Lugo
:: Donde
las meigas velan por la naturaleza
::
Lugo,
zona verde española donde las haya, cautiva al visitante
por su entorno y su espectacularidad. El dicho
"las meigas haberlas hailas", típico de esta
tierra, simplifica en pocas palabras toda la magia que alberga
este recóndito paraje. Tanto su ciudad como las zonas limítrofes
de la misma despiertan el embrujo propio de la más bella
naturaleza.
La
capital lucense cuenta con más de dos milenios de
antigüedad, y en ella el mejor legado romano casi de
toda la Península.
Si el viajero se adentra en la
capital lucense puede disfrutar de los más especiales monumentos,
tales como la muralla, la catedral o las termas. Atendiendo a
sus aspectos formales, Lugo, alberga a más de 370000 habitantes
en sus 9800 kilómetros cuadrados de extensión. Uno
de los estuarios más importantes de la hermosa Iberia recorre
sus tierras, el Miño, que atraviesa la meseta lucense de
Norte a Sur. Una vez que el visitante atraviesa fronteras gallegas,
y de Lugo en especial, no podrá sacar de su cabeza una
melodía tocada con gaita que lo acompañará
durante toda su travesía como si de la banda sonora de
una película celta se tratase. Cuando recorra la muralla
de la metrópoli esa prodigiosa musiquilla allí estará,
cuando visite la impetuosa catedral ahí estará...
La historia de la capital lucense
cuenta con más de dos milenios de antigüedad, y en
ella el mejor legado romano casi de toda la Península,
la muralla, es de obligada visita. Construida en la época
del emperador Augusto esta fortificación de más
de dos kilómetros de perímetro otorgaba a la villa
un enorme hermetismo y protección. La altura de los muros
del monumento alcanza los 12 metros y en la actualidad se conservan
más de 80 torres muchas de ellas completas. La muralla
gallega fue declarada Patrimonio de la Humanidad en noviembre
de 2000, y es que ésta es la única construida en
la época romana que conserva su exterior completo. Las
normas viales de la ciudad reclaman a los viajeros motorizados
que recorran la muralla en sentido contrario a las agujas del
reloj, ya que ésta es la única dirección
válida para los automóviles.
Ahondando un poco más
en la riqueza monumental de Lugo es imprescindible mencionar la
catedral lucense para que el lector se trace un buen itinerario
de la capital. Esta emblemática construcción yace
en la Plaza de Santa María y se inició en el año
1129 bajo la dirección de Raimundo de Monforte. Hasta la
finalización de su obra en 1880 la catedral ha sufrido
innumerables reformas y ampliaciones hasta dar lugar a lo que
hoy día es. Por esta razón son muchos los estilos
que imperan en el edificio, desde una planta románica,
a una girola gótica o a una sacristía barroca. Un
detalle importante de esta catedral es la imagen a tamaño
real de Nuestra Señora de los Ojos Grandes, patrona
de la villa.
Después de un duro día
recorriendo la ciudad no hay nada mejor que la gastronomía de la urbe para saciar el apetito y disfrutar de los mejores platos
de la que antaño fue la zona lusitana de la Península.
Manjares típicos como el pulpo a la gallega, el grelo,
el lacón, o el marisco en general crean de Lugo el templo
del buen alimento. Pero no todo en Lugo es comer, también
se puede disfrutar de sus bebidas y no hay nada mejor para digerir
todos esos suculentos platos que el orujo típico de la
tierra. Asimismo, este licor es el ingrediente fundamental de
las queimadas originales de Galicia, todo un rito lleno de magia
y embrujo que cautiva al más escéptico.
Las playas de Lugo
tienen la suerte de estar poco castigadas por la presencia
turística, lo que las dota de belleza y salvajismo.
Desde los orígenes de la
queimada, allá en la época de las meigas, este brebaje
se ha elaborado con mimo y cuidado ya que su objetivo principal
ha sido siempre y es aun hoy día el de ahuyentar a los
malos espíritus y atraer a los buenos. Sus vitales ingredientes
son la Tierra, representada por el cuenco de barro donde se deposita
el orujo o aguardiente, que simboliza el segundo de los componentes
el Agua, y por último el Fuego fruto del inflamable licor.
Condimentos como el azúcar, el limón, el café
o la manzana consiguen endulzar tal poción. El tiempo en
que se consume las llamas de la vasija de barro es el correspondiente
a la lectura del famoso conxuro gallego que empieza con estas
letras "Mouchos, coruxas, sapos e bruxas. / Demos, trasnos
e dianhos, espritos das nevoadas veigas. / Corvos, pintigas e
meigas, feitizos das mencinheiras (...)". Una vez leído
el conjuro al completo la queimada está lista para degustar
y poder purificar así el alma.
Pero si otra parte de la geografía
lucense está dotada de espiritualidad ésa es su litoral.
Las playas de Lugo tienen la suerte de estar poco castigadas por
la presencia turística, lo que las dota de belleza y en
muchos casos del salvajismo propio de una playa virgen. Causa
de ello es principalmente el tiempo del cantábrico, las
temperaturas poco elevadas y la escasa presencia del sol hacen
de la costa gallega un destino poco deseado por los amantes del
astro rey, lo que por otro lado beneficia enormemente
a la zona marítima por no sufrir el castigo, involuntario,
de la mano del hombre. Ejemplo de ello son las playas de as Catedrais,
de Peizás y de Benquerencia –en Ribadeo, Foz y Barreiras
respectivamente-.
La tranquila población
que habita Lugo se dedica esencialmente a la producción
agrícola, a la ganadería, a la minería y
sobre todo a la pesca. Además de a estos recursos es importante
en la capital la artesanía, prueba de ello son los productos
de Sargadelos autóctonas de la tierra gallega. En la actualidad
existen galerías en Cervo, Santiago de Compostela, O Castro
de Samodeo, Ferrol, Ourense, Vigo, Lugo Pontevedra, Madrid, Barcelona,
Sevilla y Milán. El éxito de esta empresa radica
en el trabajo delicado y con esmero que realizan con el caolín
-arcilla blanca para elaborar porcelana- que les sirve para crear
piezas únicas que van desde vajillas, hasta pendientes.
Si todo lo expuesto no son razones
suficientes para acudir a Lugo una motivación más,
el aire, el ambiente y la paz que se respira en la urbe harán
al visitante desconectar de la realidad y adentrarse en un mundo
paralelo garante de ofrecer al individuo la tranquilidad y descanso
tan ansiado. En Lugo, y por ende en Galicia, se disfruta de un
tipo de turismo distinto a cualquier otra zona española
ideal para los amantes de la naturaleza, de los monumentos y sobre
todo de la calma.