Las
áridas tierras de Almería, en contraste con sus
paradisíacas playas, crean en el viajero un estado de continuo
letargo.
En un radio de tan sólo 8.775 kilómetros
cuadrados se pueden encontrar los paisajes más dispares,
lo que convierte a Almería en un destino imprescindible
dentro del itinerario de cualquier amante del turismo.
No todo en Almería son playas,
su Parque Natural de Cabo de Gata y los pueblos de la periferia
configuran...
La provincia almeriense forma
parte de la inmensa Andalucía, de la que adquiere todo
su arte y encanto. Su clima mediterráneo –caluroso,
seco y casi desértico- provee a Almería de temperaturas
ideales para disfrutar de sus majestuosas playas, como bañista
o practicando submarinismo. Entre estas maravillosas playas íntimas,
cristalinas y arenosas destacan la cala de la Polacra, la playa
de Las Negras, la playa de San José y el Playazo de Rodalquilar.
Pero no todo en Almería
son playas, su Parque Natural de Cabo de Gata y los pueblos de
la periferia configuran un territorio de lo más singular.
El Parque Natural de Cabo de Gata se extiende a lo largo del suroeste
del litoral mediterráneo. Reconocido en 1997 por la UNESCO
como Reserva de la Biosfera, este Parque cuenta con más
de un millar de especies vegetales, con 54 especies de vertebrados
terrestres y con 80 especies de aves.
Los animales pertenecientes al
Cabo de Gata habitan todo tipo de paisajes, desde acantilados
o salvajes calas, hasta estanques, creando así uno de los
ecosistemas más importantes de la provincia andaluza y
también de España. Asimismo, sus áridas zonas,
casi desérticas, han servido a muchos directores de cine,
directores de fotografía y productores como escenario para
sus filmes de género western.
Almería, además,
está dotada de hermosos pueblos dignos de ser recorridos.
Buen ejemplo de ello son villas como Roquetas de Mar, Mojácar,
Níjar. Uno de estos parajes, Níjar, destaca por
la producción de jarapas y colchones. La creación
de las jarapas es toda una labor de artesanía que consiste
en coser tiras y liar madejas con esas tiras. El material resultante
es la urdimbre de algodón con la cual se obtiene tan curiosas
mantas. Otra importante población es Mojácar cuya
característica principal es la arquitectura de sus casas
todas ellas de color blanco. Roquetas de Mar por su parte destaca
por su increíble clima, siendo uno de los lugares en donde
menos llueve de toda Europa. El sol provee de buen tiempo a este
municipio durante 320 días al año.
Abandonando un poco la periferia
de la provincia y entrando de lleno en la capital, Almería
ciudad muestra al viajero un sinfín de monumentos para
visitar amparados por una importante trascendencia histórica.
Las primeras huellas del hombre
en tierras almerienses datan del año 9000 antes de nuestra
era. Durante el Paleolítico el ser humano que poblaba Almería
se caracterizaba por ser nómada, cazador y recolector.
Asimismo, durante el Neolítico se volvió sedentario
y creó técnicas agropecuarias para alimentarse.
La fuerte cultura almeriense en la Antigüedad se plasma en
la presencia de pueblos como el fenicio, el griego o el romano.
Roquetas de Mar
por su parte destaca por su increíble clima, siendo
uno de los lugares en donde menos llueve de toda Europa.
Avanzando un poco más en
la historia de Almería y ya entrado el siglo X esta ciudad
fue poblada por musulmanes. La existencia de este pueblo dotó
a la villa de monumentos como la Alcazaba, la cual serviría
como protección ante posibles amenazas de otras culturas
como la fatimí –descendientes de Fátima hija
de Mahoma-. La construcción se situó a tan sólo
350 metros del mar convirtiéndose en toda una fortaleza
para la ciudad convirtiéndose más tarde en un palacio
y en una corte real.
Además, a los musulmanes
también se les deben avances significativos en Almería
como los sistemas hidráulicos y el cultivo del olivo y
de la vid. La preponderancia morisca en la ciudad termina en 1489
con la conquista de los Reyes Católicos de Almería.
Dicha conquista supuso, entre otras cosas, el paso de las mezquitas
a iglesias. De éstas la más reseñable es
la Catedral de Almería, construida en 1492. Su interior
es de estilo gótico tardío y su exterior es una
mezcla entre fortaleza y edificio religioso. Durante el siglo
XIX Almería experimenta un importante progreso gracias
a su completa desvinculación en 1834 del reino al que siempre
había estado sometida el de Granada.
En la actualidad esta desértica
provincia destaca por el importante flujo de inmigración
que recibe para trabajar en sus tierras, las cuales ofrecen al
agricultor principalmente el cultivo del cereal. Pasear por las
siembras almerienses es hacerlo en torno a un inmenso mar blanco,
color que procede del plástico de los invernaderos que
pueblan la provincia. Además en julio de este año
la capital de la comarca se enfrenta a un reto hecho a medida
para los recursos de la ciudad, este es los Juegos del Mediterráneo
Almería 2005, evento que otorgará a la metrópoli
del prestigio que se merece.
La gastronomía típica
de la urbe es otro de los motivos que empujaran irremediablemente
al turista hacia Almería. Son platos tradicionales como
el pimentón, el marisco, los callos, las gachas o las migas
los que cautivan los paladares de los más dignos comensales
de las cocinas de restaurantes u hogares almerienses. Y no hay
nada mejor para reposar tales manjares que deambular por el paseo
marítimo o sentarse bajo los árboles del increíble
parque Nicolás Salmerón. Pero si lo que el turista
busca es el jolgorio al más puro estilo andaluz debe visitar
Almería durante la romería de la ermita Torregarcía
–primer domingo de enero- y durante Semana Santa.
Si majestuosa playas, clima de
ensueño, paisajes paradisíacos y buena comida no
son buenas razones para aclarar la indecisión del viajero,
Almería aún así no vuelve su espalada a las
visitas ya que recibe a cualquier persona con los brazos abiertos.
Todavía no te has decidido a recorrerla...pues a que esperas,
adéntrate en su encanto y belleza.