África: Marruecos
Casablanca
:: Lujo árabe ::

La ciudad de Casablanca es conocida por los occidentales gracias a una película que se filmó en Los Ángeles y en la que apenas aparecían marroquíes. Su nombre evoca mestizaje y aventuras y de hecho es la ciudad más europea del norte de África.

 
La plaza de las Naciones Unidas es el centro económico de la ciudad

Casablanca es una ciudad moderna, fue fundada hace apenas tres siglos y a mediados del anterior fue reformada por completo. El lujo y la vocación cosmopolita se hace patente gracias a los restaurantes occidentales (como el “Rick’s” de Humphrey), a sus modernísimos edificios, a sus lujosos hoteles y sus playas de acceso privado. Como reverso de este “Malibú marroquí” encontramos la gran mezquita de Hasan II, que se alza altiva en la ciudad como para fiscalizar la moral de los ciudadanos.
Esta dualidad es lo que más atractiva hace a Casablanca: disfrutar del confort occidental con el lujo árabe, de lo más terrenal con lo espiritual y misterioso.

Otro de los atractivos de Casablanca es poder disfrutar con el paseo de la arquitectura más experimental del siglo pasado. En 1912 fue aceptado el protectorado francés de la región y la zona comenzó a explotarse inmobiliariamente de forma masiva. Se construían edificios por doquier, lo que propició la llegada de numerosos arquitectos tunecinos, griegos y, especialmente, franceses. Se creó una nuevo estilo arquitectónico que mezclaba con alegría la tradición morisca y arábiga con las últimas tendencias europeas. Así que paseando por la ciudad podemos deleitarnos con la rica decoración de las fachadas de estos edificios, claramente influenciados estilísticamente por el Art Déco y el Art Noveau, como se desprende de la observación de sus cúpulas, balcones y columnas. Estos espléndidos edificios los encontramos en su mayoría en la Avenida Mohamed V, donde a lo largo de diez kilómetros están dispuestos, uno tras otro estos inmuebles, construidos en su mayoría en la década de los 30. Entre los más destacables se hallan el cine Rialto, la Oficina de Correos Nacional o el edifico Glaoui.

Podemos continuar paseando y llegar hasta la plaza de las Naciones Unidas antiguamente llamada (y aún hoy por muchos ciudadanos) Plaza de Francia. En ella encontramos el centro económico de la ciudad. Fácilmente podemos perdernos entre sus comercios y luego tomarnos un té es una de sus características cafeterías. Desde la plaza se divisa la Torre del reloj, un edificio francés mandado construir por el Capitán Dessigny a principio del pasado siglo. Símbolo del colonialismo y del nuevo orden industrial, fue demolida e n1940 y posteriormente, en 1994, elevada de nuevo como réplica exacta de la anterior.

Otro punto de interés es la Medina, la ciudad vieja, que anteriormente estaba enmurallada y de la que hoy sólo queda una pequeña parte, ya que la ciudad fue completamente destruida en 1775 por un terremoto.

Otro punto de obligada visita es el barrio de Hallous, construido en 1919 por el francés Albert Laprade, con el fin de acoger a la población rural que inmigraba en masa para trabajar en la próspera ciudad. Es un lugar único en el país ya que combina a la perfección el urbanismo ordenado de occidente con los cánones de la arquitectura musulmana. El propósito de Laprade fue bueno, pero su resultado mejor, por lo que las familias acomodadas fueron las que finalmente se quedaron con estas casas, así que el buen propósito de Laprade no sirvió de nada. En este barrio también está La Mahkama del Pacha (el gran tribunal islámico) fue construido entre 1941 y 1952 siguiendo los planos de Auguste Cadet. En este edificio podemos advertir la influencia de la arquitectura andalusí. Igualmente interesante es el suntuoso Palacio Real construido por los hermanos Pertuzzio, lamentablemente no podemos acceder a su interior, aunque podemos deleitarnos con sus jardines ideados por Forestier en 1916 con un marcado carácter mediterráneo.

Aunque probablemente lo que más llama la atención a los turistas del barrio de Halous son sus bazares, donde te puedes pasar horas y horas regateando a los veteranos comerciantes, que por más que lo intentes siempre saldrán ganando, aunque tu te vayas convencido de que has hecho el negocio de tu vida .

La Gran Mezquita de Hassan II es una de las mayores del mundo  

Otro de los lujos de estar en Casablanca es pasear por lo que sus ciudadanos llaman “la Cornisa”, una versión árabe de la tradicional Riviera. Podemos andar kilómetros por ella y no veremos más que paradisíacas playas, llamativas piscinas (entre ellas estuvo la más grande de África) y balnearios exclusivos.

Parte de la Cornisa fue derruida para construir la Gran Mezquita de Hassan II, una de las mayores del mundo, en la que trabajaron más de 30000 obreros y 8 grúas de más de 220 toneladas. En su sala de oraciones pueden darse cita más de 25000 fieles.
En el borde de la ciudad, casi robándole espacio al océano, se alza este monumento a la fe (y a la megalomanía de un hombre), cuyo minarete alcanza los 210 metros dominando toda la ciudad. El lujo y la sobre-ornamentación son el santo y seña del santuario. Sus 200 metros de fachada están cubiertos con mármol, adornado con piezas de estucado, titanio y mármoles verde y negro.

Por último recordar que la temperatura media en invierno es de 20ºC y que en verano alcanza los 26ºC de media, así que es recomendable llevar ropa ligera, preferiblemente de algodón, aunque siempre viene bien algún abrigo ya que por las noches suele refrescar. En cuanto a las vacunas, oficialmente no son necesarias, aunque es recomendable hacerlo contra la Hepatitis-B y el Tifus.

...por Alberto Galán

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