São Paulo es una de las ciudades más pobladas del mundo y un destino idílico para el viajero amante de las grandes urbes.
Una verdadera metrópoli que alberga diversas nacionalidades que han ido constituyendo sus propias barriadas hasta transformarla en la ciudad más cosmopolita de Brasil.
Vivir el día a día es suficiente para salir adelante.
São Paulo puede satisfacer al turista ofreciéndole cultura, historia o naturaleza, así el viajero puede recorrer sus museos, visitar monumentos y edificios antiguos o perderse por sus numerosos parques y jardines disfrutando del hermoso colorido que desprende.
El clima de esta ciudad, situada al sureste de Brasil, es agradable durante todo el año. Salvo de los tres primeros meses, que coinciden con la época de grandes lluvias y mucho calor, el tiempo que reina durante el resto del período es perfecto para poder gozar de esta ciudad de la manera más recomendable, deambular por sus calles atestadas de gente y rincones seductores y, sobre todo, disfrutar de la vida nocturna que regala una urbe tan inmensa como São Paulo. Puede presumir de ser la tercera ciudad más grande del mundo, hecho que la convierte, casi por defecto, en un gran centro comercial y financiero. Los transportes públicos también están al nivel de una villa de estas dimensiones, así todo aquel que tenga ganas de recorrer la ciudad de un lado a otro no tendrá problemas de movilidad.
Lo que más sorprende de São Paulo es el ritmo frenético que llevan los habitantes de la ciudad. Todos los turistas suelen preguntarse cuál es la clave para organizarse en una villa tan grande y llena de gente. Pero los paulistanos lo tienen muy claro: vivir el día a día es suficiente para salir adelante.
Para empezar a familiarizarnos con el ritmo de la ciudad, que mejor que empezar nuestra ruta turística por su emblemático centro geográfico, donde se ubica la Praça da Sé, siempre atestada de gente y lugar de reunión de músicos callejeros dispuestos a hacernos pasar un buen rato. Junto con la Praça da Sé, la Avenida Paulista está considerada otro punto neurálgico de la metrópoli. En medio de los grandes rascacielos que se aglutinan en esta zona, podemos encontrar también numerosos restaurantes, bares y cafés para observar sentados y desde otra perspectiva la ciudad que parece no detenerse nunca.
La mejor manera de conocer la ciudad de São Paulo es darse una vuelta por los distintos barrios que constituyen la metrópoli. La gran mayoría de habitantes de otras nacionalidades que han decidido quedarse a vivir en esta enorme urbe se han adueñado de una barriada concreta hasta llegar a formar auténticas colonias. Así, los japoneses que llegaron a la ciudad ocuparon el barrio Liberdade, uno de los más activos y populares de la localidad. Por otro lado, los judíos optaron por el barrio de Bom Retiro, situado más al norte, mientras que los italianos prefirieron el distrito de Bela Vista.
Después de un largo paseo por los distintos barrios de la ciudad podemos dedicar una tarde a visitar museos. Entre ellos, el Museo de Arte de São Paulo que, con un millar de obras, constituye la mayor colección de arte occidental de Latinoamérica, donde también podemos admirar parte del arte brasileño. Pero donde realmente lograremos disfrutar de las pinturas de artistas brasileños y que merece una visita obligada para los entusiastas del arte, es en la sede de la Pinacoteca do Estado. La cultura en São Paulo se presenta rica en sus diversas manifestaciones. Aparte de sus museos, es una ciudad que ampara un gran número de exposiciones, espectáculos y siempre está abierta para recibir toda propuesta que tenga que ver con el mundo artístico. Durante todo el año grupos musicales y compañías de danza o teatro se disputan la cartelera cultural de la ciudad.
Viajar a São Paulo es estar dispuesto a no parar quieto ni siquiera para dormir.
Para los amantes de la tranquilidad, São Paulo también esconde sus rincones de intimidad y disfrute de la naturaleza. Uno de estos escondites es el conocido Parque do Estado que, aparte de contar con una gran extensión para pasear y disfrutar de una de las zonas verdes de la ciudad, acoge un Jardim Botânico y un Jardim Zoológico. Otro parque que no tiene desperdicio y que sirve para desconectar del barullo de la metrópoli es el Parque do Ibirapuera, donde encontraremos un Planetarium y el Museo de Arte Moderno para visitar. Pero, realmente, uno de los lugares que apiña más número de turistas por su singularidad es el Instituto de Butantã donde conviven miles de ofidios que sirven de estudio para encontrar vacunas contra las picaduras de serpientes o arañas venenosas.
São Paulo es una de las capitales del ocio. Incontables ofertas de entretenimiento inundan la ciudad y dejan la opción de poder escoger la que a nosotros nos pueda resultar más excitante en esos momentos. Las noches en la ciudad son largas y sino fuera por las luces que iluminan las calles cuando la luz solar desaparece, no distinguiríamos si nos hallamos en pleno día o en mitad de la noche. Es como si la ciudad nunca se decidiera a dormir. El mismo frenesí que mueve el ritmo diurno lo encontramos durante la noche: los mismos atascos, la misma multitud de gente que se reúne en los concurridos bares musicales o en locales que cubren todos los ambientes posibles.
Evidentemente, si se quiere seguir el día a día de una ciudad como la de São Paulo, que mejor que regalarle al cuerpo una buena dosis de buena comida para poder llevar el compás de los paulistanos. Debido a la variedad racial de su población, la metrópoli brinda todo tipo de cocinas: china, italiana, árabe, criolla o marroquí son algunas de ellas. También la comida local es digna de ser degustada y todo ello a un precio asequible por todos los bolsillos.
Viajar a São Paulo es estar dispuesto a no parar quieto ni siquiera para dormir, ya que uno puede perderse una de las mejores expectativas que ofrece esta ciudad brasileña: la de vivir la vida al máximo. Parece como si los paulistanos tuvieran miedo de estar un solo minuto sin hacer nada en una localidad donde la palabra descansar no figura en su diccionario. Una ciudad prohibida para todos aquellos que tengan pensado relajarse durante sus vacaciones, pero totalmente recomendada para los amantes de las grandes urbes, para aquellos que, al igual que para los paulistanos, el día es noche y la noche es día. Una ciudad donde es posible gritar: ¡Carpe Diem!.