Durante
mucho tiempo Teruel ha sido considerada ‘como la gran olvidada’
no sólo de la Comunidad de Aragón sino también
de España.
Únicamente
un grupo de necios son capaces de olvidar el embrujo y la belleza
que desprende cada uno de los cuatro puntos cardinales de la ciudad
turolense.
Además
de sus importantes monumentos la villa de Teruel siempre ha
poseído una aureola de misticismo y romanticismo.
Teruel,
capital de la provincia que lleva su nombre, cubre una superficie
de 440,4 kilómetros cuadrados y es el rincón español
mudéjar por excelencia. Asimismo, dos importantes accidentes
geográficos yacen en tierras turolenses, el río
Turia y el Sistema Ibérico. Pese a ser una de las ciudades
españolas menos pobladas como consecuencia de los continuos
flujos migratorios los habitantes de Teruel se dedican principalmente
al sector servicios, pero sin descuidar la agricultura, la industria
o el comercio.
Tomando como referencia la historia de Teruel para saber cómo
ha llegado a ser una ciudad tan hermosa, se puede establecer que
la primera fecha importante para este pueblo data de 1169 cuando
Alfonso II de Aragón tras duras luchas contra los árabes
consigue reconquistar la aldea, en posición estratégica,
de Villavieja. Tras un proceso de fortificación y de construcción
de una muralla en torno a la aldea para evitar nuevos ataques
del pueblo musulmán, se comienza a dibujar con fino trazo
el destino de Teruel. Si
el viajero se adentra en el casco antiguo de la ciudad y es amante
de la arquitectura podrá disfrutar de gran parte de los
monumentos de estilo mudéjar de la provincia turolense.
Una de esas majestuosas construcciones es la catedral de Teruel,
cuya torre, techumbre y cimborio junto con la Torre del Salvador,
La Torre de San Martín y la Torre de San Pedro fueron consideradas
por la UNESCO en 1986 Patrimonio de la Humanidad. En el interior
de la catedral se encuentra el Retablo Mayor de gran belleza y
valor artístico.
Además de sus importantes monumentos la villa de Teruel
siempre ha poseído una aureola de misticismo y romanticismo,
huella de ello son dos trágicas historias de amor que tuvieron
como escenario dicha capital. El primero de los relatos amorosos
se forja en torno a la construcción de las torres, durante
el siglo XVI, del Salvador y de San Martín, prácticamente
idénticas.
Una joven muchacha adinerada tiene como pretendientes a dos constructores.
Para poder escoger entre uno u otro como esposo decide encomendarles
una tarea, aquél que sea capaz de construir una torre,
en el menor tiempo posible, que mejor simbolice el amor y la pasión
que siente hacia ella se convertirá en su legítimo
esposo.
Los jóvenes arquitectos comenzaron a elaborar sendas construcciones
rigurosamente protegidas para no dejar ver de ellas ni el más
mínimo detalle. Uno de los muchachos introdujo espías
en la torre del otro para poder ser consciente en todo momento
de los avances de su competidor. Asimismo, el astuto constructor
trabaja durante la noche para poder terminar el primero su plagio.
Este primer monumento fue bautizado con el nombre de San Martín.
Cuando llegó el momento de la evaluación de la muchacha,
manifestó su desilusión al estar la construcción
inclinada hacia un lado, decidiendo esperar a que el otro joven
terminase su trabajo.
Esta segunda obra fue denominada Torre del Salvador. Así
pues finalizadas las construcciones la muchacha eligió
como marido al autor de la segunda torre. El arquitecto rechazado
cegado por el dolor se lanzó al vacío desde lo alto
de su obra, la Torre de San Martín.
La segunda de las trágicas historias es la conocida con
el nombre de Los Amantes de Teruel. Los protagonistas del drama
son Isabel Segura y Diego Martínez de Marcilla y su desdicha
no poder consumar su amor. Uno de los impedimentos entre la pareja
era la diferencia de clase social, ya que él era de familia
pobre. Para poder solventar esta dificultad Diego decide partir
a tierras foráneas en busca de riquezas, para lo cual poseía
un período límite de tiempo.
El mismo día en que Diego regresaba de su periplo en busca
de dinero se extinguía el plazo establecido e Isabel contraía
matrimonio con otro hombre. Diego desolado por la noticia visitó
a su amada tras la boda pidiéndole únicamente un
beso de amor para poder así apartarse por completo de su
vida, Isabel, mujer de principios, pese a estar locamente enamorada
de Diego se negó a besarlo para no violar el sacramento
del matrimonio. El joven Martínez Marcilla no pudo soportar
la negativa y murió allí mismo, a los pies de Isabel.
Al día siguiente tuvo lugar el entierro del muchacho e
Isabel acudió a él, durante la ceremonia quiso dar
a su amado en el lecho de muerte lo que le negó en vida.
Tras besar los fríos labios de Diego, Isabel exhaló
el último aliento de vida. En honor de esta tórrida
historia de amor el arquitecto Juan de Ávalos levantó
un mausoleo.
Teruel,
además, es merecedora de cualquier visita gracias
a su gastronomía y a sus productos típicos.
Pero
no todo en Teruel son monumentos o romanticismo, si el viajero
se aleja un poco de la capital se topará con parajes tan
dispares como la Sierra de Albarracín o la Comarca del
Maestrazgo. La Sierra de Albarracín pese a no ser muy extensa
en altitud-su pico más alto es el Caimodorro de aproximadamente
1935 metros- es inmensamente grande en belleza, ya que de ella
nacen ríos tan importantes para la agricultura española
como el Tajo o el Guadalquivir. Entre la vegetación que
abunda en Sierra se pueden encontrar sabinos, pinos y rebollos.
Asimismo, esta Sierra es poseedora también de un hermoso
barranco donde se pueden ver chopos, sauces y fresnos. Los animales
que pueblan esta zona son de diversa índole, ciervos, gatos
monteses, alondras, ruiseñores, etcétera. Además
estas montañas son testigos de las primeras obras artísticas
del hombre. Existen vestigios de pinturas rupestres levantinas,
un importantísimo legado para la Historia del Arte española.
Estos dibujos que datan del Neolítico han sido consideradas
Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Otra zona importante de la provincia de Teruel -ya citada antes-
es la Comarca del Maestrazgo. Esta región en un principio
surgió como territorio independiente de los reinos de Aragón
y de Valencia no siendo hasta el siglo XVI cuando se anexiona
definitivamente al Reino de Aragón. En ella, al igual que
en Albarracín, se hallan aun hoy día restos de arte
rupestre. Asimismo, Maestrazgo tiene gran importancia en lo que
a literatura se refiere, por haber sido tierra recorrida por Don
Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador. Por su patrimonio
cultural y natural la Comarca del Maestrazgo se convierte en una
zona de obligado recorrido. Teruel, además, es merecedora
de cualquier visita gracias a su gastronomía y a sus productos
típicos como el jamón, el melocotón, el vino
o el cava, y por sus celebraciones. Algunos festejos turolenses
importantes, entre otros, son la Vaquilla de Ángel del
10 de julio, para los apasionados de los encierros callejeros,
y la fiesta del Jamón que tiene lugar durante un fin de
semana de septiembre, a la cual nunca faltan los amantes del jamón
y del buen vino.
Por los motivos expuestos y por muchos más la turolense
metrópoli es un destino único para visitar monumentos,
disfrutar de la buena comida y zambullirse en la leyenda, el romanticismo
y embrujo. A través de su visita Teruel
puede dejar de ser la gran olvidada para pasar a convertirse en
la eternamente recordada.