas muy pequeñas,
y que además éstos no podían ser en ningún
caso ni sólidos ni líquidos, ya que en ese caso
se romperían de forma automática. Con su estudio
ganó el premio Adams. Muy poco después se dedicó
a estudiar el comportamiento que tenían las moléculas
en los gases, y demostró que el movimiento de ellas producían
el efecto de calor. Todo esto le llevó a interesarse también
por la luz, y comentaba que debía estar compuesta por unos
campos de vibraciones eléctricas y magnéticas, que
se desplazarían a la propia velocidad de la luz.
En 1865 por fin publicó estos grandes descubrimientos y
dejó caer la tesis posterior de las radiaciones electromagnéticas.
Estas ideas le llevaron a descubrir en el año 1886 las
ondas de radio. Maxwell pensaba que estas andas electromagnéticas
eran conducidas por mediación del éter, una teoría
que fue después refutada por el experimento de Michelson-Morley.
Sus ideas fueron fundamentales para la creación de ondas
electromagnéticas en los laboratorios, lo que demostró
otro de los grandes físicos de la historia, Heinrich Hertz
en el año 1887, cuando ya Maxwell había fallecido,
pero que ya ponía las bases de las comunicaciones a larga
distancia.
En 1873 en su libro Treatise on Electricity and Magnetism dejó
bastante claro que su tarea esencial era justificar de una manera
matemática aquellos conceptos físicos que hasta
ese instante solamente habían sido descritos de manera
cualitativa, como ocurre en las leyes llamadas de la inducción
electromagnética donde tienen cabida los campos de fuerza
que fueron emitidas por Michael Faraday. El hecho de introducir
la idea de onda electromagnética le permitió a Maxwell
realizar un estudio completo de la relación entre electricidad
y magnetismo, en sus ya famosas "ecuaciones de Maxwell",
que tienen como punto fundamental los campos de fuerza.
En
concreto estableció de manera matemática las especulaciones
de Faraday acerca de la electricidad y las líneas de fuerza
que son magnéticas. Eran cuatro ecuaciones, con las que
pudo explicar el comportamiento exacto de los campos eléctricos
y magnéticos y las interrelaciones que pudieran existir
entre sí. Así por tanto dejó sobradamente
demostrado que conceptos como la electricidad y el magnetismo
no podían aparecer de manera aislada, la ya denominada
teoría del electromagnetismo.
Maxwell
pensaba que estas andas electromagnéticas eran conducidas
por mediación del éter, una teoría que
fue después refutada por el experimento de Michelson-Morley.
Con
la llamada función de distribución de Maxwell-Boltzmann
estudió las posibilidades que existían de encontrar
una partícula a la velocidad que fuese en un gas que estuviese
diluido y que no tuviera campos de fuerza del exterior.
Maxwell de alguna manera demostró las tesis de Avogadro
y de Ampère y estableció la posible relación
entre la viscosidad que puede tener un gas con su temperatura.
Así anunció la ley llamada de equipartición
de la energía. Se preocupó también por el
color, estableciendo diferentes teorías sobre la percepción
de cada uno de los colores, lo que sería después
llamado fotografía tricolor.
Su huella ha sido muy importante en la historia ya que tuvo su
influencia en las mismísimas teorías de la relatividad
de Einstein y en la posterior mecánica cuántica
que tuvo su época más gloriosa en el siglo XX.
Maxwell se casó en el año 1858 con una chica llamada
Katherine Mary Dewar, que a su vez era una de las hijas del director
del Marischal College donde Maxwell estudió. Maxwell falleció
de cáncer en Cambridge, en Inglaterra, el cinco de noviembre
del año 1879, poco antes de los cincuenta, con la mala
suerte de hacerlo ocho años antes de la confirmación
total de su teoría del espectro de ondas electromagnéticas
por parte de Hertz. Con todo es uno de los físicos más
importantes del siglo XIX, fue especialmente un magnífico
teórico de la ciencia, y tenía la peculiaridad y
la capacidad de demostrar mejor sus tesis a través de la
matemática que con los propios experimentos.