Europa

República de Eslovenia
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Una maravilla en cada rincón ::

Eslovenia es la "niña bonita" de los Balcanes y también la nación que menos ha sufrido en los últimos acontecimientos ocurridos en la zona.

SUPERFICIE
20.253 km²

POBLACIÓN
1.932.917 habitantes

DENSIDAD
95 hab/km²

CAPITAL
Liubliana

LENGUA
Esloveno (oficial), bosnio, croata, serbio, húngaro.

RELIGIÓN
Católicos 83% Musulmanes 1%

Corría el año 1989 cuando Milosevic, recién llegado al poder, instó a las minorías serbias establecidas en las repúblicas yugoslavas a sublevarse con el objetivo de formar la "gran serbia". Tras unos meses en los que el ambiente no hacía más que enrarecerse, Croacia y Eslovenia se independizan de Yugoslavia para alejarse así de los propósitos del presidente Milosevic.

Después de sendas declaraciones, los combates se inician entre lo que quedó de Yugoslavia, es decir, Serbia y Montenegro, y sus vecinos. Pero mientras la guerra de los Balcanes siembra la destrucción y el miedo en la zona hasta 1999, si se incluye lo sucedido en Kosovo, el conflicto sólo pisa tierras eslovenas durante los primeros meses, en concreto en junio y julio de 1991. En esas fechas, Eslovenia alcanza un acuerdo con las fuerzas de Milosevic que, a cambio de una suspensión por noventa días de su independencia, consigue que el ejército serbio se retire de suelo esloveno para concentrarse en los combates contra el ejército croata y, más adelante, contra Bosnia-Herzegovina y Macedonia.

El nivel de vida de los eslovenos se encuentra hoy en día por encima de la media del que disfrutan sus vecinos balcánicos. Aunque el poder adquisitivo ha disminuido con respecto a la que poseían en los setenta y de los ochenta, su PIB per cápita se sitúa en unos 10.000 dólares, mientras que el mismo indicador ronda los 15.000 en España y apenas alcanza los 1.300 en la actual Yugoslavia. Si se tiene en cuenta todo lo ocurrido durante la última década, la diferencia no parece excesiva entre España y Eslovenia. Sin embargo, cuando se fija la atención en las naciones limítrofes se puede valorar el dato como muy positivo, aunque no sorprendente. Eslovenia ya ostentaba el primer puesto en cuanto a los países más prósperos de la zona antes del conflicto, aunque es justo reconocer que todo el entorno de los Balcanes gozaba de un momento bastante floreciente. Además, mientras sus vecinos se veían involucrados en una guerra de una brutalidad insospechada, la economía eslovena se fortalecía en la medida que el entorno bélico se lo permitía.

La economía de Eslovenia continúa su mejoría en la actualidad gracias a la industria, a la agricultura y el turismo, un sector que vuelve a tener la importancia con la que contaba antes de la década de los 90. El paso y las estancias de viajeros en el país no hace más que incrementarse en los últimos tiempos, y es un hecho que los dirigentes esperaban y que aprovechan con eficacia. No resulta extraño que los europeos dediquen sus vacaciones a Eslovenia. Su extensión ronda los 20.000 Km², una superficie casi idéntica a la provincia de Cáceres. Este pequeño tamaño supone que la nación entera pueda ser visitada en unos días, sin miedo a perderse nada importante. Lo que equivale a decir sin dejar de ver nada, pues cada rincón merece una mirada, una admiración. Desde la capital, Ljubjana, hasta la costa Adriática, sin olvidar el interior con los Alpes Julianos, Eslovenia pertenece al reducido grupo de países en los que conocer cada palmo de su territorio se convierte en un verdadero placer.

Precisamente protegida por los Alpes Julianos se encuentra Bled, la joya más preciada de Eslovenia y uno de los lugares más bellos de Europa. Bled es una pequeña localidad situada a unos 50 Km. de Ljubljana que cuenta con todo tipo de atractivos para el visitante. La población se asienta a la orilla de un lago homónimo de mediano tamaño y oscuras aguas. Varias barcas permanecen amarradas en el embarcadero para todo aquel que quiera cruzarlo por un módico precio o llegar a la isla que se encuentra en el centro del lago. Durante los trayectos, el dueño de la embarcación explica a sus pasajeros varias historias de la zona y responde con simpatía a todas las preguntas que se le hagan.

Una vez en la pequeña isla, que de nuevo comparte nombre con la ciudad, el viajero asciende unos metros por una estrecha senda que muere en la cima, junto a una diminuta iglesia blanca del siglo XV. El extraño lugar donde se levanta la capilla le otorga un encanto especial que se ve completado por una sencilla leyenda. Los lugareños aseguran que todo el que haga sonar tres veces la campana verá cumplido su deseo más perseguido. Por ello, lo primero que se hace tras cruzar la puerta de madera es acercarse al centro de la construcción, asir firmemente la soga que cuelga del techo e intentar que la pesada campana emita su gemido en tres ocasiones.

De vuelta a tierra firme, la atención del turista se ve atraída por un monumento medieval que se asoma desde lo alto de un acantilado. Se trata del Castillo de Bled, sede de los Obispos de Tirol del Sur durante ocho siglos y, más tarde, residencia de verano de la familia real yugoslava. El castillo, muy bien conservado, cuenta con unas vistas impresionantes del lago, la ciudad y los alrededores y alberga un interesante museo en su interior. En las salas se exhiben desde espadas, armaduras y muebles antiguos hasta un esqueleto de una eslava de cientos de años de antigüedad dentro de una urna de cristal. A la salida, además de adquirir el típico recuerdo, el visitante se puede tomar un café en el filo del precipicio. Solo un metro de muro de piedra separa las mesas de una imponente caída libre que finaliza en el mismo lago.

Consciente de que no va a encontrar nada que supere en belleza a Bled y sus paisajes alpinos, lo mejor que puede hacer el viajero es volver a Ljubljana y disfrutar de la capital eslovena. Los datos hablan por si solos. La ciudad cuenta con 330.000 habitantes, casi 40.000 universitarios, las infraestructuras necesarias para una capital y una historia en la que ha formado parte del Imperio Romano, del Astro-Húngaro e incluso de la república de Venecia. El resultado de todo ello es una Ljubljana joven, dinámica y moderna pero con un aire clásico y una mezcla de legados que difícilmente se podrá encontrar en alguna otra localidad europea.

La mejor manera de empaparse de todo lo que la ciudad ofrece es realizar dos itinerarios. El primero, a lo largo del río que atraviesa Ljubljana. En sus riberas, decenas de mansiones e iglesias de la época de los Habsburgo se levantan majestuosas en una fiesta de colores pálidos, que dio pie al sobrenombre de "Ljubljana Blanca". El segundo llevará al visitante a caminar por el centro histórico. Es la zona de los grandes edificios clásicos, de la universidad y de los cafés. Los espacios se amplían, los parques y plazas aparecen a menudo ante los ojos del viajero y la ciudad adquiere aire oficial con los ministerios y algunas embajadas.

Por último, un consejo al visitante para concluir de una forma inmejorable el viaje. Ascienda al castillo y obtenga una vista general de la capital eslovena. No se deje asustar por las fuertes pendientes del camino, el resultado valdrá la pena
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...por Víctor Regidor

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