Protegido
de los vientos norteños, al pie del monte Urgull, existió
desde muy antigua edad, un núcleo pequeño de pescadores.
Éste es el origen de la actual ciudad de Donostia-San Sebastián.
En
cuanto a localización geográfica, Guipúzcoa,
es una de las provincias del País Vasco. Posee una moderna
red de carreteras y autopistas, tres aeropuertos próximos
y un sistema ferroviario avanzado. Su capital, San Sebastián,
se caracteriza por la alta calidad de vida que tienen sus habitantes.
El clima también es un factor positivo. Y es que los inviernos
son suaves y los veranos frescos. La belleza de la ciudad viene
dada, en gran parte, por el típico barrio viejo y la magnífica
bahía de La Concha.
Entramos
a la zona más romántica de la ciudad por medio
de la Alameda del Boulevard.
Debido
a varios incendios, 12 en total contando el último en 1813,
San Sebastián es una de las localidades más modernas
de España. Actualmente tiene unos 180.000 habitantes, lo
cual supone un 26% del total provincial. Aún con el crecimiento
y expansión de los últimos años, posee las
cualidades y comodidades de las pequeñas ciudades. Por
otra parte, tiene también todas las ofertas y ventajas
de las grandes ciudades.
Otra característica de Donostia es la expansión
urbana. Ésta tiene sus inicios en los años 60, con
la construcción de un gran número de viviendas,
a causa de un relevante fenómeno de inmigración
que atraía la industria naciente, así como el crecimiento
del índice de natalidad. La expansión se consolida
con el Ensanche de Amara. Así, tanto Donostia como la periferia
de ésta, se convierten en receptores de fuertes corrientes
migratorias, de las que más del 40% provienen de fuera
del País Vasco. Los barrios que reciben un mayor número
de inmigrantes son: Altza, Amara, Egia y Gros, que constan de
un mayor volumen demográfico. Por otra parte, en 1996,
se aprueba el Plan General de Ordenación Urbana, con el
fin de diseñar una ciudad moderna, que esté a la
altura del siglo XXI. Las nuevas obras son, esencialmente: el
Centro Kursaal, la Playa de la Zurriola, la rehabilitación
de la parte antigua, el impulso a la vivienda en Amara-Osinaga,
Intxaurrondo, Riberas de Loyola, Venta Berri y Aiete. Además
se crean parques tecnológicos y empresariales. Por último,
también se realizan zonas deportivas amplias.
Visitando
la ciudad, nos vamos a encontrar con diferentes atractivos. Así,
en la parte antigua, están las iglesias de San Vicente
y de Santa María del Coro. La primera de estilo gótico y la segunda de estilo renacentista-barroco. Destaca también
el Museo San Telmo, un antiguo convento de dominicos, convertido
hoy en recinto cultural. Sus muestras de etnografía, arqueología
y pintura no dejan indiferente al visitante. A través de
bonitas calles, accedemos a la plaza porticada de la Constitución.
Entre sus balcones, se alza el viejo ayuntamiento de estilo neoclásico,
convertido en Biblioteca Municipal.
Entramos
a la zona más romántica de la ciudad por medio de
la Alameda del Boulevard. El romanticismo se originó después
del derribo de las antiguas murallas. Así, a orillas del
Urumea, podemos observar el Teatro Victoria Eugenia, así
como el Hotel María Cristina, ambos edificados con estilo
neoplateresco. También resulta de gran interés la
plaza Guipúzcoa, de bellos jardines, con el edificio de
la Diputación Floral, el Centro Cultural Koldo Mitxelena
y Correos y Telégrafos. La Catedral de San Sebastián,
El Buen Pastor, es otra de las joyas de la ciudad. Ésta
fue creada con estilo neogótico. Por otro lado, en la ribera,
hallamos diferentes casas señoriales de principios del
siglo XX, la visita de las cuales nos conduce enseguida hacia
el puente de María Cristina, que es el más monumental
de los que cruzan el río. Luego, el camino hasta la estación
de ferrocarril es iluminado por cuatro farolas pertenecientes
al escultor Mariano Benlliure. La estación fue diseñada
por Eiffel. Entonces, nos encontramos con los barrios modernos
de Gros y Eguía. En la playa de Gros hallamos la estructura
moderna del Kursaal, diseñado por el arquitecto Rafael
Moneo. Con respecto a las esculturas de San Sebastián,
está la popular Paloma de la Paz de Ibarrola y el Peine
de los Vientos de Chillida. Con respecto a los lugares de esparcimiento,
la oferta tampoco es poca. De este modo, podemos ir al parque
de atracciones de Igeldo, al Castillo de la Mota en Urgull, al
Aquarium (uno de los más avanzados de Europa) y a las Termas
de la Perla. En el centro de la ciudad nos encontramos con el
eje peatonal y sus distintas tiendas.
No
podemos irnos de la ciudad, sin antes probar una de las
riquísimas recetas típicas que ésta
ofrece.
Uno
de los adjetivos que mejor define a Donostia es: cosmopolita.
Con una acentuada personalidad vasca, que se refleja en los certámenes
culturales propios de la localidad. De esta forma, destaca la
tamborrada o la Semana Grande, con las regatas de traineras, que
plasman una gran tradición. Los famosos festivales constituyen
otro de los encantos de San Sebastián. Así, El Festival
Internacional de Cine nos cita en la segunda quincena del mes
de septiembre. La ciudad, entonces, se viste de lujo con el fin
de festejar uno de los más prestigiosos festivales de cine
del mundo. Cada año, pues, los ciudadanos acogen las más
grandes estrellas del séptimo arte. Por otro lado, los
amantes de la música no deben olvidar su cita con el fantástico
Festival de Jazz, que viene celebrándose desde hace más
de 35 años. Donostia alberga, pues, un fabuloso fenómeno
cultural, Jazzaldía.
No podemos irnos de la ciudad, sin antes probar una de las riquísimas
recetas típicas que ésta ofrece. Por un lado, están
los productos de la huerta. El más típico es la
alubia roja de Gernika o Tolosa, que se cocina a fuego muy lento
y se presenta acompañada de morcilla, chorizo, costilla
o tocino, así como de un plato de berza que la hace más
fácil de digerir. Las judías verdes o "vainas"
también merecen ser señaladas, al igual que la sopa
de puerros con patatas y la "porrusalda". La gastronomía de la huerta alcanza su punto más álgido con las
conocidas menestras, las cuales combinan todo tipo de hortalizas.
Para quien no sea amante de verduras, hay que decir que éstas
sólo son una parte de la cocina vasca y que la carne más
apreciada es la chuleta, sobre todo de buey, asada en la parrilla.
Algunos de los platos más tradicionales son: la merluza
en salsa verde, la koskera, el besugo asado, las kokotxas, las
angulas al pil-pil, los txipirones en su tinta y el txangurro,
entre otros. Todos ellos, hacen las delicias de cualquiera, hasta
las de los más exigentes.