República
Federativa del Brasil
:: A ritmo de Samba
::
Brasil
representa el 43 % de la superficie total de América del
sur, con 8,5 millones de Km². y aporta 175 millones de habitantes
al subcontinente.
SUPERFICIE 8.547.404
km²
POBLACIÓN 176.029.560 habitantes
DENSIDAD
21 hab/km²
CAPITAL Brasilia
LENGUA
Portugués (oficial), español,
inglés
RELIGIÓN
Católicos
90%
Las
estadísticas le otorgan el quinto puesto tanto en la lista
de países de mayor tamaño como en la de los más
poblados del planeta, pero si se confeccionara una clasificación
de las naciones más atrayentes, seguramente Brasil se encontraría
aún más arriba.
Los
atractivos del inmenso país suramericano resultan muy variados,
y quizás por ello se trate de un destino que gusta a todo
tipo de personas. Los parques naturales de la zona aseguran a
los amantes de lo salvaje entretenimiento continuo durante su
estancia.
Por
el contrario, si el visitante busca mezclarse con la población
local y sentir su estilo de vida como propio, no hay nada mejor
que programar unos días en cualquiera de las grandes ciudades
brasileñas. Incluso el viajero cultural tiene su espacio
en la antigua colonia portuguesa.
Brasilia es un ejemplo casi único de ciudad construida exclusivamente
para un fin, convertirse en capital del estado. Un estado gobernado,
en el momento de nuestra visita, por Lula, otro caso sin precedentes,
pues se trata de un antiguo obrero metalúrgico convertido
en presidente.
La
historia brasileña resulta tan destacada como los atractivos
actuales del gigante iberoamericano. En el año 1.500, el
portugués Pedro Alvares partió desde Lisboa con
13 barcos y 1.200 hombres. El marino fijó su objetivo en
llegar a las Indias pero su trayecto finalizó muy próximo
a lo que ahora se conoce como Porto Seguro, aunque
no se sabe si amarró de forma accidental o ya se sospechaba
la situación del actual Brasil en aquella época.
Desde el siglo XVI, la colonización prosperó gracias
al cultivo de la caña de azúcar con indios capturados
en la zona. Más tarde, los portugueses reemplazaron a los
esclavos autóctonos por otros capturados en África que además se vieron obligados a extraer oro de las minas
recién excavadas.
El
hecho más interesante del pasado brasileño ocurre
en 1807, cuando el ejército de Napoleón ocupa Portugal.
Joao VI, el entonces Príncipe Regente del país europeo,
se traslada al nuevo mundo y poco después designa a Río
de Janeiro como la capital del "Reino Unido de
Portugal, Brasil y el Algarve". De esta manera, Brasil se
convirtió en la primera y única colonia sede de
una monarquía europea. Aunque la situación se alargó
por poco tiempo, pues una revolución liderada por Pedro,
hijo de Joao VI, liberó a Brasil de Portugal en 1822 sin
derramar ni una gota de sangre.
Hoy
en día, Brasil vive otro momento al menos destacado. Desde
hace poco más de un año, Luis Ignacio Da Silva,
Lula, dirige los destinos de la nación con políticas
que intentan acabar por todos los medios con la pobreza, el hambre
y el desempleo. Lula nació en Pernambuco en 1945 y desde
muy joven se empleó en distintos puestos para aportar dinero
a la exigua renta familiar. 18 años después, el
ahora presidente completó un curso de tornero que le permitió
afianzarse en la industria metalúrgica, donde ya trabajaba
desde hacía casi un lustro. Al
mismo tiempo que llegaba el hombre a la luna, en 1969, Luis Ignacio
Da Silva entró en el sindicato del metal y comenzó
así una sorprendente carrera política que le transportó
del puesto de operario metalúrgico al despacho oficial
en Brasilia. Antes de conseguirlo, Lula se presentó
a las elecciones en varias ocasiones, pero primero Fernando Collor
de Mello y posteriormente Fernando Henrique Cardoso le superaron
en las urnas. De todas maneras, el cambio en Brasil se veía
venir y el 27 de octubre de 2002 el "Partido de los Trabajadores",
con Lula al frente, recibió el apoyo de 53 millones de
brasileños, un soporte suficiente para hacerse con el poder. Río
de Janeiro y Sao Paulo constituyen los
dos lugares que más se beneficiarán de las líneas
maestras de la política de Lula, si se llevan a cabo tal
y como se diseñaron.
En Río de Janeiro, otra capital de Brasil,
confluyen las características que mejor definen al país.
La belleza se muestra en sendos montes, el Corcovado,
con la monumental estatua del Cristo Redentor en la cima, y el no menos famoso Pan de Azúcar. La naturaleza
también tiene cabida en la gran urbe con el Parque
Natural de Tijuca, una densa jungla tropical que rodea
Río. Como
en el resto de Brasil, la diversión y el placer también
ocupan un lugar importante en la ciudad Carioca. Las playas de Ipanema y Copacabana son, posiblemente,
las más famosas del planeta. Millones de personas se bañan
y toman el sol en ellas en busca de los cuerpos esculturales que
anuncia el tópico. Por si fuera poco, el carnaval
de Río completa con creces el aspecto lúdico
de la ciudad. Pero por desgracia, las favelas, o lo que es lo
mismo, el hambre y la pobreza, forman otra imagen habitual de
la nación y de Río de Janeiro.
Resulta sobrecogedor conocer que, sólo en Río,
unos tres millones de seres humanos habitan entre cartones, chapas
y basura.
Pero
el gran núcleo urbano brasileño no es Río
de Janeiro sino Sao Paulo. Con 17 millones
de habitantes, compite en inmensidad y rapidez de crecimiento
con urbes como México D.F o Bombay. Su población
se basa en la inmigración y lo que más abunda en
sus calles son descendientes de italianos y japoneses. Como casi
todas las megalópolis, entre los problemas que más
acucian a Sao Paulo se encuentran la violencia,
la contaminación y el tráfico. Pero para ser justos
con la ciudad, hay que resaltar también que se trata del
mayor centro industrial del país y que su vida nocturna
seducirá a cualquier extranjero que la experimente. Aunque
resulta recomendable vivirla al lado de alguien que la conozca
de antemano.
En
un primer momento destaca que la capital del país sea Brasilia y no ninguna de las dos grandes ciudades descritas
anteriormente. Brasilia, que se encuentra en
el interior de la nación, cuenta con una peculiaridad casi
única. Millones de campesinos trabajaron a contrarreloj
durante cuatro años con un único fin, dotar a Brasil
de una nueva capital. Característica que comparte, por
ejemplo, con la australiana Canberra. La curiosa ciudad, proyectada
para 800.000 habitantes, se inauguró en 1960 y en su construcción
se respetaron por completo los planos realizados por los arquitectos
Nyemeyer y Costa. El resultado salta a la vista, un espacio perfecto
para la burocracia y los negocios pero no para vivir. Claro que
seguramente este no sea el motivo por el que las miles de personas
que trabajan en los sectores industriales y de servicios de la
capital decidan vivir en chabolas a 30 Km. de distancia. En
cuanto al ámbito natural, ningún visitante que viaja
a Brasil pasa por alto un recorrido por las Cataratas
de Iguazú, aunque la zona verde más conocida
del país es la formada por la selva del Amazonas
y el río del mismo nombre. El mágico
entorno se forma gracias 3 Km. de saltos de agua con una altura
de unos 80 metros en un cruce de caminos, o más bien de
límites. Así, en las Cataratas de Iguazú se congregan fronteras de un trío de países, Argentina,
Paraguay y el propio Brasil. Como siempre en estas latitudes,
a la hora de planificar hay que tener en cuenta en que época
se hará el viaje, pues unos días de tormentas continuas
pueden arruinar la experiencia. Para conocer tranquilamente los
saltos de Iguazú, lo mejor es acercarse
entre los meses de agosto y noviembre.