África: Marruecos
Rabat
:: Monasterio Fortificado ::

Muchos de los viajeros que visitan Marruecos piensan que no vale la pena visitar Rabat, ya que piensan que no es más que una capital administrativa, sin ningún atractivo turístico. Se equivocan.

No está de más echar un ojo a la medina  

Ciertamente se trata de una ciudad tranquila, elegante, que permite pasear por sus calles sin sufrir el característico acoso al que someten los vendedores ambulantes a los turistas.

La ciudad se fundó en el siglo XII como un pequeño anexo a una gran fortaleza ubicada en la desembocadura del río Bou Regreg. Se la llamó “Ribat” que significa “monasterio fortificado”. Nunca tuvo excesiva importancia y no fue hasta 1913, cuando el gobierno francés (que había colonizado el territorio) decidió cambiar la capitalidad de Fez para concedérsela a Rabat. Aunque anteriormente había sido la capital de Yacub Al-Mansur en el siglo XII y antes aún funcionó como puerto fenicio, más tarde cartaginés e incluso romano.

Por la poca importancia que tuvo entre le edad media y nuestros días, sus edificios antiguos no son tan interesantes como los de otras ciudades magrebíes. Por ejemplo; la medina de Rabat no es comparable a la de otras ciudades con más solera, como Fez o Marrakech, pero a pesar de eso no está de más echarle un ojo de camino a la Oulayas Kasbah. La mejor ruta para llegar hasta la Kasbah es empezar por la Rue Soukia, atravesando la parte más atractiva de la medina. Siguiendo por esta calle llegamos a la Gran Mezquita, lugar donde se pueden comprar especias y comida típica. Muy cerca de allí está la Souq as-Sebbat, famosa por sus vendedores de joyas. Aunque si disponemos de menos presupuesto podemos ir la Rue des Consuls, que además de llevarnos directamente a la puerta de la kasbah, nos ofrece la posibilidad de adquirir, previo audaz regateo, productos de piel, babuchas o la inefable alfombra.

La Kasbah se alza sobre el atlántico, justo en la desembocadura del río Bou Reg, hacía el antiguo pueblo corsario de Sale. Para acceder a la Kasbah hay que subir unas escaleras, aunque justo antes de estas, para reponer fuerzas podemos pararnos un momento en el "Jardín Andaluz", obra de los colonos franceses. En el jardín se halla el Mueso de los Oudaia (El museo de arte nacional), que aprovecha las instalaciones de palacio del siglo XVII. En el mismo jardín, en su parte este, accedemos al Café Maure (Café moro), donde podemos disfrutar tranquilamente de un té de menta o un refresco mientras vemos el estuario del río y el mencionado pueblo de Salé, claro que si somos un poco más aventureros podremos contemplar igual las vistas comiendo un sabroso cuerno de gacela, especialidad de la casa. Dejando el “Jardín Andaluz” y subiendo por las escaleras nos topamos con la gigantesca puerta de Bab Oudaia, construida en el siglo XII por los almohades. Cogemos la calle principal de la Kasbah, la Rue Jammaa, donde está la mezquita principal, la más antigua de Rabat, construida en el siglo XII. La calle desemboca en la Plataforme du Semaphore, desde donde se observa la magnitud del océano y la Torre de los Piratas, ubicada en Salé.

Salé, ubicada en la orilla derecha del Bou Regreg, pegada a Rabat, tiene una historia propia y diferenciada de la capital. Originalmente fue un poblado de piratas, que fue sobreviviendo y dejando vestigios y ruinas de todas las épocas, que es lo que dotan de atractivo a la ciudad, como la Gran Mezquita, la medersa aneja, el santuario de Sidi Ahmed el Tijani, la puerta Bab el Mrisa y el morabito de Sidi Abdallah ben Hassoun, patrono de Salé.

El siguiente punto de interés es la torre Hassan. Situada sobre un pequeño cerro y rodeada de un precioso jardín, constituye todo un símbolo para la ciudad. Como prácticamente la totalidad de edificios de la Kasbah, fue construida en el siglo XII, y en su época era el monumento más imponente de la zona, a pesar de no estar terminada ni al 50%. Realmente esta torre de 44 metros era el miranete de una gran mezquita destruida por un terremoto en 1755, de la que hoy sólo quedan algunas columnas de mármol en pie. Nada más ver esta torre nos viene a la cabeza otra mucho más familiar, la Giralda de Sevilla, ya que el estilo es muy similar.
En la misma explanada está el mausoleo de Mohamed V, y también descansan los restos del padre de este; Hassan II. El mausoleo responde al tradicional estilo marroquí y tiene unas bonitas panorámicas desde su interior.

 
En las cercanías de Rabat es muy interesante la visita a los jardines de Buknadel, situados a unos 12 kms

Después de salir del museo nos quedan 4 Kilómetros de camino por el boulevard Abi Radraq y continuando por Moussa Ibn Nassair, donde se encuentran la mayoría de embajadas y edificios oficiales. Al final de los boulevards está la necrópolis de Chellah, a extramuros de la ciudad y construida en el siglo XIII sobre la antigua ciudad romana de Sala Colonia. En este lugar se mezclan las ruinas del pasado romano con las del complejo islámico en que se convirtió en la edad media, donde entre otras cosas hay tumbas de Santos, aunque la verdad es que no hay demasiada cosa que ver, aunque es cierto que en conjunto es una visita atractiva.

Volviendo al centro de la ciudad desde la necrópolis podemos ir al Palacio Real, entrando por los jardines de “el mechouar”, esmeradamente cuidados entre grandes avenidas, en las que se alzan los edificios militares de la ciudad. Lamentablemente el propio palacio no se puede visitar y además está fuertemente vigilado, así que uno debe conformarse con verlo de lejos.

La zona de hoteles de la ciudad queda delimitada por una parte por el gran parque central llamado “Les Jadins triangle de Vue” y la estación de tren principal. En esta zona también están los bares y cafeterías destinadas a los turistas, donde uno se puede hartar de comer Kebabs acompañados por cerveza y aceitunas. Aunque para los más recelosos de ese conglomerado de carne que gira en la barra, están las pizzerías y heladerías, que también son abundantes en la zona.

En las cercanías de la ciudad es muy interesante la visita a los jardines de Buknadel, situados a unos 12 kms. de la capital, con más de 1.500 especies de plantas exóticas. Los amantes de las playas o de secarse al sol como los lagartos del desierto, tienen la ocasión de visitar una playa especial, muy cerca de una antigua Kasbah. Para bañarse en ella es imprescindible deslazarse a Temara, a 16 kms. de Rabat. Otra opción es ir a pasar el día a la conocida Playa de las Naciones, al norte de la ciudad.

...por Alberto Galán

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