Bosnia-Herzegovina ::
El encanto olvidado de los Balcanes ::
Bosnia-Herzegovina
representa uno de los casos más tristes y difíciles
de la historia reciente de la humanidad.
SUPERFICIE 51.129
km²
POBLACIÓN 3.964.388 habitantes
DENSIDAD
78 hab/km²
CAPITAL Sarajevo
LENGUA
Bosnio, croata y serbio
RELIGIÓN
Musulmana
40% Ortodoxa 31% Católica 15%
Tras
una primera mitad del siglo XX repleta de conflictos y problemas
étnicos en la zona de los Balcanes, parecía que
el destino le reservaba al país unos años de relativa
paz y prosperidad dentro de la Republica Socialista Federal de
Yugoslavia, aunque bajo la férrea mano comunista del Mariscal
Tito. Pero los motivos para creer en un futuro tranquilo se desmoronan
en 1980, con la muerte del dictador.
Desde
la década de los 80, la convivencia se hace más
complicada y la situación termina de explotar con la llegada
al poder en 1989 de Slovodan Milosevic y su plan de construir
una "gran Serbia". Tras dos años de tensiones
y poco después de la independencia de Croacia y Eslovenia,
la guerra vuelve a estallar en la zona y en 1992 establece su
frente más sangriento en Bosnia, que perdió medio
millón de habitantes durante la guerra, y, sobre todo,
en el asedio a Sarajevo.
La
capital bosnia sufrió el acoso del Ejército Federal
Serbio desde abril de 1992 hasta 1995. Por desgracia, el enclave
era perfecto para una acción de este tipo. La artillería
serbia se estableció desde el primer momento en las colinas
que rodean la ciudad y desde allí bombardeó con
furia inusitada y sin piedad el valle donde se sitúa Sarajevo.
Los fríos números reflejan las atrocidades que se
cometieron durante los cuarenta meses de ataques. Más de
diez mil personas perdieron la vida sólo en la capital,
mil quinientas de ellas niños. A las víctimas mortales
hay que sumar otros cincuenta mil heridos y la destrucción
de cientos de edificios y hogares, lo que obligó a los
habitantes a refugiarse entre las ruinas o a vivir en plena calle.
El
ensañamiento serbio alcanzó tales cotas que aún
hoy, cuando se recorre la ciudad, se aprecian los desperfectos
causados por los proyectiles y los obuses en las fachadas de gran
parte de las construcciones. Estos recuerdos provocan escalofríos
que llegan a su punto álgido frente a la antigua sede
del Gobierno. El edificio sobrevive derrotado en una
de las principales avenidas de la localidad, a unos centenares
de metros del famoso "Holiday Inn", el hotel de los
periodistas durante el conflicto. La mole de cemento resiste a
duras penas, agujereado por doquier y con dos enormes boquetes
provocados por las bombas enemigas. Cuando el visitante se detiene
ante él, lo primero que se pregunta es por qué los
bosnios lo mantienen de esa manera dado que la guerra finalizó
hace ya ocho años. Quizá el objetivo sea no olvidar
jamás lo ocurrido. Aunque por lo visto hasta ahora, la
ley que afirma que la historia se repite cíclicamente no
tiene mejor escenario donde aplicarse que en Bosnia y los Balcanes.
En
la actualidad, la capital bosnia intenta resurgir de las cenizas
y muestra al viajero su rica historia y la mezcla de culturas
que la definen. Por un lado, Sarajevo reúne
elementos típicos de una ciudad oriental, recuerdos de
su época turca. En los barrios árabes,
cientos de minaretes de las mezquitas dominan el paisaje. Las
callejuelas angostas transportan al caminante entre antiguas casas
llevándolos, en muchas ocasiones, a pequeñas plazas
donde la vida vuelve a fluir. Además, para completar el
cuadro tradicional, los bazares cumplen su función y se
establecen para vender al turista todo tipo de objetos. En estos
mercados se pueden encontrar productos de madera, latón,
bronce o incluso objetos relacionados con la guerra, como vainas
de proyectiles labradas a mano o bolígrafos construidos
a partir de balas de fusil. Y como colofón, la comida turca.
Decenas de establecimientos preparan "kebabs" u otros
platos turcos a buen precio para que el turista deguste una cocina
que juega con los sabores y las especias.
El
resto de la ciudad se deja llevar por su occidentalidad. Las sendas
peatonales se encuentran repletas a cualquier hora del día
de ciudadanos o viajeros que visitan el nada desdeñable
patrimonio histórico. En las calles, el tráfico
rodado y los tranvías recorren la superficie que ocupa
la tendida Sarajevo, que si bien no llega al
medio millón de habitantes, iguala en extensión
a las grandes ciudades. Pero sus gentes componen, sin duda, el
valor principal de la ciudad. El habitante de Sarajevo es afable y dispuesto
a ayudar. Pese a los años pasados y su actual situación,
con un sueldo medio de unos 300 euros, el carácter de los
bosnios no ha cambiado y sus ganas de conversar con el extranjero
les hace especialmente agradables. No dudan en relatar como pasaron
los tres años de asedio serbio pero tampoco se esconden
a la hora se asegurar que su ciudad, más pronto que tarde,
alcanzará el encanto y la notoriedad que consiguió
con la celebración de los Juegos Olímpicos de Invierno
de 1984.
Entre
Sarajevo y la croata Dubrovnik
se asienta Mostar. A pesar de su interés
turístico, en España se conoce tristemente a la
principal localidad de Herzegovina por ser una de las sedes de
los cascos azules españoles tras el conflicto. Antes de
la guerra, Mostar se enorgullecía de Kujundziluk,
su barrio árabe, pero tras un ataque continuado croata
de diez meses, esa parte de la ciudad quedo literalmente destruida.
Decenas de mezquitas y de viviendas se redujeron a escombros bajo
la artillería y el símbolo principal, el puente
turco sobre el río Neretva del
sigo XVI, no corrió mejor suerte. Hoy en día las
fuerzas internacionales, sobre todo españolas, intentan
rescatar de las aguas las piedras que una vez unieron ambas orillas.
Mientras tanto, en lo que dure la reconstrucción, un desnudo
viaducto intentará ocultar los desastres provocados por
la beligerancia humana.
También Jajce se encuentra situada estratégicamente,
esta vez entre Sarajevo y Zagreb,
la capital croata. Como el resto de la nación, la ciudad
cuenta con un antes y un después con la omnipresente lucha
armada como punto de inflexión. Hasta el siglo XV Jajce
acogió a los reyes cristianos de Bosnia pero más
tarde, los turcos se hicieron con el enclave y desarrollaron su
cultura en la zona durante cientos de años. El resultado
vuelve a ser una mezcla de culturas que revierte en la importancia
artística y patrimonial del lugar. Antes de llegar ya se
advierte una muralla medieval que acoge un buen número
de mezquitas e iglesias cristianas en aparente armonía,
una convivencia que se vio interrumpida en 1992 por el ejército
serbio con uno de los episodios más duros de la contienda.
A Jajce se la recordará en los libros
de historia por dos hechos. En primer lugar, en ella Tito se proclamó
en 1943 líder de Yugoslavia, con la redacción de
un texto constitucional que alejaba al rey Pedro II del poder.
Por otro lado, en 1992 se produjo en sus calles uno de los éxodos
más brutales de la guerra. En total, unos 35.000 musulmanes
tuvieron que abandonar sus casas cargadas de historia y dejaron
atrás las murallas sin rumbo fijo ni esperanza posible.