Escoger
un lugar de destino para conocer es casi siempre una decisión
complicada. Cuántas veces se habrá preguntado…
¿Qué ciudad de la geografía española
merece la pena visitar?...
Una
respuesta sugerente puede ser viajar hasta una urbe que deslumbra,
a primera vista, con su especialísima luz a todo aquel
que quiera adentrarse en sus calles, rincones y plazas. Cuya grandeza
invita, más que a verla a sentirla, dejándose embaucar
por su espíritu inexplicable, contradictorio y mágico,
una ciudad que tenga un duende especial como, SEVILLA.
Para
encontrar esa luz peculiarmente intensa que posee la capital hispalense,
debemos encaminar nuestros pasos hasta llegar a su madre, Andalucía.
La Comunidad Autónoma más poblada de España con 7.357.558 habitantes, de los que casi 700.000 habitantes han
elegido como su hogar a Sevilla. Situada al suroeste de la Península
Ibérica, es una provincia emplazada en plena Vega y Campiña
del Río Guadalquivir, y a orillas de éste conforma,
una aglomeración urbana que se extiende hacia el Aljarafe,
las Marismas y Doñana, la Sierra Norte y la Sierra Sur.
Además, Sevilla cuenta con moderna infraestructura que
permite el acceso a la ciudad por carretera, en tren o en avión.
La capital de Andalucía, cuenta con una climatología
muy agradable y heredera de las temperaturas mediterráneas,
poseedora de un clima húmedo pero muy cálido y con
un olor especial. El aroma a azahar impregna cada rinconcito que
descubrirá el visitante a su paso a lo largo de las calles
sevillanas.
Como punto de partida, se alza ante los ojos del visitante, la
Catedral de Sevilla. Está situada en lo que fue el emplazamiento
de la Gran Mezquita, construida en el siglo XII, de la que aún
se conserva el alminar, denominado actualmente Giralda por la
veleta que lo remata. La conversión de la Mezquita en Catedral
tuvo lugar cuando el rey Fernando III de Castilla conquistó
Sevilla, en el siglo XIII, sin que apenas se modificara su estructura
arquitectónica. Se dice que, cuando en el siglo XV se decidió
levantar un nuevo templo, uno de los canónigos sentenció:
"Hagamos una iglesia tan grande que los que la vieran
acabada nos tengan por locos". Y, sin duda, no es una
exageración pues la Catedral Hispalense es el mayor templo
gótico del mundo y el tercero de la Cristiandad, después
de San Pedro del Vaticano y San Pedro de Londres. La capital hispalense
a través de su Catedral, le rinde homenaje también
a la figura de Cristóbal Colón. Los restos del navegante
genovés descansan en su interior, traídos de la
Catedral de La Habana al independizarse de Cuba, como bien puede
leerse en los laterales del sepulcro.
La
Giralda. Antigua Alminar de la mezquita musulmana fue en su día
la torre más grande del mundo. Hoy, después de tres
añadiduras realizadas tras la Reconquista, la altura total
de la torre, ubicada en el ángulo nordeste del Patio de
los Naranjos de la Catedral, supera los 97 metros. Y en lo alto
de la torre se alza una gigantesca estatua de la Fe, en forma
de mujer con vestidura clásica romana, que lleva en una
mano un escudo y en la otra, una palma. Al ser una veleta giratoria
se denominó giralda tanto a la torre como a la estatua.
Actualmente, se conoce como Giralda a la torre y Giraldillo a
la veleta.
El
Alcázar, formado por un conjunto de palacios constituye
la muestra más importante de la arquitectura civil sevillana.
Abd Al Ramán III ordenó en el 913 erigir este palacio
fortaleza. En su interior se pueden encontrar sectores palaciegos,
jardines y dependencias de servicio que se distribuyen en un solar
amurallado en el borde meridional del Casco Antiguo de Sevilla.
Una
de las últimas aportaciones del arte almohade en Sevilla,
la Torre del Oro. El nombre de la torre se cree que deriva del
color de los azulejos que la recubrían y que al brillar
al sol adquirían tonalidades doradas. También existe
otra versión que lo relaciona con el color de los cabellos
de una bella dama, a quien el rey don Pedro encerró en
la torre aprovechando que su marido se encontraba en la guerra.
Leyendas que despertarán en el turista un especial interés
por saber más de esta mágica y misteriosa ciudad.
La
Catedral Hispalense es el mayor templo gótico del
mundo y el tercero de la Cristiandad, después de
San Pedro del Vaticano y San Pedro de Londres.
Cambiando
de recorrido, nos introducimos en el Parque de María Luisa.
Cuenta la historia, que en 1893 la Infanta María Luisa
dona la mitad de los jardines del Palacio de San Telmo a la ciudad
de Sevilla. En 1929 el arquitecto francés Forestier realiza
en ellos una serie de obras de embellecimiento con motivo de la
Exposición Iberoamericana que se celebra ese año
y que le dan el aspecto actual. El Parque de María Luisa,
alberga en su interior hermosas plazas, como la de América,
también llamada de las Palomas, por la abundancia de las
mismas. Y también podemos disfrutar de otra obra de arte
como es la Plaza de España cuyo autor fue el arquitecto
sevillano Aníbal González.
Visitar
la capital hispalense no es sólo adentrarse en su fascinante
recorrido histórico por los diferentes estilos arquitectónicos
que han caracterizado cada época, sino que el visitante
podrá disfrutar de la fiestas patronales, ferias, Semana
Santa, romerías, ferias gastronómicas… Un sinfín
de posibilidades durante todo el año.
Sevilla, con esa luz peculiarmente intensa, limpia y brillante,
que ha inspirado a tantos cantaores, pintores y poetas y que invita,
de forma alegre y elegante a adentrarse en sus calles, plazas,
rincones para descubrir en ellos las huellas de los más
pintorescos estilos artísticos abre siempre sus puertas
para que el visitante pueda exclamar: "¡Sevilla tiene
un olor especial!".